Cuba y su herencia musical

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en Cuba y su herencia musical 7

Desde tiempos muy lejanos, las relaciones diplomáticas entre México y Cuba han mantenido un alto nivel de cordialidad, en ocasiones excelente. Pero no nada más lo han sido desde el punto de vista diplomático, como países afines en muchos sentidos, sino más que nada como pueblos hermanos que han compartido infinidad de situaciones, tanto favorables como adversas.

 

A lo largo del tiempo, y con bastante frecuencia, México ha representado un importante soporte para Cuba, particularmente en los tiempos difíciles que han vivido los habitantes de la hermosa isla del Caribe, y les ha brindado de manera invariable y constante una diversidad de apoyos, tanto de  gobierno a gobierno, como de un pueblo a otro en general. Los pueblos de Cuba y México son hermanos.

 

La corriente de empatía que existe entre ambos países es innegable, al margen de las diferencias políticas que pueden haber surgido de manera eventual. En especial desde que Fidel Castro logró hacer triunfar la revolución en contra de Fulgencio Batista, y se apoderó de por vida del poder y del control en aquel país. Recordemos que Fidel Castro estuvo entrenando una parte de sus huestes revolucionarias aquí en México, y que un día partió de nuestras costas hacia Cuba a bordo del histórico yate “Granma”, para iniciar su lucha revolucionaria desde las profundidades de la Sierra Maestra.

 

Referencia histórica: Granma es el nombre de una embarcación adquirida en forma clandestina en Tuxpan, Veracruz, por un grupo de cubanos liderado por Fidel Castro, exiliados en Abasolo, Tamaulipas, que conformaban el Movimiento 26 de Julio. Este barco fue posteriormente usado por 82 expedicionarios de dicho movimiento en el desembarco con fines revolucionarios que encabezó Fidel Castro, y en el que participaron Ernesto “Ché” Guevara, Raúl Castro, Camilo Cienfuegos, Juan Almeida Bosque y Ramiro Valdés, entre otros. El Granma zarpó de Tuxpan la madrugada del 25 de noviembre de 1956, y llegó a las costas orientales de Cuba el 2 de diciembre del mismo año, marcando el inicio de las luchas guerrilleras que culminaran con el triunfo de la Revolución Cubana. En la actualidad el barco se exhibe en el Memorial Granma, adjunto al Museo de la Revolución en La Habana.

 

Ha habido momentos en que las diferencias ideológicas han lastimado un tanto las buenas relaciones. En particular recuerdo el momento en que Vicente Fox, siendo presidente de México, con una inexcusable falta de tacto diplomático le dijo a Fidel, con motivo de una comida oficial “comes y te vas” ¿lo recuerdan ustedes? Detalles como ese, que para algunos fue motivo de bromas e hilaridad, y para otros de vergüenza y molestia, ha habido varios, y se pueden calificar como “prietitos en el arroz”, dentro de unas relaciones binacionales que, como ya he dicho, han sido magníficas en términos generales.

 

Pero donde la relación entre ambos países ha mantenido siempre un excelentísimo nivel, es en el campo de la música. Ahí el intercambio y la influencia han sido extraordinarios, en particular de allá hacia acá.

 

Yo tuve la oportunidad única y maravillosa de viajar a Cuba en el verano de 2003, convirtiendo en realidad un viejo anhelo que siempre consideré inalcanzable. La música cubana, en todas sus variedades, ha sido una de mis favoritas desde que empezó a despertar mi afición por la música, cuando tenía apenas 12 años de edad, así que cuando se presentó la oportunidad de viajar a La Habana, no lo pensé dos veces y encantado de la vida me sumé al grupo de técnicos y expertos en materia de agua que había sido invitado por la empresa “Agua de La Habana” para visitar las instalaciones que estaban construyendo allá, en una asociación-intercambio entre el gobierno castrista de Cuba y la empresa española “Agua de Barcelona”. Un viaje inolvidable del que en otra oportunidad les platicaré en detalle.

 

En muchos sentidos, Cuba es el país que ha dejado el mayor legado a la música popular del siglo XX, en particular por la gran cantidad de instrumentos de percusión que involucra su música típica, tales como la conga, el bongó, los timbales, las maracas, las claves, el güiro, el chékere y los distintos ritmos que son típicos, como el son, el bolero, la guaracha, el sucu-sucu, la rumba, la conga, el mambo, el cha-cha-cha, el danzón, la pachanga, el mozambique, el songo, la guajira, el montuno y algunos otros, buena parte de los cuales pasaron a formar parte de la música popular de México, donde fueron adoptados y adaptados al gusto de los mexicanos, y modificados por los compositores e intérpretes de nuestro país.

