En el borde del precipicio

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en En el borde del precipicio 355

Decir que Sonora vive en estos momentos una situación desesperada es ver las cosas con demasiado optimismo. Sí, estimado lector, así es. Calificar de desastroso, de catastrófico, el estado en que se encuentra todo: Gobierno, instituciones públicas, instalaciones de salud y educativas de todos los niveles, colegios profesionales, cámaras empresariales, asociaciones de asistencia privada, transporte público, inversión en obra pública, etcétera, es simplemente pintar con colores realistas el estado de las cosas. Más allá del profundo resentimiento personal por la forma inmisericorde como han saqueado las arcas públicas, está el triste y deprimente panorama que muestra el Estado de Sonora, que día a día se sigue hundiendo más y más, aunque usted lo dude, o no lo crea.

Reconozco que muchas de las críticas que a diario se expresan en las redes y medios no comprometidos respecto a tales o cuales aspectos de la administración estatal, llegan a cansar, por más sustento y sustancia que tengan. Este cansancio, este hartazgo, representa una manifestación extraña del comportamiento sonorense que habría que investigar a profundidad, porque los efectos repercuten finalmente en el grado de aceptación o de rechazo de la situación de deterioro como un “hecho consumado”, una estrategia que al PANgobierno le ha dado buenos resultados, al menos hasta la fecha. VGr. El acueducto Independencia.

Aunque se supone que todos lo sabemos, no está por demás recordar que Sonora no es patrimonio de ningún partido político, o de grupo alguno, por poderoso que sea. Sonora no es coto de caza de animales depredadores de dos patas y cero conciencia, aunque durante los últimos cuatro años y medio ese tipo de criaturas se hayan adueñado de cuanto les ha quedado al alcance de sus garras. Los hechos están a la vista, y las derivaciones de la conducta escandalosa por consiguiente. Únicamente no las ve aquel que no quiere verlas, y esa es una clase de ceguera que no solo obnubila al ciudadano, sino que además lo castra cívicamente y derrota cualquier brote de inconformidad que eventualmente pueda surgir.

Claro, lo dicho, repetido y recontradicho, en todos los tonos y en todos los espacios de expresión ciudadana, ya no sorprende ni llama demasiado la atención, dado que si bien es cierto que cada vez somos más los que lo estamos manifestando, es bien sabido que lo que mucho se repite termina por aburrir. Y el aburrimiento conduce a la indiferencia, y la indiferencia abre la puerta a la aceptación tácita de aquello que los transgresores hacen, conscientes de que la tolerancia de la gente es casi infinita, y que un pueblo de masoquistas agachados, castrados y avasallados, siempre volverá por más castigo, por más abuso y más indignidad.

Los problemas que existen y los conflictos creados a diestra y siniestra -y que por perversidad o ineptitud no han sido solucionados- son tan numerosos que presentar la lista completa de ellos consumiría el resto del espacio destinado a este escrito. Además todo Sonora los conoce, y les asigna su lugar en el orden de importancia según el punto de vista y la posición de cada quien. Para algunos será prioritaria la debacle financiera (bancarrota virtual, según dicen), para otros lo será el ruinoso estado que guardan los planteles escolares en los cuales se reportan cerca de 1,500 con techo de lámina o cartón y condiciones altamente deficientes en servicios sanitarios, mobiliario y equipo, etcétera. De todos es sabido el trato infame que han recibido multitud de proveedores de insumos y servicios que siguen esperando el pago de sus facturas, y no es menos conocida la deplorable situación que existe en los servicios que prestan (o deberían prestar) dependencias como el ISSSTESON y los hospitales y centros de salud que carecen hasta de lo más indispensable. Huelgas y amenazas de paros laborales por doquier, dan cuenta del estado de zozobra social que prevalece. En fin, por aquí, por allá y acullá están las señales inequívocas del derrumbe de este gobierno que sigue hablando de ir por más cambios que, en todo caso, seguramente serán en sentido negativo. Los antecedentes así lo indican.

Todo esto y mucho más ha sido amplia y profusamente documentado y denunciado, y las únicas respuestas que el gobierno de Guillermo Padrés ha dado son el silencio, la indiferencia, la mofa y las actitudes cínicas y desvergonzada que él y sus funcionarios de primer y segundo nivel muestran ante las crecientes críticas que surgen de todos los rincones de Sonora. Durante los primeros años del actual sexenio siquiera se preocuparon de arrojar arena mediática –como los gatos sobre sus cacas- sobre el reguero de excrementos que fueron dejando en el ejercicio de un poder que evidentemente los ha hecho perder la cabeza por completo, con las nocivas consecuencias que todos los sonorenses resentimos.

