¿Hacia dónde vamos, señor?

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en ¿Hacia dónde vamos, señor? 43

Para las personas de la tercera edad y en especial para quienes ya nos encontramos en la cuarta, o sea los que ya rebasamos los setenta años y estamos cursando los ochenta, entender los tiempos que se están viviendo no nada más en México, sino en el resto del mundo, resulta tan complicado como para los que apenas tienen treinta o cuarenta años de edad, y que supuestamente se encuentran en pleno uso de sus facultades físicas y mentales, y se encuentran en aparente sintonía con el mundo actual. Según yo, la capacidad de entender el entorno que estamos viviendo en estos momentos tiene poco o nada que ver con la edad, el nivel de IQ o cociente intelectual, e incluso con la agudeza y la empatía de cada quien con el confuso entorno en que estamos viviendo.

Desde determinado punto de vista, podría pensarse que con la edad y la experiencia que dan los años y las situaciones vividas, aumenta la capacidad de comprensión de las nuevas circunstancias, lo cual desde luego no necesariamente es así. Igualmente podría pensarse que la juventud y los nuevos modos como se enfoca la vida actual pueden proveer los elementos necesarios para una mejor comprensión del entorno actual. Esto obviamente tampoco es así. Si cualquiera de ambas alternativas fuera razonablemente correcta, la mitad del país, o algo por el estilo, estaría tranquila y sin angustias ante lo que pudiera pasar en los años por venir. Y, al menos por lo que yo percibo, está lejos de ser así. La incertidumbre y el desconcierto agarran parejo, a viejos y a jóvenes, a pobres y a ricos, a humildes y a poderosos.

El problema, desde mi punto de vista, no reside en el pueblo mexicano, con toda su amplia variedad de criterios y formas de vivir y de pensar, sino en los  que están ejerciendo el poder desde apenas hace diez días. Bueno, digamos que desde hace realmente cinco meses y diez días, para ser más precisos. Tiempo más que suficiente para darnos cuenta de que nos encontramos, como país, en verdaderos problemas. El desorden y la falta de rumbo cierto y preciso es el signo que define al nuevo gobierno, y poco a poco, pero con una tendencia a acelerar el ritmo, se incrementa la incertidumbre y la preocupación de la gente, sea cual sea su lugar de residencia, sea cual sea su ideología y cultura, y haya o no votado por el presidente en turno, que se  muestra más interesado en sus conferencias matutinas que, dicho sea de paso, casi nadie escucha, fuera de un insignificante puñado de incondicionales, que en asumir con mano firme y segura las riendas del país que amenaza con salírsele por completo de control.

No guardo memoria de ningún otro principio de sexenio anterior que se parezca a este, ni remotamente. Ni siquiera el de Felipe Calderón (2006-2012) cuando el actual presidente -derrotado entonces por estrecho margen- hablaba de fraude electoral, de una “presidencia espuria”, y el Paseo de la Reforma lucía inundado de carpas ocupadas por los contingentes de las izquierdas beligerantes de aquel entonces. Ningún otro principio de sexenio se puede comparar con el actual, en ningún sentido. Y conforme transcurren los días, la situación tiende a complicarse por las señales encontradas que provienen de los altos mandos del gobierno que promueve una cuarta transformación que luce cada día menos clara y precisa. Hasta el momento, nadie sabe con exactitud en qué consistirá dicha transformación, cuáles son sus bases de sustentación, cuáles son sus propósitos, cómo se logrará, y cuál será el estado de nuestro país ya transformado, cuando ocurra (si algún día ocurre).

Huelga enumerar la serie de efectos negativos que ha generado la errática conducción del país, por parte de un hombre que durante la mayor parte de su vida claramente se formó para ser oposición, pero que no tiene la menor idea de cómo dirigir y cómo administrar a un país tan complicado, contrastante, confrontado y vulnerable como México. Hasta el momento ninguno de sus principales colaboradores, ni uno solo, muestra la capacidad suficiente para atender debidamente sus responsabilidades, y lucen todos desconcertados, en conflicto parcial o total, y completamente descoordinados.

Ese es el escenario que se presenta a los ojos de la nación, de cara al cierre del primer mes de gobierno de López Obrador. Y por eso la inquietud. Y por eso la alarma. Y por eso la oscuridad.

