¿Dejar hacer, dejar pasar?

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en ¿Dejar hacer, dejar pasar? 48

2017 fue un año que nos dejó una gran número de vivencias y experiencias, por desgracia no todas buenas y, para mayor desgracia, no todas debidamente capitalizadas por la mayoría de nosotros, que por lo que se ve hemos terminado sucumbiendo al dogma supremo planteado por el positivismo francés en el siglo XVIII: “laissez faire, laissez passer, le monde va de lui même” (dejen hacer, dejen pasar, el mundo va solo) y que en la actualidad -perfectamente mal entendido y perversamente bien aplicado- puede servir como una bastarda base de sustentación para la moderna indiferencia cívica que podemos observar en muchos ciudadanos, que la interpretan y aplican a conveniencia como nociva norma de comportamiento dentro de la sociedad: “dejemos que hagan, dejemos que pase”.

Siendo un sistema de pensamiento, el “laissez-faire” original descansa en los siguientes axiomas:
1. El individuo es la unidad básica en la sociedad.
2. El individuo tiene un derecho natural a la libertad.
3. El orden físico de la naturaleza es un sistema armonioso y autorregulador.
4. Las corporaciones son criaturas del Estado y por lo tanto deben ser observadas de cerca por la ciudadanía debido a su propensión a interrumpir el orden espontáneo según lo establecía Adam Smith
Estos axiomas constituyen los elementos básicos del pensamiento del “laissez-faire”, aunque otro elemento básico y a menudo desatendido es que los mercados deben ser competitivos, una regla que los primeros defensores del laissez-faire siempre han enfatizado. Para maximizar la libertad y permitir que los mercados se autorregulen, los primeros defensores del laissez-faire propusieron un impuesto único, un impuesto sobre la renta de la tierra para reemplazar todos los impuestos que dañan el bienestar penalizando la producción.
Finalizaba el año 2017, y en el último artículo que publiqué el año pasado en esta página, comentaba yo las opciones y expectativas que flotaban en el ambiente al concluir ese año, tomando como base de mis pronósticos las previsiones y premoniciones que flotaban en los diversos ámbitos de nuestra comunidad:
Preludio de lo que se nos vendrá encima cuando arranquen las campañas formales de 2018. La furia y la bajeza se volverán una sola masa incandescente de pasión, que predominará los noventa días de campaña, y no habrá forma siquiera de mitigarla. Los tiempos de ira electoral se combinarán con la estrechez de miras, la nula voluntad de comportarse como seres racionales, la total ausencia de propuestas y, para colmo de males, 60 millones de spots saturarán el espacio mexicano, impidiéndonos pensar con claridad al tomar la gran decisión. Muy probablemente la intención real y verdadera que subyace en esa infernal barahúnda, es precisamente que los mexicanos acudamos a las urnas el primer domingo de julio de 2018 sin pensar demasiado, o de plano sin pensar en lo absoluto”.

Y así, metidos por la fuerza en esta inmunda Torre de Babel electoral, es que llegaremos al momento fatal en que surgirá el nuevo Presidente de México: a) Un iluminado con la mente desquiciada y con hambre y sed infinitas de poder; b) un joven sin pizca de ética ni moral, acostumbrado a tomar sin oposición lo que le viene en gana; c) un hombre que pregona no ser de aquí ni ser de allá, y que les habla a todos sin hablarle a nadie. O d) incluso alguien que se ufana de ser independiente pero que es tal vez el más dependiente de todos…”.

Pues bien, han transcurrido ya 16 días desde que dieron principio las campañas federales formales, y tenemos a la vista los hechos fríos y descarnados de lo que han sido hasta este momento: Una copia al carbón de lo que fueron las precampañas, y las precampañas estuvieron realmente para llorar, por lo insulsas, lo sucias y lo ausentes de contenido y sentido. Repeticiones viles de las campañas de 2006 y 2012, especialmente de parte de Andrés Manuel López Obrador, que va por su tercer intento de sentarse en el sillón presidencial, y que se mantiene en el liderazgo, según las encuestas, a base de añejas consignas recicladas y promesas basadas en las ocurrencias del momento, la mayoría de ellas desacreditadas por los especialistas expertos en los diversos campos en que se atreve a incursionar el candidato más populista de todos los que han participado en cualquier elección en México. Desacreditación que, desde luego, a la masa ovejuna le vale una pura y dos con sal.

