El estruendoso sonido del silencio

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en El estruendoso sonido del silencio 25

El 20 de septiembre del año en curso, el Pleno del Senado de la República aprobó y envió al Ejecutivo federal para su publicación, las tres leyes secundarias de la reforma educativa impulsada por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, a saber: La Ley General de Educación, la Ley Reglamentaria sobre Mejora Contínua de la Educación y la Ley General del Sistema de Carrera de las Maestras y Maestros. En ese escenario, fueron públicas y notorias las expresiones de complacencia -algunas bastante ruidosas e indecorosas, por cierto- de ciertos legisladores, que hasta bailaron zapateados de contento por haber conseguido borrar hasta la última letra de la Reforma Educativa de Peña Nieto.

Al margen de esas payasadas y excesos personales, con este ajusticiamiento legislativo quedó efectivamente obliterada y erradicada la Reforma Educativa promovida por Enrique Peña Nieto, y que formóparte de los cinco grandes acuerdos que contemplaba el extinto “Pacto por México cuyo gran objetivo, según se dijo, era la creación de una sociedad de derechos y libertades. Dicho Pacto fue firmado por el entonces presidente Peña Nieto, Gustavo Madero (PAN), Cristina Díaz (PRI) y Jesús Zambrano (PRD) el 2 de diciembre de 2012 en el Castillo de Chapultepec.

Momentos que han quedado registrados en la historia política de nuestro país, para ser analizados en los tiempos por venir, a la luz de los acontecimientos que aún se siguen desarrollando en el día a día actual, por lo que resulta materialmente imposible justipreciar adecuadamente las virtudes y defectos de estas leyes trascedentales, y los impactos que tendrán posteriormente sobre una sociedad que cada día luce más manipulada, más confundida y desorientada.

A raíz de la aprobación de la contrarforma educativa obradoriana, y consciente de su importancia y de la trascendencia que tendrá sobre el futuro del país y de su niñez y juventudes, estuve aguardando a que surgieran las reacciones en contra de estas nuecas leyes que, después de someterlas a un análisis crítico inicial, no auguran nada bueno, de cara al porvenir.

Ha transcurrido ya un mes de haber sido aprobadas por el senado mexicano las nuevas leyes deducativas, y la esperada reacción de los actores sociales involucrados no se ha dado (salvo algunas esporádicas y deshilvanadas demostraciones y comentarios), ni por parte de los expertos en la materia, ni por parte de los líderes de opinión, ni por parte de los organismos de la iniciativa privada, ni por parte de las organizaciones de padres de familia, que son los directamente afectados, y eso me sorprende, me confunde y llena de inquietud.

Incomprensible como es esta situación, mucho me temo que en su trasfondo oscuro y siniestro existen influencias y factores no visibles, o poco perceptibles, que han impedido que se manifiesten con toda su potencia y resonancia las reacciones que, más allá de las filias y las fobias naturales que ensombrecen y espesan el ambiente político y social del país desde la llegada de la 4T, son absolutamente naturales, y yo diría que hasta obligadas, dados los efectos que presumiblemente tendrán estas leyes en el desarrollo, la formación y la capacitación de lo más importante que tenemos en el país: sus niños y jóvenes.

Si como es de esperar, después de hurgar y escudriñar en las motivaciones profundas de las leyes de contrarreforma, la calidad de la educación básica y media superior sigue cayendo y afectando con elloen sentido negativo a millones de niños y de jóvenes, se seguirá ampliando y profundizando la brecha que desde siempre ha existido entre los afortunados mexicanos que han recibido una educación de mejor calidad, principalmente en las escuelas privadas, y los desafortunados que han salido mal o insuficientemente preparados de las escuelas del sistema de educación publica del país, sin que ello signifique que no existan como excepción buenas escuelas y hasta de excelencia, en ese sistema que tradiconalmente ha sido defectuoso a más no poder.

Sin embargo, y a pesar de la enorme importancia que tienen estas nuevas leyes recientemente aprobadas, el sonido del silencio que han generado

resulta estruendoso, dentro de una sociedad que muda, ciega y sorda, va dando tumbos con rumbo a una nueva edad de oscurantismo y mediocridad educativa. Y, de nueva cuenta, debemos insistir en que en medio de todo este giantesco desatino, están nuestros niños y jóvenes, sin duda alguna la materia prima con que se construye el futuro de este, y de cualquier otro país.    