 

Les propongo echar a volar la imaginación y dejarla volar hacia la isla que no ha perdido su hermosura, a pesar de las penalidades y los sufrimientos… Caminando por las calles de La Habana, entre los viejos y hermosos edificios semi-derruidos y en franca decadencia, se puede escuchar por doquier una prodigiosa marejada sonora, una nueva timba que emerge de la terraza de un café, un estruendoso rap que sale por las ventanas de un apartamento, diálogos modulados que vuelan de un balcón a otro, o de una ventana a otra, alargando las últimas sílabas y el timbre de las voces añosas, las voces gangosas heredadas de África, tambores que resuenan en los patios interiores, una radio a todo volumen; los gruñidos de los cerdos y el canto de los gallos, animales que tras tantos años de penalidades se han convertido, incluso en las ciudades, en fieles compañeros de los cubanos en sus fatigas… un instante de silencio, y luego un hombre que pasa por la calle entonando un apasionado bolero:

 

“No existe un momento del día,

En que pueda apartarme de tí,

El mundo parece distinto,

Cuando no estás junto a mí…”

 

En Cuba todo, absolutamente todo es propiedad del gobierno, por lo tanto la gente carece de todo y no es dueña de nada. Pero nada ni nadie le puede arrebatar a ese pueblo indomable su alegría y su amor por la música, el baile, y la cultura en general. La gente puede tener apenas qué comer, pero ríe, canta y baila todo el santo día. La música tiene la mágica capacidad de mitigar la tristeza, y tal vez la música sea incluso capaz de suplir todo demás que le ha sido negado a los cubanos por una revolución triunfante y exitosa para unos pocos, y fallida para muchos millones más.

 

En el siglo XIX llegaron a Cuba las romanzas francesas, los aires de la ópera italiana y las melodías napolitanas que constituyeron una importante fuente de inspiración para el variado repertorio de canciones locales; entre ellas cabe destacar “La Bayonesa”, canción que finalmente acabó adoptándose como himno nacional.

 

Por su parte, España dejó como herencia la tonadilla escénica y la zarzuela; entre 1910 y 1920 aparecieron las criollas, canciones a menudo impregnadas con ecos afrocubanos como Criolla Calabali, una canción que interpretaba el grupo Sexteto Habanero a mediados de la década de 1920, y las romanzas como María La O, Cecilia Valdés o María Belen Chacón. Con los años, todas estas canciones fueron reemplazadas por el bolero criollo que surgió en Provincia de Oriente a finales del siglo XIX, lento y sentimental, pero con un ritmo muy marcado, por lo general con un bongó. Este empezó siendo exclusivo de trovadores como Compay Segundo, quien acompañaba su canto con una guitarra, y que se diera a conocer en el extranjero a mediados de la década de los 90’s del siglo XX. Posteriormente, esta clase de bolero cantado a dos voces, fue interpretado por varios tipos de formaciones musicales, incluidas las grandes orquestas cubanas.

 

El son

Con distintas variantes locales como el nengón, el kiriba, el chagüi o el sucu-sucu, el son se constituye definitivamente como la columna vertebral de la música popular cubana, y también de la salsa en versión estadounidense. Los músicos lo suelen combinar de manera totalmente natural con otros ritmos como el bolero (bolero-son), la guaracha (son-guaracha) o el danzón (danzón-son), y de hecho actualmente existe el son-rap. El son es, terminante y definitivamente, el monarca indiscutible dentro de la música cubana.

 

El bolero

La etapa más rica del bolero cubano transcurre entre 1943 y 1955, una década verdaderamente de oro. Es la hora en que culmina la unión de la la lírica cancionística tradicional, con la buena influencia de la canción norteamericana y mexicana, y se vislumbra un nuevo feeling. “Lágrimas Negras” composición de Miguel Matamoros, fue el primer bolero-son, un género mixto que hoy llamaríamos de fusión entre los dos géneros.

 

Compositores de canciones como el inmenso Ernesto Lecuona, Eusebio Delfín y Sindo Garay; y de boleros eternos como los inmortales César Portillo de la Luz, Frank Domínguez y José Antonio Méndez, entre muchos otros, dejaron para la posteridad hermosas composiciones como “¿Y Tú Qué Has Hecho?”, “Perla Marina”, “Tú, Mi Delirio”, “Tú Me Acostumbraste”, “Contigo En La Distancia”, “Novia Mía”, “La Gloria Eres Tú”, “Imágenes” y una infinidad de bellas melodías inmortalizadas en las voces de monstruos de la canción y del “feeling” cubano como Ma. Teresa Vera, Amelita Frades, Omara Portuondo, Esther Borja, Lino Borges, Elena Burke, Fernando Albuerne, Martha Pérez, Olga Guillot, Pablo Milanés, Celeste Mendoza, Fernando Álvarez, Héctor Tellez, Teresa García Caturla y tantos otros inmortales de la canción cubana y el feeling cubano.  