La fe desbordada y enfermiza que todavía es posible percibir en las masas sojuzgadas e híper sugestionadas por la verborrea plazuelera, que siguen al flautista de Macuspana con total docilidad, no logra hinchar las velas del barco que se mantiene estático en medio de las aguas embravecidas. No es esa fe, ganada con promesas quiméricas y soluciones mágicas, la que habrá de mover el barco hacia el destino que les ha sido pintado con colores hermosos que poco a poco se tornan borrosos y difusos. Cuando la saliva se agote y los labios se resequen, cuando las palabras pierdan su encanto y la realidad vuelva a morder con furia la carne de nuestra raza de bronce ¿qué quedará? ¿Qué sucederá? ¿Cómo se podrá contener entonces la desilusión y la desesperanza de las turbas en completo descontrol?

¿Cómo ignorar la terrible crueldad que esconde el discurso populista, y cómo disimular los efectos que el desencanto habrá de tener sobre los millones de seres humanos, cuando caiga la venda de sus ojos? ¿Cuál será el argumento que se utilizará para tratar de disculpar la farsa, el engaño y el abuso de las falsas promesas? Cuando sucumba la precaria estructura financiera creada durante los años de relativa estabilidad y bonanza, y ceda su paso a la insuficiencia, cuando los recursos no alcancen ni para lo indispensable ¿cuál será el discurso y cuál la zanahoria que se ofrecerá a los jumentos para que sigan caminando?

¿Hacia dónde vamos, señor de los engaños? ¿Hacia dónde nos llevas, señor de las fantasías y las quimeras? ¿Qué tienes pensado hacer, cuando se descubra que todo fue una farsa y que nunca hubo ninguna posibilidad de cumplir tus promesas de entregarnos un paraíso, aquí en la tierra? ¿Podemos hacer algo para impedir que ese vórtice incierto y nebuloso nos devore?

Admito que, por mi edad y mis circunstancias particulares, pudiera yo estar viendo las cosas más negras de lo que son en la realidad, pero no lo creo. Hay numerosas evidencias que surgen de muy diversas partes, como para pensar que me equivoco. En los medios escritos y electrónicos, en las redes sociales y en las conversaciones casuales se repiten los comentarios sin cesar. Por poner solo un par ejemplos: Sergio Negrete Cárdenas, uno de los usuarios de Twitter más activos y certeros, posteó el viernes pasado en su cuenta @econokafka: “Nunca en la historia moderna de México, quizá de los casi 200 años que tiene el país, un gobierno había iniciado desplegando tal arrogancia e ignorancia. La ineptitud tiene siglas: AMLO, y tiene cómplices: aquellos que lo obedecen”. Y otro distinguido escritor del periódico El Financiero, y también asiduo twitero, Macario Schettino escribió así mismo hace unos días en su cuenta @macariomx: Bueno, como se les dijo tantas veces, éste es López Obrador. No el pragmático que imaginaron, sino el político populista anclado en el pasado, y promotor de la polarización. Vienen años difíciles, muy difíciles…”

Como dije, únicamente son dos de los muchos ejemplos que están saturando el ambiente de la comunicación nacional. No puede haber duda, y no puede tratarse de una campaña desestabilizadora, orquestada por cerebros malignos con el fin de torpedear el naciente gobierno del redentor tabasqueño. Son opiniones personales, claro está, pero tienen un fundamento firme, también está claro, y serán descalificadas -como muy probablemente lo han sido- por los defensores a ultranza del nuevo presidente y sus políticas ramplonas y altamente nocivas. Pero ahí quedan como parte de la infinidad de testimonios que día con día surgen desde todos los rincones del país, y desde las mentes de los comunicadores más caridosos e incisivos, que se están convirtiendo en los grandes portadores de las banderas de la oposición mediática.

El naciente gobierno de AMLO tendrá que demostrar más, mucho más de lo que hasta el momento ha mostrado, para poder instalarse en el ánimo general de los mexicanos como un gobierno estable y, sobre todo, confiable. Si por las vísperas se saca el día, podemos augurar que eso no sucederá, principalmente porque el tiempo es y será su peor enemigo, y las lascerantes realidades de nuestro país terminarán por actuar como un gran corrosivo.

Pero bueno, no tardaremos mucho en comprobar cómo son en realidad las cosas, y cómo será el futuro que nos espera.

Más nunca en la historia moderna de México, quizá de los casi 200 años que tiene el país, un gobierno había iniciado desplegando tal arrogancia e ignorancia. La ineptitud tiene siglas: AMLO, y tiene cómplices: aquellos que lo obedecen.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com
En Tweeter soy @ChapoRomo

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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