Ecos de una evaluación terrible

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en Ecos de una evaluación terrible 99

El artículo que publiqué el lunes próximo pasado, titulado “Cada vez más cerca del sótano” generó varios comentarios, de los cuales la gran mayoría me llegó por vía de mensajes directos a mi cuenta de correo electrónico. En dicho artículo analicé la evaluación realizada por la organización “México, ¿Cómo vamos?” sobre el crecimiento económico, la tasa de empleo formal y la productividad de las entidades del país, evaluación en la que Sonora se derrumba hasta el lugar número 31 dentro de las 32 entidades que conforman la República. El tema despertó inusitado interés, aunque ninguna reacción de parte del gobierno de Guillermo Padrés, que sigue haciéndole al avestruz, enterrando profundamente la cabeza en los arenales de la corrupción, la ilegalidad y la ineptitud más absolutas.

Un desplome de esta magnitud, en un estado que durante muchos años estuvo colocado entre las dos o tres entidades más productivas del país, debe ser considerado grave, de hecho, sumamente grave. Las cifras indican que el sexenio 2009-2015 empezó bien, resultado de la inercia positiva del sexenio anterior que, fuera de las críticas al estilo personal de Eduardo Bours Castelo, mantuvo a Sonora con un buen ritmo de productividad y crecimiento. Conforme fue avanzando el actual sexenio los indicadores se fueron moviendo hacia abajo, y a pesar de las costosas campañas de propaganda en los medios escritos y electrónicos, resultó imposible para el aparato de comunicación oficial sostener la falacia de que en Sonora las cosas han ido bien, muy bien.

Como dije en un principio, mi anterior artículo sobre este tema mereció varios comentarios, algunos positivos y otros negativos. No hay duda de que la gran mayoría de los sonorenses piensa y siente que la situación económica en general anda pa’l rumbo de la tiznada, y de que ya no quedan agujeros en el cinturón para apretarlo más, pero también hay algunos otros –obviamente la minoría- que sostienen que las cosas van viento en popa… aunque nada más sea para ellos y sus intereses particulares. De este grupo privilegiado surgió la airada reclamación de por qué estaba yo festinando el desplome de nuestro estado. A esa gente no le gustó el tono pesimista y negativo de mis comentarios y se mostró francamente disgustada, lo cual me parece lógico y comprensible.

La realidad es que, aun habiendo razones más que suficientes para apoyar mis comentarios críticos en sentido negativo, el desplome de nuestro estado no me provoca el menor gusto. Tendría que andar muy mal de la cabeza para congratularme por una situación que repercute directamente en el nivel de bienestar de las familias sonorenses, incluyendo desde luego la mía propia. De hecho me hace sentir mal, muy mal, porque el estrepitoso derrumbe corrobora lo que ya todo Sonora sabe: Nos encontramos al borde del precipicio, sin esperanzas de recuperar el terreno perdido y sin alicientes de ninguna especie, ya que el gobierno federal también parece haberse desentendido de nuestra suerte. Y por ello cunde el desaliento y por ello no puede haber nadie que aplauda nuestro infortunio.

En la evaluación de marras, y en una escala de 0 a 100, los tres estados considerados con peor desempeño fueron: Campeche, que obtuvo la calificación más baja con 38 puntos, dado que su crecimiento económico cayó 14.4% en 2013 respecto a 2012; Sonora, con 39 puntos, porque perdió espacio en empleo y productividad, y Chiapas, con 42 puntos por las pobres tasas de empleo formal y el bajo poder adquisitivo. De la evaluación se desprende que estas tres entidades constituyen un peso muerto, un lastre para el crecimiento general del País, lo cual debería encender los focos rojos de alarma en los respectivos gobiernos estatales. La pregunta lógica es ¿Qué estarán dispuestas a hacer estas entidades para corregir y revertir esta deprimente calificación? Y muy en especial ¿Qué está dispuesto a hacer al respecto el Gobierno de Sonora?

Por lo que se ve, y hablando específicamente de nuestro estado, nada. Ni siquiera un poco. ¿En qué me baso para afirmar lo anterior? Bueno, ahí están las numerosas evidencias a plena vista: Para empezar el gobernador trae la brújula arruinada, hecha giras, y un barco sin capitán es un barco al garete, y un capitán sin brújula es un pato ahogado. No es que Guillermo Padrés realmente haya sigo en algún momento un timonel muy confiable que digamos, pero cuando menos hubo momentos (cuando gozaba de la plena complicidad de Felipe Calderón) en que dio la impresión de funcionar, así haya sido a base de la violación sistemática de la ley y el desprecio absoluto del estado de derecho, situación cuyos saldos negativos están carcomiendo las entrañas de este gobierno de alternancia que ha naufragado innegable e irremediablemente, puesto que hace agua por todos lados.