 

La guaracha

Nacida en el siglo XVIII en las tabernas y prostíbulos del puerto de La Habana, es un tipo de canción o baile estrechamente emparentado con el son, pero con un ritmo más vivo y letras más picantes y humorísticas. Durante el siglo XIX la guaracha se introdujo al teatro buffo, un teatro de vodevil de origen napolitano pero con percusiones típicamente cubanas, y más tarde, en el siglo XX, pasó a formar parte del repertorio de las orquestas de baile.

 

El danzón

A finales del siglo XVIII, los franceses migraron a Cuba trayendo consigo la “contradanza”. En 1809 un periódico puritano de La Habana declaraba escandalizado que la contradanza importada era “un invento indecente, diametralmente opuesto al cristianismo; tanto sus gestos y movimientos lascivos como su obscena vulgaridad que enerva el cuerpo y excita los sentidos, e incitan a la concupiscencia”.

 

A pesar de ello este baile, símbolo supuesto del libertinaje, acabó imponiéndose, y tras impregnarse de los ritmos africanos del país, se transformó en la llamada “contradanza”. A su vez, con el tiempo la contradanza evolucionó, convirtiéndose en “danza”, hasta terminar finalmente por dar lugar al danzón, a finales del siglo XIX.

 

En un principio el danzón, originario de Matanzas, era interpretado por las típicas orquestas formadas por vibrantes cobres -o vientos-, el güiro, y unos timbales especiales descendientes de los timbales militares que los soldados negros de los batallones habían introducido a finales del siglo XIX. Fue así como a mediados de la década de los años 20s pasó a ser interpretado por las charangas, unas formaciones musicales más ligeras a base de violines, flauta, güiro, contrabajo, piano y paila.

 

El cha-cha-chá

Popularizado hacia 1952 por la orquesta América, este ritmo sacudió e hizo trepidar a toda La Habana. Según cuenta Enrique Jorrín, su autor, el nombre cha-cha-chá está inspirado en el chasquido que hacen los bailarines al arrastrar los pies por el piso. Al poco tiempo, tanto la Orquesta Aragón como la orquesta Riverside y la de Noé Fajardo, incorporaron definitivamente el cha-cha-chá a su repertorio, y enseguida este baile consiguió conquistar al mundo entero, en especial a México.

 

En 1940 Fulgencio Batista fue electo presidente, y a lo largo de toda esa década proliferaron los clubes de música y surgieron nuevos cantantes como Celia Cruz y Celina González “La Reina de la Canción Campesina”, cuyo gran éxito “Santa Bárbara”, está inspirado en la santería. En 1948,  Enrique Jorrín dio a luz al cha-cha-chá con su gran éxito “La Engañadora”, y su estribillo que dice: “al Prado y al Neptuno, iba una chiquilla que todos los hombres tenían que mirar…”. Seguramente todos ustedes lo recuerdan.

 

En esa misma época el gran rival del inmortal Arcaño, el genial tresero y contrabajista Arsenio Rodríguez (apodado “el ciego maravilloso” a causa de su ceguera y enorme talento musical), creó un nuevo tipo de orquesta de son: un conjunto compuesto por tres trompetas, piano, contrabajo, tres congas y cantante. Este inmenso artista más tarde se fue de la isla a radicar en España, para finalmente establecerse en Nueva York, donde murió en 1971.

 

Este modesto compendio que les he ofrecido nos propone un recorrido por los ritmos más populares de la música cubana. Faltarían desde luego otros ritmos igualmente populares, como por ejemplo la rumba, la conga y el mambo, que también se apoderaron del mundo, pero esos tendrán que quedar pendientes para otro momento, desde luego, si Dios lo permite.

 

En esta ocasión les he presentado un viaje relámpago por los ritmos más importantes y los artistas más emblemáticos de Cuba, que dieron vida y popularizaron los géneros musicales descritos, y que con sus voces, instrumentos, conjuntos y orquestas fueron marcando la forma como esta música maravillosa, embriagante, melodiosa y subyugante ha trascendido no solo a lo largo y ancho de la hermosa isla caribeña, sino a través de todo el continente americano, y la mayor parte del planeta. 

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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