El gran granero

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en El gran granero 377

 

Recientemente se conmemoró el centenario del natalicio del doctor Norman Borlaug -considerado el padre de la Revolución Verde en el mundo- con un evento realizado el 25 de marzo próximo pasado en Ciudad Obregón… Y me pregunto ¿Qué otro lugar puede ser más indicado que ése? En dicho evento y con la representación del presidente Enrique Peña Nieto, el titular de la SAGARPA, Enrique Martínez y Martínez, participó en los eventos conmemorativos ofreciendo una conferencia magistral sobre el tema de “Retos y desafíos; una nueva visión en el sector agroalimentario mexicano”.

El secretario presidió además una reunión de trabajo para abordar el Programa de Rendimiento de Trigo, y la junta anual 2014 del ‘Borlaug Global Rust Initiative’ (BGRI). Dentro de las diversas actividades que se llevaron a cabo se realizaron demostraciones de campo y se mostraron los avances en la investigación de variedades y rendimientos de maíz y trigo, y un taller sobre Norman Borlaug y la agricultura del Valle del Yaqui. Dentro del evento se instaló un área de stands de organismos nacionales e internacionales del sector agropecuario, entre los que destacan el ‘Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo’ (CIMMYT) y el ‘Patronato para la Investigación y Experimentación Agrícola del Estado de Sonora’ (PIEAES).

Seguro de que todavía hay muchos sonorenses que desconocen quién fue este extraordinario personaje, y a manera de un sencillo breviario cultural, ofrezco al lector los siguientes datos que me parecen pertinentes y oportunos: Norman Ernest Borlaug (Cresco, Iowa, Estados Unidos, 25 de marzo de 1914/12 de septiembre de 2009) fue un ingeniero agrónomo, genetista, fitopatólogo, humanista, y es considerado por muchos el padre de la agricultura moderna y de la llamada “revolución verde”. Sus esfuerzos en los años ‘60s para introducir las semillas híbridas a la producción agrícola en Pakistán e India, provocaron un incremento notable de la productividad agrícola, y algunos lo consideran responsable de haber salvado más de 100 millones de vidas humanas.

Premio Nobel de la Paz en 1970, también se le concedió el “Padma Vibhushan”, el segundo mayor honor civil de la India. Borlaug era bisnieto de noruegos migrantes a Estados Unidos. De los siete a los nueve años, trabajó en la granja familiar al oeste de Protivin, Iowa, pescando, cazando, y levantado maíz, avena, pasto timote, cuidando vacunos, cerdos y pollos. Cursó estudios primarios y secundarios en su pueblo, y luego ingresó en la Universidad de Minnesota, durante la Gran Depresión. Allí costeó su educación desempeñando diversos trabajos. Obtuvo su diplomatura en ciencias forestales en 1937. Continuó sus estudios en Minnesota y en 1941 obtuvo su licenciatura y en 1942 su doctorado, ambos en fitopatología y además en genética, bajo la dirección del Dr. E.C. Stackman, uno de los creadores del programa cooperativo entre la Secretaría de Agricultura mexicana y la Fundación Rockefeller (la antigua Oficina de Asuntos Especiales).

En 1944 fue a trabajar a México como fitopatólogo asociado a dicho programa. Luego, en 1945, se traslada al estado mexicano de Sonora y específicamente al Valle del Yaqui, en donde estudió trigos, royas y prácticas agronómicas. En los primeros años del programa, Borlaug y sus compañeros de trabajo, José Rodríguez V., Benjamín Ortega C., Leonel Robles, Roberto Osoyo Alcalá, Raúl Mercado, Alfredo Campos e Ignacio Narváez, entre otros, enfocaron sus esfuerzos en controlar las royas que de tarde en tarde destruían los trigales mexicanos. Las primeras variedades resistentes a las royas -Kentana, Yaqui, Mayo (planta)- se lanzaron en 1948. A la vez se experimentaron y difundieron nuevas prácticas agronómicas.

Después de que México alcanzara la autosuficiencia en trigo, en 1956, el grupo de científicos que participó con él en Sonora obtuvo un logro de enorme trascendencia: el desarrollo de variedades enanas de trigo, de alto rendimiento, amplia adaptación, resistentes a enfermedades y con alta calidad industrial, sembradas por primera vez en 1962. Con estas variedades, México incrementó notablemente su producción. En poco tiempo, países como India, Pakistán, Turquía, Túnez, España, Argentina, China, se beneficiaron de las nuevas variedades y de la tecnología desarrollada en México.