El ominoso incremento en la presencia de los sindicatos magisteriales, específicamente la CNTE y sus hordas de anarquistas, aunque desde luego sin descartar al SNTE que acecha un tanto cuanto apartado, aunque no mucho, en la implementación de las nuevas leyes y sus derivaciones, nos coloca de cara a otro factor que nos debe poner a temblar. Entiéndase bien: no estoy sugiriendo que el magisterio (hablo del que es profesional, serio y responsable) no debe participar en la toma de decisiones en materia educativa. Lo que estoy diciendo es que por ningún motivo se le debe entregar a la chusma la chapa, el candado y el barril (o sea el sistema completo) para que hagan y deshagan con él a su antojo y capricho, que es lo que abierta y descaradamente está haciendo el gobierno de López Obrador.

Y no lo digo yo, lo dicen y demuestran fehacientemente los hechos crudos y descarnados que hemos visto con alarmante frecuencia, y que nos hablan de la promoción de estos grupos beligerantes, y de la cobarde y siniestra entrega de todo lo que piden, por parte de un gobierno cómplice, permisivo, complaciente y entreguista que todo les consiente y permite. Ahí están las escenas de violencia y destrucción filmadas, los oportunos videos tomados por los ciudadanos con sus celulares personales, los reportajes periodísticos y las columnas que reportan lo que sucede en las calles y los espacios públicos, cuando las fieras salen de sus jaulas para atacar a diestra y siniestra, sedientas de fuego y si se puede de sangre.

Escudados en la “no represión” y en nombre de una tolerancia perfectamente mal entendida, la autoridad no se ejerce, dejando a los ciudadanos, a los comerciantes y a la propiedad pública y privada a merced de los vñandalos que ejercen presión en las calles para conseguir lo que quieren, a sabiendas de que lo van a conseguir.

Así fue como la CNTE, ese abominable ejército de choque creado por las fuerzas desestabilizadoras más oscuras, y que ha sido auspiciado y aprovechado perfectamente por la pseudo izquierda “progresista” que gobierna en la actualidad, se fue instalando poco a poco como el heredero de aquellas guerrillas urbanas que tan eficazmente funcionaron en los años aciagos de las revueltas de mediados del siglo pasado. Con banderas diferentes, bajo ideologías diabólicas modernizadas, pero con intenciones iguales o similares a las de aquellos peligrosos grupos rebeldes que dejaron huella en los anales negros de la historia de nuestro país. A esta CNTE le ha sido entregado el manejo operativo de la contrarreforma educativa, otorgándosele el poder de mover la educación de nuestros niños y jóvenes en el sentido que les dé la gana.

Y dentro del absurdo contrasentido que pueda implicar un silencio estruendoso, el sonido del silencio ha sido ensordecedor, lo suficientemente estruendoso como para romperle los tímpanos a una sociedad que oye, pero que no escucha, y que permanece ajena, insensible, impávida e inmóvil, mientras los coyotes a plena luz del día se meten en el gallinero, y se roban con absoluta y total impunidad todas las gallinas.

La amenaza que se cierne sobre los niños mexicanos es real. Es terrible en sus alcances, y es inminente. Y representa un garrotazo en la nuca que ni nuestro Dios, que todo lo puede, es capaz de evitarnos.

Y hace poco menos de 30 días que nos lo dieron, y muy bien dado por cierto, y nadie, o casi nadie, ha dicho ni pío. Como si no hubiera pasado nada, cuando en realidad ha pasado todo. Ante nuestras narices y sin disimulos. Lo hicieron los diputados y lo hicieron los senadores, que supuestamente representan al pueblo bueno, sabio, apendejado y dejado, y que en realidad son esbirros del poder supremo que malignamente se ha concentrado en un solo hombre, el señor omnipotente que todo lo decide y todo lo impone desde su santuario en Palacio Nacional.

En Twitter soy @ChapoRomo

Mi dirección de correo es oscar.romo@casadelasideas.com

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

Leave a comment

©2012 Casa de las Ideas, Derechos reservados. l Sitio desarrollado por: Freaner Creatives

Search

Back to Top