El insidioso cotidiano

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en El insidioso cotidiano 52

Un invividuo insidioso es aquel que arma acechanzas. Es también una persona maliciosa y dañina que actúa bajo una apariencia inofensiva.

A simple vista cualquiera diría que México en pleno comparte el fervor y la alegría por las recetas morales que se nos están imponiendo por decreto presidencial, y que el entusiasmo es general y que el corazón del pueblo mexicano late -¡al fin!- a compás sincronizado. Eso podría pensarse al escuchar la escandalera mediática matutina que arma a diario en algún salón de Palacio Nacional el sumo sacerdote de una transformación nacional que no aparece por ningún lado, una escandalera que es secundada con mayor o menor entusiasmo por la mayoría de los medios nacionales y regionales de este país de paradojas políticas y actos de prestidigitación discursiva,

Pero en una segunda ojeada se percibe que no es así. Que detrás y debajo del ruido de las matracas oficiales y de la música de mariachi que se escucha a todas horas, y los mensajes dulzones y machacantes que brotan de boca del presidente, y que replican buena parte de los medios de comunicación pro-bono o a sueldo, reina un alto clima de desasosiego e intranquilidad. Como sucede con las mariposillas nocturnas que salen a las calles a vender sus favores a cualquier postor, el maquillaje no alcanza a cubrir el verdadero rostro del nuevo gobierno, y los perfumes pagados a precio de oro con dinero de las arcas nacionales no logran disimular el tufo a desesperación y frustración que sigue despidiendo el pueblo mexicano en su pobreza de siglos.

Disminuyendo el zoom y alejándonos lo suficiente hacia el espacio, es posible contemplar en su plena magnitud el cono que alguna vez fuera de abundancia de recursos de todo tipo, y que hoy lo sigue siendo, pero de problemas. En todos los confines de la nación hay líos, chicos, medianos, grandes y enormes; de todos pelos, colores y sabores. Nuevo León, Chihuahua, Guerrero, Veracruz, Baja California, Sinaloa, Tabasco, Chiapas, Tamaulipas, Jalisco… y por supuesto, nuestro Sonora, que no hace malos quesos.

Poco más de dos meses y medio lleva en funciones el gobierno de la tercera alternancia en nuestra historia, un gobierno-horda que hizo su arribo enarbolando como bandera la Cuarta Transformación, y en un primer vistazo ya podemos encontrar clara y abundantemente presentes los brotes de violencia verbal, los exabruptos presidenciales matutinos, los ataques, las acusaciones sin fundamento hechas nomás porque el presidente puede, y consecuentemente la insidia, la malicia y los señalamientos perversos se desparraman como vómito negro sobre el país y sus habitantes.

Cunde el desorden y la desinformación se enseñorea a lo largo y ancho del país y, lo que es peor, amenaza con provocar una gran fractura social que presagia graves problemas en el corto y mediano plazo. El fenómeno es más notable, desde luego, en las zonas centro y sureste del país, pero no muy lejos vienen las demás entidades de provincia. Como es natural, en el primer círculo del gobierno, y en la masa aborregada que se alimenta de la mano del supremo pastor, no escuchará usted ningún reproche, ningun desmentido. Ahí las praderas son verdes y jugosos, y la insidia es el fertilizante favorito.

La irreductible crítica Denise Dresser escribió en un tweet que posteó hace un par de días: “Lamentablemente la conferencia mañanera se ha convertido en un paredón, en un foro para la fobia, en un ataque público a personas/instituciones que el Presidente identifica como enemigos o traidores o contrapesos. Así no gobiernan los demócratas; así linchan los autócratas”. De esta manera, en un breve párrafo, queda descrita la estrategia de comunicación que está siguiendo el hombre que se resiste a entender que actualmente es el Presidente de México, y que ya no es el agitador populachero que fue durante casi dos décadas

Y es que el presidente Andrés Manuel se ha dedicado a mentir y a engañar diariamente, con total desfachatez y sin el menor rubor, y con increíble desparpajo ocupa la tribuna que ha construido en el interior de la sede del Poder Ejecutivo en el costado oriente del Zócalo capitalino. El señor presidente se ha preocupado más por romper que por unir, por destruir que por construir, de desparramar insidia en vez de tender puentes de concordia. La Cuarta Transformación, que se pregona y publicita sin desmayo, se está transformando rápidamente en una Cuarta Deformación, que no augura un nuevo y mejor México. Nuevo y mejor no son sinónimos, y desde luego no van por fuerza de la mano.