En medio de este panorama tan irritante como deprimente podemos señalar sin vacilación dos aspectos que destacan sobre los demás dentro de un ambiente sociopolítico que se calienta cada vez más: La absoluta y total ausencia de inversión productiva y la creciente certeza del estado desastroso –casi de emergencia- en que quedará Sonora una vez que concluya este gobierno que está siendo calificado como el peor en la historia de este estado. En el primer caso se refleja en el rezago que existe en los principales renglones de la actividad económica, de la cual depende en gran medida la calidad de vida de los sonorenses, y las perspectivas de desarrollo y crecimiento de la entidad en el corto y mediano plazo. En el segundo caso inquieta pensar en el caótico estado en que recibirá la administración el siguiente que llegue a gobernar, sea del partido que sea.

Un pesado fardo, ciertamente. Nada más el tiempo que le tomará desentrañar el desbarajuste que van a dejar los vándalos padrecistas puede consumir fácilmente hasta la mitad del siguiente período de gobierno, y peor aún, resanar los boquetes y taponear las profundas grietas generadas en todas partes por la depredación, la malversación, los malos manejos y toda la suerte de incompetencias y pillerías de que ha sido objeto esta tierra, puede consumir por completo la energía y los recursos disponibles. Así de grande y así de profundo es el daño que se le ha causado a Sonora, en estos años oscuros y amargos del sexenio de la corrupción y la inmoralidad.

Cuesta trabajo entender cómo es posible que un buen número de funcionarios del actual gobierno, que han dejado pruebas palpables y abundantes de su inmoralidad, irresponsabilidad e incapacidad en el desempeño de sus funciones, pretendan competir por cargos de elección popular en las próximas contiendas electorales. Y más trabajo aún cuesta entender cómo es posible que la gente de los barrios y las colonias de todas las ciudades y poblados sonorenses no los apedree y los expulse, cada vez que llegan a las plazas y los baldíos a vender su sucia mercancía electorera, utilizando el hipócrita recurso de las “fundaciones benéficas” que son meras fachadas para disimular las tramposas campañas anticipadas, u ofreciendo funciones gratuitas de cine y teatro, o servicios médicos fantasmagóricos a un pueblo que carece de todo, inclusive de dignidad, porque le ha sido arrebatada a manotazos por esta pléyade de pillos vestidos de azul.

Sin embargo, algo sumamente extraño pasa (o, en todo caso, algo que debiera pasar no pasa) entre los sonorenses, sobre todo dentro de determinados estratos sociales. Algo que cada vez se comenta más entre los analistas y especialistas en temas sobre todo políticos y electorales: A pesar de las abundantísimas evidencias, a pesar de que muy pocos han podido escapar a las consecuencias negativas de un gobierno mal desempeñado y peor calificado, su imagen –que en un momento dado llegó a un nivel de calificación de 3.9- sorprendentemente dejó de caer, y no solo eso, sino que empezó a repuntar. Sigue teniendo una calificación baja, pero ya no es desastrosa. Ya no es catastrófica como pareció apuntar no hace mucho.

¿Y eso a qué se puede atribuir? ¿A que las acciones de gobierno, que habían sido absolutamente pobres y carentes de sentido, repentinamente cambiaron de rumbo, y mejoraron? ¿A que se anunciaron programas importantes que empezaron a incidir en los niveles de bienestar de la población sonorense? ¿A que se destapó la inversión en obra pública y en la creación de una infraestructura que el estado reclama con urgencia? ¿A que se han recuperado los niveles mínimos de honestidad y decencia en el ejercicio de la función pública? Ese repunte en la calificación ¿se debe a que Guillermo Padrés y su equipo han vuelto a la senda correcta, y devuelto para empezar los centenares y miles de millones de pesos que han sustraído de las arcas públicas? ¿Se debe a que al entrar en la recta final de su mandato Padrés ha hecho un “mea culpa” público de sus múltiples fechorías y admitido sus errores y dislates?

¿O por el contrario obedece a una patética, y casi patológica incapacidad de los sonorenses para enjuiciar con rigor, y sancionar con severidad las deplorables conductas observadas por el equipo padrecista desde que en mala hora llegó al poder, no como alternativa de un cambio necesario y saludable, sino como elemento determinante de una descomposición moral peor que la que ya existía? Por lo pronto, Guillermo Padrés cada día se esconde más y evita aparecer en eventos no controlados donde puede recibir insultos, rechiflas y hasta escupitinas. Es un gobernador virtual que día a día se esfuma más… y huele peor.

Ante este desolador panorama de divorcio entre pueblo y gobierno, y a la vez de lenidad y ausentismo cívico, nos adentramos en la etapa candente de la selección de candidatos dentro de cada partido. Hombres y mujeres -50% de unos y otras en acatamiento de las nuevas leyes de equidad de género- se aprestan a salir a esas calles de Dios en busca de su voto, el mío y el de todos y cada uno de los sonorenses en aptitud de votar. Algunos son buenos elementos, otros no tanto, y los más son simples bultos humanos que, cobijados bajo el manto del poder del dinero mal habido y nada más, intentarán vendernos espejitos y cuentas de vidrio, ofreciendo baratijas y dándonos gato por liebre… o liebre por rata. Usted dirá.

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Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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