En el umbral

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en En el umbral 27

Iniciar un nuevo año siempre resulta un momento difícil, y una tarea sumamente compleja. Atrás han quedado las celebraciones religiosas tradicionales, las reuniones familiares llenas de sentimientos de amor y de nostalgia, y las convivencias con los amigos, donde se brindó por el nuevo año que venía y que ha comenzado. El eco de las campanadas que anunciaron el fin de 2018 y el advenimiento de 2019 se han apagado, y ha quedado atrás el cristalino chocar de las copas de vino y licor, entre buenos deseos de paz, prosperidad y salud. Se ha ido un año, y empezamos a asomarnos a uno nuevo, que viene cargado de presagios sombríos, de temores inciertos, de dudas e inquietudes que intimidan incluso a quienes tienen el ánimo mejor templado.

Ciertamente, empezar un nuevo año siempre resulta complicado y hasta cierto punto atemorizante, pero nunca antes ha sido tan difícil como ahora, al menos desde mi muy particular apreciación.

En el umbral del año 2019 nos detenemos temerosos, con el alma en vilo y el ánimo agitado, para escudriñar las tinieblas que existen del otro lado, para escuchar y tratar de identificar los ruidos extraños que se perciben en el espacio de tiempo desconocido que nos aguarda del otro lado. Sabemos que es necesario avanzar, y que no podemos quedarnos estáticos y paralizados de miedo ante lo que nos aguarda, pero aún con ese convencimiento no nos atrevemos a dar el primer paso hacia lo desconocido… ¿Es cobardía, o premonición?

Yo diría que no es lo uno ni lo otro, sino más bien el resultado lógico y natural de la situación de incertidumbre y zozobra en que nos encontramos desde que llegó el nuevo gobierno, y que arrancó al día siguiente de la elección que ha venido a cambiarnos la vida, cuando menos a los que no votamos por el líder mesiánico que atrajo 30 millones de votos derivados del odio y la ignorancia, de la rabia y un deseo insano de venganza. No, no es cobardía ni premonición, sino consecuencia de la sorprendente cantidad de mentiras, de los incomprensibles errores cometidos, y de la sostenida campaña de agresión y confrontación que el nuevo presidente sostiene, en vez de buscar la unidad y la reconciliación entre los mexicanos y que, ante los hechos crudos y descarnados, se antojan utopías.

En el umbral de los tiempos que se anuncian, el ánimo flaquea y la voluntad se reduce, dejándonos tan solo el pálido reflejo de aquel valor de sangre y de raza que nos distinguía, y que hoy parece diluirse con cada golpe, y con cada nueva e insensata ocurrencia.

En el umbral de los tiempos que se anuncian, se acrecienta y profundiza la importancia de lo que uno tiene: la familia -ante todo y sobre todo- y los amigos; la empresa, negocio o fuente de trabajo; el barrio, la ciudad o el pueblo donde uno vive; la vida, la salud, la paz y la tranquilidad, y todas las cosas grandes o pequeñas que hemos ido cortando del árbol de la existencia, a medida que caminamos. En estos momentos de zozobra e inquietud en que sentimos que peligran, es que abrimos los ojos del corazón y del entendimiento, aturdidos y sobrecogidos de miedo ante la posibilidad de perderlo todo, o una parte.

A los que hemos caminado un largo camino, y hemos visto, escuchado y recorrido un gran trecho, no nos consuela el tiempo vivido ni las experiencias acumuladas. No nos reconforta el hecho de haber consumido casi la totalidad del tiempo de vida que nos ha sido destinado, ni la importancia de los logros -grandes o pequeños- que hemos obtenido, porque hemos llegado a entender que esas cosas tienen una importancia relativa dentro del contexto real de la existencia.

