Adiós 2018… Bienvenido 2019

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en Adiós 2018… Bienvenido 2019 45

31 de diciembre de 2018. Último día de un año muy difícil de describir, y aún más difícil de catalogar. Para muchos fue un año pletórico de hechos y sucesos venturosos, para otros tantos fue todo lo contrario. Como se dice coloquialmente, “cada quién habla según le haya ido en el baile”. Independientemente de los casos particulares, y dígase lo que se diga, el principal evento ocurrido en 2018 fue sin duda el resultado de las elecciones realizadas el domingo 1º de julio. Esa fecha ha quedado esculpida en la placa de granito de los sucesos nacionales más importantes de los últimos cincuenta años, y quizá más. Probablemente en lo sucesivo se diga en nuestro país: AD2018 y DD2018, como si se tratara de un nuevo advenimiento. Y de alguna manera, y visto desde cierta perspectiva, tal vez lo haya sido.

Aunque es totalmente cierto que nuestras vidas privadas y familiares no tienen necesariamente que circunscribirse a los sucesos políticos, también es muy cierto que los sucesos políticos, y las decisiones que toman los gobernantes, influyen dramáticamente en la cotidianeidad del pueblo mexicano, cualquiera que sea la clase social, pero de manera muy importante en las clases sociales medias e inferiores, que por razones obvias son las más vulnerables, aquí en México y en cualquier otro país del mundo. Y sumando esos dos sectores de la población, estamos hablando de las cuatro quintas partes de la población del país. Como si dijéramos: nada, pescadito.

Hoy se cumplen seis meses de haber triunfado, finalmente, el movimiento encabezado por un líder carismático, aunque lleno de contrastes, de luces y de sombras. Este movimiento, convertido en partido político, se ha nutrido de toda clase de especímenes provenientes de los distintos partidos políticos y corrientes ideológicas que existen en el espectro nacional. Mayormente son figuras de dudoso perfil ético y moral, que huyeron de sus respectivos reductos para buscar mejores oportunidades en la fuerza emergente de una izquierda no interesada en la calidad, sino en la cantidad. Es decir, se trata de mercantilismo político vil.

Al convertirse en el Gobierno Constitucional de México, y al controlar buena parte de los congresos estatales y federales, así como de muchas de las presidencias municipales a lo largo y ancho del territorio nacional, esa mezcolanza humana amorfa y disímbola ha tomado el control político casi total del país, con las consecuencias que estamos empezando a ver y sentir. Hablando en términos generales casi en ninguna parte, por no decir de plano ninguna, los gobiernos y congresos controlados por MORENA han producido buenos resultados, vaya, ni siquiera medianamente aceptables.

Los ciudadanos, partidarios o no de la izquierda dominante, empiezan a rezongar y a exigir respuestas a sus necesidades más apremiantes. Y la exigencia se empieza a convertir en voz airada, y muy pronto podría convertirse en grito abierto, en manifestaciones callejeras por todas partes. Más furia… más ruptura… más desmadre, pues.

Seis meses apenas, y el país en general acusa los efectos de los dichos populacheros y de los actos desconcertantes de un presidente por demás sui-generis, que en ningún momento ha perdido su esencia de líder de plazuela, sin importar que su plazuela sea ahora el Palacio Nacional, desde donde pronuncia a diario sus mensajes tipo homilía sacerdotal, en sesiones soporíferas que anulan cualquier virtud que pudiera tener el mensaje que se lanza hacia los cuatro puntos cardinales del país. Sumado a las acciones y proyectos anunciados, esta situación mantiene sumido en el desconcierto y la incertidumbre a la casi totalidad del país.   Este escenario es el que tenemos a la vista al cerrar este año 2018, que en lo particular califico como aciago, término que según los diccionarios de la lengua significa desgraciado, de mal agüero.

Dentro de pocas horas empezarán a sonar las doce campanadas que marcarán la terminación del año 2018, y el principio de 2019. Y se escucharán por doquier los brindis con champán de importación o con aguardiente del más barato, deseando que el año que viene sea mejor que el que se fue, y que para todos haya dicha, paz, amor, trabajo, progreso, éxito económico y salud. Salud, en especial y sobre todo, es el deseo que domina, o debe dominar, porque si no hay salud todo lo demás pasa a segundo término y pierde importancia.

La salud de nuestro cuerpo es sumamente importante, lo sabemos, y por ello debemos cuidarla con esmero. Pero también la salud de los poblados, ciudades y entidades es igualmente importante, porque en esos lugares vivimos y desarrollamos nuestras actividades diarias. Y desde luego es fundamental la salud política, social y económica del país, que es la envolvente que cubre en su totalidad el territorio nacional, y a todos y cada uno de los 130 millones de seres humanos que lo habitamos.

Salud política, social y económica para México… ¿Es solo un buen deseo de principio de año, desprendido de los vestigios de buena voluntad que puedan quedarnos como pueblo dividido y confrontado? ¿Es acaso una oración anhelante y esperanzada, que brota de los corazones de los millones mexicanos que aún creemos en el destino maravilloso que le espera a nuestra patria? ¿O es un simple formulismo retórico, vacío y sin sustancia, un analgésico mental para calmar los temores y las incertidumbres que nos atenazan el corazón y nos mantienen en suspenso?

Salud política, social y económica para nuestro México… brindo por ese sueño que en este momento representa todos nuestros anhelos. Brindo con la copa rebosante con el licor de la ilusión, y la alzo en señal de esperanza hacia el especio del año que nos espera, y que no podemos imaginar lo que nos traerá. Pero ante todo y sobre todo, brindo por que recuperemos los mexicanos la salud mental, y arrojemos a la basura el odio y el rencor que nos han inoculado en el corazón y en el cerebro, en dosis masivas de propaganda insidiosa y perversa.

Podemos y debemos cambiar la idea funesta de que nuestro futuro tiene que ser de unos contra otros, sino que es de unos por los otros y con los otros, en una suma virtuosa, y no una división suicida.

¿De cuándo a acá la voz de un orate y de la multitud de orates que lo siguen, entonando a coro sus consignas, tiene precedencia sobre la naturaleza de un pueblo pacífico como el nuestro, pero al que se le está enseñando a odiar, a romper la unidad, a destruir el país que hemos construido, y a demoler las instituciones que lo sostienen y dan sentido? Por demencial que parezca, es lo que está sucediendo, ante nuestras narices y sin que hasta el momento hagamos nada, o muy poco por oponer resistencia e impedirlo.

Bienvenido 2019. Eres un año que llega trayendo los peores augurios generados por los desatinos y los mega errores que se han estado cometiendo, pero también eres un año que llega cargado de buenas vibras, gracias a la fuerza de las convicciones de millones de personas que nos negamos a arriar banderas y a entregar la plaza a los enemigos que nos cayeron encima, en los embates de las brigadas del odio y los batallones de la furia.

Si la fe en nuestras convicciones, y la fuerza de nuestra determinación conjunta, no son suficientes para exorcizarlos y erradicarlos, entonces estamos realmente perdidos, y no quiero ni imaginar lo que estaré diciendo al terminar 2019 y llegar 2020.

Espero su comentario en oscar.romo@casadelasideas.com
En Tweeter soy @ChapoRomo

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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