Empoderamiento femenino

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en Empoderamiento femenino 157

En Sonora nos encontramos ante una situación inédita, única en la historia de nuestra entidad: Durante los próximos seis años habremos de ser gobernados por una mujer. Independientemente de los aspectos políticos y sociales involucrados, que indudablemente son particularmente importantes y trascendentes, hay otros, no menos importantes y trascendentes, sobre los que hasta el momento nadie ha reparado, o si alguien lo ha hecho, no lo ha compartido con el resto de los ciudadanos. Son aspectos que tienen que ver con las características de género, en lo que la mujer es esencialmente diferente del hombre. Ahí está la clave de lo que vendrá.

Yéndonos al núcleo esencial de la sociedad, que es la familia, podemos observar ahí las señales más claras del papel clave que desempeña la mujer en el éxito o en el fracaso de ella. Ya pasaron los tiempos en que la mujer fue considerada como un ser débil, sumiso e indigno de confianza. Tiempos del machismo a ultranza que paulatinamente se atempera y tiende a desaparecer, pero que han dejado un sedimento de escepticismo e intolerancia muy difíciles de erradicar. Sonora es tierra de machos, es tierra donde el racismo y la misoginia tienen raíces muy profundas acusadas, y una tierra donde las tradiciones siguen imperando, a pesar de la globalización y la modernidad.

En lo personal no tengo la menor duda de que, en lo que toca al gobierno, la presencia de Claudia Pavlovich será determinante en el nuevo modelo, y en las nuevas formas de ejercer el poder. En Sonora, el sexo masculino ha tenido que hacerse a un lado, y pasar a un segundo plano a partir del día 7 de junio próximo pasado, dejando por primera vez el espacio máximo del poder estatal en manos de una representarte del sexo femenino. Y en ese paso hacia un lado, quedan abiertas una infinidad de posibilidades, que de momento son incógnitas enormes, difíciles de resolver.

A pesar de la abundante exposición que tuvo durante los tres meses de campaña electoral, Claudia sigue encarnando diversas incógnitas: Entre otras, la fuerza real de su carácter, su verdadera capacidad una vez que tenga que enfrentar los enormes problemas y conflictos que va a heredar, su lucidez e inteligencia para distinguir lo falso de lo verdadero, su capacidad de decir NO a los halagos y las hipocresías cortesanas, su voluntad para resistir las tentaciones que vienen aparejadas con el ejercicio del poder y -muy importante- su independencia con respecto a las fuerzas que, lo sabemos, se mueven tras bambalinas, y que tratarán de dictarle muchas de las decisiones de mayor trascendencia.

Por simple definición el gobierno de Claudia Pavlovich tiene que ser diferente a cualquier otro, en cualquier época de la historia pasada o reciente. Las características de Claudia, como mujer, imprimirán sin duda un sello distintivo en el gobierno, de aquí a septiembre del año 2021. Sensibilidad sin perder objetividad, compasión sin perder firmeza, emoción sin perder la cabeza, firmeza sin perder la delicadeza, determinación sin llegar a la terquedad, capacidad de escuchar sin obcecarse en ser la única voz… estas y otras muchas cualidades y facetas contrastantes deberán ser las bases esenciales de un nuevo estilo de gobernar, de una nueva relación entre un pueblo que carece de tanto y un gobierno que ofrece tantas posibilidades y esperanzas.

A lo largo de los muchos años que llevo inmerso en el mundo de la comunicación, he sido calificado por algunos como un tipo amargado e intolerante, cosa que no viene al caso discutir. Baste decir que no es lo mismo amargura que capacidad de llamar a las cosas por su nombre. Uno de mis muchos defectos es la tendencia a adjetivar, lo que implica emitir con frecuencia juicios valorativos. Es una característica de quienes practicamos un periodismo de corte agresivo y directo. Desde luego, a estas alturas de mi vida, y habiendo mantenido la misma línea crítica y sin tapujos durante los más de treinta años que llevo en el oficio, es difícil, más bien imposible que “El Chapo” Romo pueda cambiar. Sin embargo, en esta ocasión me gustaría intentar una aproximación diferente al tema del inminente cambio de gobierno en Sonora, mezclando lo político con lo espiritual, algo sin duda poco usual.