Algunos se aferran neciamente, con estúpida avaricia, a lo material, mientras que otros han aprendido a soltar y dejarlo ir, como se ven volar las hojas secas que caen de los árboles y que barre el viento. Pero en este caso preciso, en esta circunstancia especial, no estamos hablando de éxitos y de fracasos ocasionales, de triunfos y derrotas cotidianas, de dolores y sinsabores breves que llegan y se van. En este caso estamos hablando de la forma integral de vivir que han construido mil generaciones antes que la nuestra, y que nos fue heredada como un tesoro para que siguiéramos adelante a partir de ella. Ese es el peligro que nos aterra, no el cambio en el poder de un partido político por otro, ni de un hombre o grupo de hombres que tomen las riendas en lugar de otros. Lo esencial no es lo que podamos ganar con esos cambios, sino lo que podemos perder.

Mi pronóstico, en este primer escrito de 2019 que le ofrezco a usted, es que el gran tema nacional será la prometida “Cuarta Transformación”, que en sus entrañas esconde toda clase de sorpresas y decepciones, mismas que se nos irán revelando poco a poco, conforme se desarrolle la gran tragedia que estamos visualizando yo y muchos otros opositores al régimen en turno. Opositores no tanto por ideología, sino por instinto de conservación. Opositores al desbarajuste, opositores al despilfarro manifiesto de recursos en “soluciones” que no tienen pies ni cabeza, opositores al brillo engañoso de los ofrecimientos populistas que arrastran multitudes y las esclavizan mediante dádivas que son como las aspirinas, que solo brindan un alivio momentáneo.

Este año, que es como una criatura que recién acaba de abrir los ojos a la luz, será para los mexicanos el año de las grandes definiciones, y lo será también para un gobierno que llegó cobijado con el manto de un triunfo contundente y arrollador, que lo obliga a justificar en los hechos lo que se prometió mil veces en los discursos pronunciados en las plazas de pueblos y ciudades. Llegó la hora de demostrar que detrás y debajo del discurso agresivo y las palabras acusadoras hay algo más que saliva y bilis acumulada durante años de fracasos y frustraciones.

2019 no será un año como los anteriores, que llegaron y se fueron dejándonos en la piel la marca de los partidos políticos y de los hombres que nos han gobernado. Este año también nos traerá eso, por supuesto, y además otras muchas cosas que nunca antes hemos conocido… y podemos advertir que no todas serán buenas y agradables. Las primeras acciones del nuevo gobierno nos hablan de funcionarios -desde el presidente hasta el último de los miembros del gabinete- que tienen escasa preparación para enfrentar los retos de gobernar un país como el México actual. Algunos cuentan con méritos académicos que parecen acreditarlos, pero en los hechos están demostrando que les falta mucho para garantizar los resultados que de ellos esperan quienes votaron por un cambio incierto y volátil, sin saber a ciencia cierta qué traería una transformación imaginaria.

El umbral del nuevo año en que nos encontramos en estos momentos, es también el umbral del sexenio. Y del otro lado de este umbral nos esperan toda clase de situaciones y de sorpresas, unas agradables (probablemente) y otras aterradoras (seguramente). Con base en lo que se desprende de las acciones y decisiones iniciales, los opositores y los escépticos suponemos que serán más abundantes las segundas que las primeras. En el umbral de los tiempos de inquietud e incertidumbre que vienen, el pesimismo se apodera de mentes y corazones, a medida que la confianza desaparece y los motivos para el optimismo se vuelven humo.

Reconozco que el panorama que estoy presentando al lector no es nada agradable, en momentos en que los buenos deseos predominan, pero los augurios son negativos y no hay motivos para pintar escenarios de color de rosa. Sucederá lo que debe suceder, y para hacerle frente tendremos que echar mano de todas nuestras reservas de resiliencia y de aguante, lo demás queda en manos del Señor que todo lo sabe y todo lo puede.

Espero de todo corazón que dentro de 365 días me encontraré en este mismo espacio de comunicación, reconociendo que me equivoqué rotundamente al describir este escenario oscuro y ominoso, porque eso significará que el país marcha por un camino amplio y libre de obstáculos hacia un mejor futuro, y siguiendo el rumbo promisorio que, desafortunadamente, en estos momentos muchos de nosotros no alcanzamos a visualizar.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com

En Tweeter soy @ChapoRomo

 

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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