El peor de los fracasos

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en El peor de los fracasos 44

Muchos mexicanos -tal vez la mayoría- piensan que el peor de los fracasos de los gobiernos de este país se ubica en la inseguridad que cunde y crece por todos los rincones del territorio nacional. Otros piensan que la peor derrota está en el combate a la corrupción, cuya falta de resultados se ha convertido en motivo de burla y escarnio en manos y labios de los opositores políticos. Y otros consideran que la deficiente impartición de justicia, y la sospechosa actuación de los jueces, magistrados y Ministros de la Corte, son el fracaso más vergonzoso de la larga lista. Desde luego, hay mucho de razón en estos considerandos, pero hay un terreno donde, sin lugar a dudas, radica el fracaso más grande de todos. Ese terreno es el del combate a la pobreza.

Sin la pretensión de hacer un tratado a profundidad sobre la génesis de la pobreza en México, sus características y las formas que se han adoptado para combatirla a lo largo de los años, tan solo diré que el problema de la pobreza ha dejado de ser un asunto relativamente manejable en sus lejanos orígenes, para convertirse en un enorme problema de corte pandémico que involucra a una cantidad creciente de mexicanos, de las clases medias hacia abajo en todos los rincones de nuestro país.

Cabe hacernos la pregunta de si la pobreza ancestral que afecta a México y a los mexicanos en cantidades impresionantes es contagiosa o no. Los hechos parecen sugerir que es un mal infeccioso que a lo largo de los años se mantiene vigente a niveles absolutamente intolerables, aunque justificables desde el punto de vista de la inoperatividad y la ineficiencia de los programas que se han desarrollado para combatirla, y eventualmente para erradicarla. Se la ha combatido, sí, pero evidentemente de manera equivocada. Y desde luego la erradicación de la pobreza se encuentra a años luz de distancia.

Haciendo un poco de historia, con el exclusivo propósito de establecer un marco de referencia en los esfuerzos que se han realizado para combatir la pobreza y la marginación en nuestro país, las primeras señales se remontan al período de gobierno de José López Portillo (1976-1982), cuando en 1977 aparece la Coordinación General del Plan Nacional de Zonas Deprimidas y Grupos Marginados, mejor conocida como “COPLAMAR”, la cual en 1979 se convierte en el programa IMSS-COPLAMAR. En 1983 desaparece COPLAMAR, y el IMSS queda como único responsable de evaluar sistemáticamente la operación de aquel Programa.

En 1980, todavía durante el sexenio de López Portillo, se crea el Sistema Alimentario Mexicano (SAM) cuyo objetivo era beneficiar a los productores agrícolas con el fin de incrementar la producción de alimentos básicos mediante el otorgamiento de créditos blandos. El SAM fue liquidado tres años más tarde debido a los conflictos generados en el interior de su estructura. Luego viene PROCAMPO, el programa de apoyo al campo establecido por Ernesto Zedillo (1994-2000), creado con el propósito de apoyar el ingreso de los productores, otorgando subsidios directos al campo. PROCAMPO pasó a formar parte del Programa de Alianzas por el campo. A continuación llega PRODUCE, el cual se orientó a otras vertientes: Apoyo para la capitalización y la reconversión productiva, y para la preservación de los recursos naturales del país. Le siguió PROGRESA (1997), un programa de educación, salud y alimentación dirigido a más de 2 millones de familias mexicanas, cuyo objetivo era combatir la pobreza principalmente en las comunidades rurales, mediante otorgamiento de becas, servicios de salud, alimentación y apoyos en efectivo a las madres de familia. Fue el antecedente del PRONASOL.

En 1988, con Carlos Salinas de Gortari en la Presidencia, se puso en marcha el programa SOLIDARIDAD, como primera acción de gobierno, el cual trataba de lograr mayor justicia social más allá de un esquema de transferencia de recursos o de subsidios focalizados. Para lograr a cabo este proyecto no solo era necesario el apoyo del gobierno, sino también la participación organizada de la población, impulsados con un sentimiento de nacionalismo y de desarrollo social. Durante seis años se invirtieron en este programa el equivalente a casi 18,000 millones de dólares, de los cuales el 67 por ciento fueron recursos federales y el resto recursos de gobiernos locales, e inclusive de los propios participantes. Las tareas realizadas fueron diversas entre las cuales se pueden destacar, la rehabilitación y construcción de miles de escuelas, la organización de la población para introducir agua potable a sus comunidades, la introducción de servicio eléctrico en miles de comunidades rurales. La rehabilitación y construcción diversos hospitales, la pavimentación de colonias populares, la entrega de más de 2 millones de escrituras y títulos de propiedad en zonas irregulares, más de un millón de Créditos a la Palabra a campesinos. La construcción de más de 20,000 kilómetros de caminos rurales así como la reconstrucción de 15,000 kilómetros de carreteras. La instalación de más de 14,000 tiendas de abasto comunitario. Sin embargo, el términos generales la desigualdad entre los más favorecidos y los menos favorecidos se disparó durante el sexenio de Salinas.