Dios -si usted es creyente- o si usted lo prefiere el destino, el karma o kismet, no envía sus señales de cualquier manera. Para colaborar en su proyecto de gobierno y prolongar hacia el futuro su misión de pionera política en estas tierras, es necesario que Claudia cuide nuestro estilo de vida tradicional, lo que nos da identidad y personalidad como pueblo. Si no es así, podrán ella y su equipo de colaboradores hacer muchas cosas, pero no introducirán en el estado de Sonora un espíritu nuevo, fresco, diferente. Tampoco podrán disipar las sombras que todavía oscurecen el firmamento de nuestra maltratada entidad.

En primer lugar preguntemos ¿quiénes son ella y ellos para actuar en nombre de una comunidad que en su compleja diversidad multiplica sus demandas y acumula reclamos? ¿Cuál es su nivel de autoridad política, y sobre todo moral? Según la democracia que vivimos, al elegirla a ella, y al elegir ella a sus colaboradores, el pueblo de Sonora -igual que lo hizo Jesús con sus discípulos al enviarlos por el mundo- «les da autoridad sobre los espíritus inmundos» entendiendo por ello que el submundo del servicio público está lleno de criaturas de corte pérfido, como acabamos de comprobar durante los seis últimos años. Pero aún así el pueblo no les da, a ella y ellos, poder sobre la vida, destino y bienes de las personas que irán encontrando en su azaroso desempeño del poder que les ha sido conferido. En el más profundo sentido humano y de justicia, no se les ha entregado el poder tan solo para gobernar, sino también para curar a Sonora de los males que lo tienen en cama, enfermo de dolor, de injusticia, y de trato abusivo.

La transmisión de poder que próximamente se dará, debe ser pensando en un estado más sano, liberado de las fuerzas malignas que han estado a punto de esclavizarlo y que nos ha deshumanizado como seres humanos. Claudia y sus colaboradores deberán introducir entre la comunidad sonorense su fuerza sanadora. Deberán abrirse paso en la sociedad, no utilizando su poder sobre las personas, sino humanizando la vida, aliviando el sufrimiento de las gentes, haciendo crecer la libertad y la fraternidad.

Igual que los apóstoles de Jesús, llevarán solo «bastón» y «sandalias». Podemos entonces imaginarlos como caminantes. Nunca instalados. Siempre de camino. No atados a nada ni a nadie. Solo con lo imprescindible. Con esa agilidad y movilidad que tenía Jesús para hacerse presente allí donde alguien lo necesitaba, Claudia deberá tener el don de la ubicuidad, para desparramar por todos los rincones las bondades innegables inherentes a su género. Igual que el báculo que utilizaba Jesús no era para mandar, sino para caminar, el de Claudia deberá ser para marchar a paso firme hacia el destino que le aguarda a ella y al pueblo que habrá de gobernar.

Claudia y su equipo no llevarán «ni pan, ni alforja, ni dinero». No han de vivir obsesionados por su propia seguridad, ni cegados por una falsa conciencia de una importancia que, por lo demás, solo será temporal. Deben llevar consigo, en las arduas tareas que les aguardan, algo más importante: el espíritu democrático de un pueblo, su voluntad soberana y su autoridad suprema, no para abusar, aplastar o agredir, sino para humanizar la vida de la gente de Sonora. Aunque pueda parecer curioso, no debemos pensar en lo que han de llevar a los diferentes cargos para ser eficaces, sino en lo que no han de llevar. No sea que un día se olviden de los pobres, de los necesitados y desprotegidos, y decidan vivir encerrados en el castillo de su propio bienestar, en medio de su particular círculo de confort y hedonismo.

Tampoco deberán llevar «túnica de repuesto». Olvidándose de los ropajes de última moda, deberán vestir con la sencillez de los pobres más pobres, y de los humildes más humildes de Sonora. No llevarán “vestiduras sagradas” como los sacerdotes y sacerdotisas de los templos donde se rinde culto al becerro de oro. Tampoco vestirán como Juan el Bautista en la soledad del desierto. Deberán ser profetas de este nuevo gobierno en medio de la gente. Su vida deberá dar testimonio de la cercanía del gobierno de Claudia Pavlovich con todos, sobre todo, con los más necesitados, los que gimen de tristeza y de dolor, abandonados a la orillas de los caminos.

Después de lo que nos ha pasado y de los episodios imposibles que hemos vivido ¿nos atreveremos algún día a realizar, en el seno de la comunidad sonorense, un examen colectivo para dejarnos inundar de nuevo por la esperanza, y ver cómo nos hemos ido alejando, casi sin darnos cuenta, de nuestra esencia como pueblo libre y soberano?

Envíeme su comentario a continuación, o bien a oscar.romo@casadelasideas.com

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Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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