Al gobernar sin una visión de estado clara y sin un proyecto de gobierno definido y sustentable, los primeros resultados lo dicen todo: Descenso en las calificaciones crediticias del país, estancamiento económico, falta de orden y dirección, ausencia total de proyectos productivos y de programas consistentes. Ocurrencias, desempleo creciente, inseguridad en aumento y una intranquilidad social que se generaliza y que no alcanza a ser disimulada por la propaganda oficial en la que se están invirtiendo cantidades asombrosas de dinero de las arcas públicas. Es por demás: El maquillaje no alcanza a embellecer a la prostituta.

A mi juicio lo más destacable -aunque muy poco positivo- que hasta el momento ha logrado el actual gobierno federal es la forma de mantener cautiva a su clientela, mediante dádivas que le arrebatan a la gente su dignidad, y la mantiene sujeta por el cuello mediante dádivas humillantes. También la estretegia de reactivar constantemente los actos de corrupción atribuidos a los mandatarios surgidos del PRI y del PAN, reviviendo las corruptelas del pasado lejano y reciente en diversas dependencias para justificar las decisiones que está tomando en forma desatinada. Fuera de eso y más allá, las apariciones que en plazas públicas y escenarios callejeros mantiene permanentemente López Obrador, demostrando en los hechos que se mantiene en campaña… ¿Para qué? ¿Para un eventual intento de reelección?

Además, se está ejerciendo poco a poco una muy sui-generis forma de represión: “El que no está conmigo, está contra mi”, y sigue un alud de descalificaciones. Va en aumento, aparejada con la incesante derrama de dádivas sobre sectores específicos de la población, la institucionalización de la dependencia de las masas empobrecidas ante el gobierno, el chantaje social, las amenazas veladas y abiertas, y el asombroso control que está ejerciendo el gobierno federal sobre los medios de comunicación, permite que gran parte de esta perniciosa situación permanezca relativamente “bajo control”. Pero usted, yo y todo el mundo sabemos que es imposible tapar el sol con un dedo, y que no es posible mantener sometido a todo el pueblo mexicano, dándole chucharadas de populismo y poniéndole una venda sobre el entendimiento por tiempo indefinido.

A medida que se incrementa el dominio presidencial sobre las grandes masas de población empobrecida, mediante programas asistencialistas que no resuelven la situación de pobreza, y que en todo caso solo sirven como paliativos momentáneos, crecen también la decepción y la alarma de diversas organizaciones de la iniciativa privada, sobre los cuales descansa el potencial productivo del país. Igualmente las instituciones e instancias internacionelas que observan lo que está sucediendo en México, advierten sobre las repercusiones negativas que podrían tener en el mediano y largo plazo las políticas erráticas del gobierno de López Obrador. Los medios nacionales, y sobre todo las inclementes redes sociales, recogen fielmente todas esas manifestaciones y las lanzan al mercado voraz de la decepción y el repudio, donde cada cliente las procesa conforme a su leal saber y entender.

Ciertos sondeos de opinión, realizados por empresas encuestadoras cuya credibilidad no deja de ser bastante dudosa, revelan que el presidente López mantiene, y aún incrementa entre el proletariado nacional, una popularidad que tiende a rebasar el 100%, lo cual en estos tiempos de ridiculeces y absurdos no suena imposible. Pero así como por un lado la adoración por el jerarca de Macuspana crece, por otra parte también van en aumento las dudas y los cuestionamientos de los sectores críticos pensantes, ante la errática actuación del mandatario, y del inverosímil equipo de colaboradores que nomás no acierta a sacar el gato del garbanzal.

Una de las piezas vitales en esta enmarañada situación son las redes sociales, que se han convertido en el ariete principal, al parejo con los columnistas y articulistas más respetables, y los medios de comunicación que cumplen a cabalidad con la trascental encomienda que tiene el verdadero periodismo: Informar con objetividad, oportunidad e imparcialidad, objetivos que, aunque usted lo dude, son deseables y alcanzables… aún cuando todo parezca estar en contra.

Todo esto está ocurriendo en apenas 80 días, que es el tiempo que lleva en operación un gobierno que, en obvia alusión a su bandera de “La Cuarta Transformación”, está siendo calificado por la inclemente crítica nacional como una administración de cuarta. Por algo será.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com

En Tweeter soy @ChapoRomo

 

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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