Lo que el populacho quiere escuchar, es lo que el candidato populista le dice. Las promesas de reivindicación social, de emparejar las cuentas pendientes, de eliminar por decreto la corrupción y la impunidad, de regalar dinero a espuertas, de conceder becas de todo tipo, de eliminar impuestos, de homologar el costo de la gasolina y el salario mínimo con los que rigen en Estados Unidos, de perdonar por y con amor a los delincuentes e incorporarlos a las actividades lícitas… la lista de promesas es larga, y se alarga cada día más, conforme corren los días y la diarrea populista crece.

Pero vale la pena recordar a usted que el populismo no es un invento de López Obrador. Y aunque existen marcadas diferencias, me gustaría presentar a usted como ejemplo el caso de Herbert Hoover, trigésimo primer presidente de EU (1929-1933). En la campaña de 1928 su partido -el Republicano- en medio de los estragos causados por la Gran Depresión utilizó el eslogan “A chicken in every pot, and two cars in every garaje”, con lo cual prometía un período de “prosperidad republicana” en medio de la terrible crisis económica de aquellos años. Sin embargo, y aunque Hoover ganó la elección, su gobierno fue responsabilizado por la crisis económica y nunca pudo recuperarse, perdiendo la siguiente elección ante Franklin Delano Roosevelt, que fue presidente cuatro veces consecutivas.

También el rey Enrique IV de Francia, que reinó de 1589 a 1610, en un momento dado ofreció a su pueblo “Un poule au pot le dimange” (un pollo en cada cacerola los domingos) para levantar el ánimo de la masa empobrecida. Y así sucesivamente podemos encontrar infinidad de ejemplos históricos de políticos que han utilizado las ofertas de bienestar y de justicia social como carnada para conseguir sus fines y propósitos. Líderes mesiánicos, líderes iluminados con ínfulas de redentores, embusteros que dominan el arte del convencimiento desde la tribuna callejera y que se aprovechan de la ingenuidad de la gente, o de la rabia que se va a cumulando en las masas empobrecidas o despojadas, para acaudillarlas y empujarlas a tomar decisiones que a la postre desembocan en situaciones mucho peores, con resultados fatales. Ahí tenemos los casos más recientes de Cuba y Venezuela. Y yendo más a fondo, veamos lo que está ocurriendo en Estados Unidos, donde el pueblo norteamericano poco a poco se está viendo obligado a enfrentar las consecuencias de haber elegido a Donald Trump, un populista y un demente de otro corte y nivel.

La gran diferencia que existe entre el populismo de MORENA/López Obrador y el populismo del GOP republicano de Hoover, e inclusive el de Trump, no estriba en la naturaleza de sus ofertas y promesas, que siempre tienen el fondo común de prometer la satisfacción de los rezagos y las carencias de la plebe, sino en la cultura política de los pueblos de México y los Estados Unidos.

El hartazgo termina por erosionar la razón de cualquier pueblo. Eso lo entiendo yo tan bien como usted. Y también entiendo que en México las cosas tienen que cambiar, porque simple y sencillamente no pueden seguir así. Entiendo que el pueblo tiene una capacidad de aguante limitado, y que su paciencia y tolerancia ante los abusos, las tropelías y la corrupción de los gobernantes no son infinitas. Todo eso lo entiendo, y no lo discuto ni discutiré jamás.

Pero con todos los motivos y razones que pueda haber para desear que se vaya el PRI, que tanto daño nos ha hecho, y que no regrese el PAN, que en sus doce años también dejó amplia constancia de su ineficiencia, de su incapacidad para gobernar, y de su propensión a la corrupción, no podemos y no debemos entregar nuestro país a un partido que, como lo está haciendo MORENA, se ha dedicado conjuntar y a dar cobijo a la más nutrida muestra de delincuentes prófugos de los otros partidos.

La gran mayoría de ellos tienen negros antecedentes dentro de la actividad política, y se conocen bien su baja condición ética y moral, y sus inclinaciones y adicciones por la ilegalidad, la indecencia y la violencia, de manera que podemos dar por seguro que, eligiéndolos a ellos y abriéndoles de par en par las puertas del poder, estaremos aceptando y dándole preferencia a una opción que es mil veces peor y más peligrosa que cualquiera de las otras. Y eso significa que habremos cometido el más grande y terrible de los errores. Uno que pondrá en riesgo el destino de este país que, con todo y sus grandes vicios y defectos, es el único que tenemos.

Defendámoslo con toda la fuerza de nuestra voluntad y convicción, sí, pero no cometiendo un irreparable suicidio colectivo.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com
En Tweeter soy @ChapoRomo

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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