Sin embargo, para algunos críticos el avance de estas tecnologías ha provocado graves desequilibrios ambientales. Hoy se calcula que los hambrientos en el mundo son más de mil millones que, aunque es una cifra jamás alcanzada en el pasado, en porcentaje respecto a la población actual total del planeta es la menor proporción desde que se conoce la historia escrita; incluso es inferior al número de seres humanos con sobrepeso/obesidad (1,200 millones). A Borlaug se le puede otorgar el mérito de que en la actualidad haya más seres humanos con acceso suficiente a alimentos que nunca antes en la historia, por lo que, como reconocimiento a su obra, le fue otorgado el Premio Nobel de la Paz, así como las distinciones más altas que a un civil se le puede dar en los EE. UU. Incluso ganó el reconocimiento más alto que la India le otorga a civiles que no son ciudadanos de esa nación y eso sin contar innumerables premios, medallas y honores más en todo el mundo. En reconocimiento a su gran contribución en el campo de la agricultura, una importante avenida de Ciudad Obregón, en el estado mexicano de Sonora, lleva su nombre.

La personalidad de Borlaug y sus trascendentes logros obtenidos en el terreno de la ciencia alimentaria, no se discuten. De ahí que en plena justicia se haya conmemorado su nacimiento en la tierra donde sembró y cosechó frutos tan abundantes, en un evento en el que extrañamente estuvo ausente el gobernador de Sonora, Guillermo Padrés Elías, quien muy probablemente desconoce (o desprecia) por completo la importancia de la obra de este gran hombre al que se recuerda con enorme cariño y respeto en todo el mundo, pero muy en especial en el Valle del Yaqui, Sonora. Ausencias que dicen más, mucho más que presencias no deseadas.

En idioma holandés “groote schuur” significa “gran granero”, que coincidentemente es similar a “el granero de la república”, calificativo ganado a pulso por el Valle del Yaqui como homenaje por su significativo aporte de granos para la alimentación de los mexicanos. Este mismo Valle que en la actualidad es centro de una profunda agitación provocada por la obra máxima del sexenio de gobierno de Guillermo Padrés, el acueducto Independencia cuyo destino sigue pendiente de un hilo que cada día se hace más delgado. Este mismo Valle que lucha denodadamente por impedir que se trasvase el agua de la presa El Novillo a la ciudad de Hermosillo que ciertamente necesita agua, pero que tiene otras alternativas de abastecimiento que misteriosa e incomprensiblemente han sido desdeñadas por la presente administración estatal.

Cometen un gravísimo error quienes menosprecian al Valle del Yaqui, considerándolo simplemente una tierra de caciques egoístas y olvidando tontamente que caciques en México hay por todas partes, en todos los rincones. Es parte de nuestra idiosincrasia, me parece. La gente que radica en el Valle del Yaqui, como la de cualquier otra región del estado y del país, tiene profundamente fincadas sus raíces en la tierra feraz y pródiga regada por las aguas del Río Yaqui, y le asiste el derecho sagrado de defender lo que consideran suyo desde siempre. Al menos así lo entiendo yo, y por eso el apoyo que en todo momento les he brindado desde que el conflicto por el agua asomó su horrendo hocico.

Comprendo perfectamente el derecho humano que tienen (tenemos) los hermosillenses a disponer de agua suficiente y de calidad para nuestras necesidades, pero insisto: Jamás el derecho de unos debe supeditarse o anteponerse al de otros, lo cual fue expresado para la posteridad en la inmortal frase de don Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Desde el principio del conflicto por el agua esa fue y ha sido la cuestión esencial, fundamental, y al no cumplirse las premisas básicas, es que se originó la enorme desavenencia que nos mantiene en estado de profunda –y quizá irremediable- fractura.

Esta situación no puede durar por más tiempo. Tiene que ponérsele un hasta aquí, independientemente de la resolución final que tome la Suprema Corte, y el seguimiento que le dé a la misma el gobierno federal. Sonora no merece la rabia, el encono ni la fractura que aniquila, resultado directo de la perversidad y las manipulaciones desarrolladas por el gobernador Guillermo Padrés y sus siniestros acólitos que, bajo el argumento falso y la bandera mentirosa de que están defendiendo a los hermosillenses, se han dado a la tarea de enfrentarnos a unos contra otros, con las terribles consecuencias que acarrea una estrategia así.

Hay formas de que Hermosillo tenga el agua que necesita para el consumo de sus habitantes, y para mantener un ritmo de crecimiento y desarrollo sustentado, armónico y controlado, y que al mismo tiempo Ciudad Obregón conserve lo que sido la base de su pujanza y su progreso, desde que fue fundado. El desarrollo y el crecimiento de unos no puede sustentarse en el decaimiento ni la derrota de otros, una situación así solo puede conducir al caos, al odio entre hermanos y al destrozo de las relaciones entre pares que, finalmente, se traduce en una debacle general que desde luego, nadie desea… excepto los que pescan en las revueltas y menguantes aguas de los ríos sonorenses.

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Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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