En otro ámbito no menos importante tenemos los programas de gobierno, que constituyen la columna vertebral de cualquier administración. En este renglón tan importante vemos una asombrosa ausencia de programas que realmente ataquen las necesidades más apremiantes de los sonorenses, y los que existen son realmente deprimentes por su superficialidad y ligereza. Las ocurrencias del gobierno padrecista –porque no pasan de ser eso: ocurrencias- como el suministro gratuito de uniformes escolares tuvo un cierto impacto inicial, pero casi de inmediato reveló el fondo de corrupción que subyace –aún- en él. Además la vestimenta de los niños para asistir a clases nunca ha sido una necesidad realmente apremiante. Populismo y asistencialismo ramplón, y un medio para que “alguien” se hiciera rico rápidamente, y nada más.

Luego tenemos la cacareada “transformación educativa” que aún se sigue promocionando como uno de los programas cumbres de esta nefasta administración. Este programa que se sacaron de la manga, no es otra cosa que una versión “a lo Padrés” del añejo programa de mantenimiento y reparación de escuelas que data de los tiempos en que el bien recordado Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas  (CAPFCE) se encargaba de ese importante aspecto. Reparar escuelas de ninguna manera es equivalente a transformar la educación, solamente un idiota puede confundir ambas tareas, y solamente un idiota mayor lo propone como un programa novedoso y revolucionario.

En el ámbito de la inversión en obra pública la cosa anda todavía peor. En el arranque sel sexenio de anunció el “Sonora SI”, un monumental programa de inversión en obras de infraestructura como jamás se había visto en este estado. Millones de pesos en propaganda, y más millones de pesos tirados a la basura en promocionar un programa más bofo que una piñata navideña. Finalmente de ese fastuoso programa solo quedaron el malhadado Acueducto Independencia, con toda la carga negativa que acarrea y que lo tiene en riesgo de cancelación definitiva, y la Presa Pilares, que al igual que el acueducto también tiene lo suyo en cuanto a carga negativa en cuanto a corrupción e ilegalidades. Fuera de estas dos obras no hay nada, y no habrá nada, en lo que se estima el final de sexenio más gris y más pobre en cuanto a resultados.

La atracción de inversiones, el crecimiento económico, la generación de empleos yla mejoría en la calidad de vida de los sonorenses ha caído a niveles alarmantes, y la prosperidad sólo se percibe en las finanzas privadas del gobernador, sus parientes y el resto de la élite de funcionarios que constituyen la muy atinadamente llamada “mafilia feliz”. El clamor por la situación de estancamiento económico crece cada día que pasa, y no se ve por dónde pueda ponérsele remedio, al menos en lo que resta del sexenio del derrumbe. Sonora mal y de malas, pues.

Y como cubierta envolvente de todo este desgarriate, está la absoluta, total e indiscutible capacidad de generar conflictos, y la consiguiente e igualmente indiscutible incapacidad de resolverlos lo cual, tomado en conjunto con los  defectos expuestos en los párrafos anteriores, nos da como resultado un gobierno sin pies ni cabeza, sin rumbo ni idea de qué hacer y de cómo hacerle, y sin más propósito que el enriquecimiento de la casta putrefacta instalada como nata en la parte superior de la burocracia más corrupta que se recuerda en estas latitudes. De ahí y por eso la lacerante calificación reprobatoria aplicada por el organismo “México, ¿Cómo vamos?” al desempeño de Sonora y su gobierno es justificada y tiene amplio sustento.

Luego entonces, la obligación de cualquier analista, de cualquier comunicador que se precie de serlo, es la de ponderar este tipo de evaluaciones, y agregar los comentarios críticos que considere convenientes y necesarios. No se trata de festinar, ni tampoco de hacer leña del árbol caído, así tenga termita en sus raíces. Se trata de ser objetivamente precisos, y de exponer una realidad que a todos los sonorenses nos está picando tanto los ojos como el entendimiento. Nada más, y nada menos.

Por  favor, envíeme su comentario a continuación, o bien a oscar.romo@casadelasideas.com

En Tweeter busque también mis comentarios en  @ChapoRomo

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

Leave a comment

©2012 Casa de las Ideas, Derechos reservados. l Sitio desarrollado por: Freaner Creatives

Search

Back to Top