Ya dentro del sexenio de Vicente Fox (2000-2006) llega OPORTUNIDADES que sustituye al PROGRESA, en la estrategia denominada “Contigo”. Objetivo: Atender a familias en las zonas rurales y urbanas en los renglones de educación, salud, nutrición e ingreso. Se calcula que benefició a más de 5 millones de familias atendiendo mayormente a familias de Hidalgo, Michoacán, Veracruz, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, entidades que tradicionalmente presentan los índices más altos en términos de marginación y pobreza.
Y en el actual sexenio que concluirá este año, tenemos PROSPERA, que se convierte en la estrategia principal del Gobierno Federal para contrarrestar la pobreza en el país. En su Segundo Informe de Gobierno, Peña Nieto anunció que dejaría atrás el programa Oportunidades -programa insignia de las administración del Partido Acción Nacional (PAN) creado durante la gestión de Vicente Fox y ampliado durante la de Felipe Calderón- para dar paso a “Prospera”; que actualmente atiende a 6.8 millones de familias beneficiarias mediante apoyos en educación, salud y alimentación; y cuyo objetivo es “contribuir a la ruptura del ciclo intergeneracional de la pobreza, favoreciendo el desarrollo de las capacidades asociadas a la alimentación, salud y educación de las familias beneficiarias del Programa” (sic).

Pese a los diferentes programas sociales que los gobiernos de México han implementado para erradicar la pobreza, no han logrado disminuirla de manera significativa desde hace más de cuarenta años… 1977-2018: cuatro décadas han transcurrido desde aquel primer intento tendiente al combate y la eventual erradicación de la pobreza, y a pesar de ello y según las fuentes estadísticas, hoy en día un poco más de la mitad de la población mexicana se encuentra en algún nivel de pobreza. Centenares de miles de millones de pesos se han esfumado en esta lucha que parece no tener fin, combatiendo un fenómeno que parece no tener solución, cuando menos en México. Si esto no constituye un rotundo, inmenso y doloroso fracaso, dígame usted por favor en qué otra forma debemos considerarlo… ¿Consecuencia de regalar pescados, en vez de cañas de pescar?

Y para colmo de males, esta irremediable, crónica y castrante pobreza avanza tomada de la mano con otro enorme fracaso: el del sistema educativo nacional, que se intenta corregir y reorientar mediante una Reforma Educativa que, teniendo componentes de evidente e indudable beneficio, resulta odiosa para la parte más radical del magisterio representada por la CNTE, esa organización supuestamente infiltrada y controlada por la izquierda dura mexicana representada por Andrés Manuel López y su creatura MORENA, que la han convertido en una falange sumamente agresiva.

Pobreza y deficiente educación: un binomio letal que a lo largo de medio siglo ha generado una masa de gente empobrecida, marginada y mentalmente emasculada que ha perdido o va perdiendo lentamente las últimas esperanzas, y que en el incesante proceso de deterioro se convierte en presa fácil para los venderores de ilusiones y los merolicos de plaza, que ofrecen resolver los enormes problemas de este país mediante la droga maravillosa de la saliva intoxicante, los embustes populacheros y populistas, los chascarrillos hirientes y las descalificaciones de todo aquel que no acepte formar parte del rebaño. Estos dos grandes fracasos del sistema político nacional han generado y dado cuerpo al germen de su propia destrucción, encarnado en la ola de ovejas baladoras que se tragan todos los desperdicios que les arrojan desde los templetes que se levantan en las plazas de las comunidades más vulnerables en el país.

No, estimado lector, los peores fracasos no son la corrupción, ni la inseguridad, ni la ausencia de justicia que, desde luego, también tienen un lugar preponderante en la dolorosa ecuación de la revuelta y la rabia que ciegan y soliviantan. Es la pobreza y es la educación deficiente, que nuestro pueblo -que tiene carne de bronce y alma de mártir- lleva atadas al pescuezo como una pesada y al parecer invencible rueda de molino, que lo mantiene sujeto y le impide levantar el vuelo de águila al que tiene legítimo derecho.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com
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Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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