30 años no son nada…

Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en 30 años no son nada… 365

El día 7 de junio de 1984 se graduaba Óscar, el mayor de mis hijos. Y los hermanos lasallistas del Colegio Regis me pidieron que pronunciara el discurso de graduación a nombre de los padres de los muchachos de la generación 1981-1984. 30 años han pasado desde aquella mañana en que en el Auditorio Cívico del Estado pronuncié el discurso que me abrió las puertas a las páginas de El Imparcial -que por aquellos días dirigía el inolvidable amigo José Alberto Healy Noriega- y que, dicho sea de paso, entonces era un periódico totalmente diferente al que se conoce hoy en día.

El sábado pasado se graduó de preparatoria mi nieta mayor, hija precisamente de mi hijo Óscar, y fuimos mi esposa y yo a acompañarla a ella y a sus padres. Y mientras transcurría la ceremonia, se agolparon los recuerdos en mi mente, y de pronto se me ocurrió que sería buena idea rescatar del olvido aquel discurso, para ofrecérselo como tributo de orgullo y cariño a mi nieta Ana Sofía, y a los miles y miles de jóvenes que están egresando de las escuelas preparatorias de todo el país, listos para empezar una nueva etapa en sus vidas. 

Con profundo respeto, aquí les ofrezco aquel viejo discurso, esperando que haga cabal justicia a un momento tan importante y trascendente en la vida de cualquier familia, sin importar su origen, credo o situación económica y social…

¿De qué están hechos los sueños de un joven?

¿Qué ingrediente intangible y misterioso los convierte en una de las fuerzas más poderosas que se conocen?

¡El joven y su cauda de sueños…!

… Y nunca se es más joven, ni se tienen más sueños e ilusiones que en esta edad incomparable y maravillosa…

Hijo mío:

Y bien, aquí estamos. El gran día por fin llegó. Este es el momento tan ansiado, tan largamente esperado.

Este es tu día… tu momento… tu hora… La etapa se ha cumplido y lo has hecho tú, a tu manera y con tu esfuerzo… Y yo he tenido el privilegio maravilloso de haber caminado a tu lado a lo largo del camino… aunque a veces tú hayas creído que marchabas solo. Cierto, hubo momentos en que quedaba yo rezagado… Eres tan joven y tus pies son tan ligeros… Eres tan joven y tan impaciente y tan impetuoso… A veces tu paso era demasiado brioso para mí… Pero siempre estuve ahí o, en el peor de los casos, siempre pretendí estar…

Cierro los ojos y me parece ver transcurrir, como en movimiento retardado, los años de tu vida hasta este momento: Tu nacimiento, el día de tu bautizo, tu primer diente, tus primeros pasos titubeantes, tu primer día de escuela… ¡Tantos y tantos primeros sucesos!… Y yo siempre junto a ti… Y a mi lado siempre tu madre… ¡Si tú supieras, hijo!… Si tú pudieras imaginar cuánto amor pusimos ambos –tu madre y yo- en tu copa… Día a día, mes a mes, año tras año… en ti, fruto de nuestro amor y esperanza de nuestras vidas… En ti, orgullo y tesoro nuestro…

El camino hasta aquí no ha sido fácil, yo bien lo sé. Te he visto tropezar, y caer, y levantarte. Te he visto perder a veces el rumbo y luego recuperarlo… Y he sufrido y me he angustiado porque no podía evitártelo, y porque, al fin y al cabo, era tu camino y no el mío. Por eso simplemente sufrí… y continué contigo la jornada… Y ahora, hemos llegado hasta aquí…

Dame un momento de respiro y continuamos –ya no soy tan joven ¿sabes?- Pero por lo pronto hagamos un pequeño alto en el camino para luego proseguir… ¡Qué bien te ves, con tu toga y tu birrete…! Todavía recuerdo cuando yo… ¡Pero no! ¡No es mi día, sino el tuyo!… Y por Dios que te ves bien… Y mira a tu madre ¡Cómo le resplandece el semblante! ¿No crees, hijo, que ello solo paga con creces todos los sacrificios que has hecho y todas las penalidades que has pasado?

Este es tu día, hijo. Toma mi consejo y disfrútalo plenamente; apura hasta la última gota de felicidad que este día te brinde… porque nunca volverá a haber, para ti, otro día como este. ¡Oh sí! Te esperan sin duda otros momentos cumbres: La universidad, tal vez un posgrado… pero recuerda esto: Ninguno será como este y ¿sabes por qué?… Porque nunca volverás a tener esta edad, y esta edad… ¡Ay hijo! Con razón se dice que lo único malo de la juventud es que hace falta experiencia para disfrutarla, y cuando al fin esta se adquiere, los años dorados ya volaron…

Aquí y ahora se bifurcan los caminos. Tus compañeros y compañeras y tú mismo tomarán rumbos distintos, acometerán cada uno otras empresas, establecerán nuevas metas, se dirán: Hasta pronto… ¡Y nunca volverán a ser los mismos!

Ha llegado el momento, hijo, de abrir las puertas de la jaula y dejarte volar… Tus alas ya son fuertes… ¿Hasta dónde te llevarán…? Hasta el infinito, si sabes soñar y luchar por convertir tus sueños en realidad. Vuela pues, hijo, vuela alto… vuela siempre… ¡Tu sino es de águila! ¡Tu espacio vital, el universo! ¡Tu equipaje, la ilusión! ¡Tu carburante, la esperanza! ¡Vuela… vuela siempre, que para eso has nacido libre…! ¡Nunca habrá cadenas que impidan tu ascenso, pues al fin y al cabo fuiste creado con un alma invencible e inmortal!

Tu tiempo es largo, el mío cada día un poco más corto… Pero vivo en ti y por ello me haré presente en cada paso que des al reanudar el viaje. Si tú lo permites seguiré contigo, a mi manera y según mis fuerzas, pero siempre me encontrarás cerca… ¡Ahí estaré!… A un lado o un poco atrás, pero siempre cerca… Atento, curioso, satisfecho, triste o feliz, pero siempre cerca de ti… Como una sombra amorosa, como un refugio, como un apoyo, como un estribo… como un amigo, que un amigo al fin y al cabo es –según lo entiendo- todo eso y mucho más.

De ahí que nosotros, los padres, anhelamos siempre proyectar nuestra relación con los hijos primero hacia la amistad, antes que otra cosa y porque –verdad universal e inmutable- un amigo, hijo mío, es un tesoro, un don, una bendición que se nos da… Y sin embargo, cuán frecuentemente olvidamos que un amigo es un trozo de gloria que Dios mismo nos ofrece con su mano bendita.

¡Sueña…! ¡Sí… Sueña con sueño de gigante! Extiende tu mente al firmamento y no despegues tus plantas de la tierra… Así, haciendo contacto con el cielo y con la tierra tendrás siempre tu cuerpo mortal y tu alma eterna en equilibrio, balanceados… ¡Sueña, hijo…! ¡Que tus sueños sean siempre de justicia, de igualdad, de amor! ¡Que tus sueños te proyecten hacia arriba, hacia el cosmos, cada vez más alto… A esas regiones donde todo es más luminoso y transparente… Donde existe la verdad y se pregona… Donde los hombres bendicen al Señor por el simple hecho de haber sido creados!

¡Sueña…! ¡Sueña…! Y cuando algo o alguien interfiera con tus sueños ¡Pelea! ¡Lucha con denuedo, ferozmente, con todas las fuerzas de tu alma, lucha! ¡Jamás claudiques, jamás desmayes, jamás admitas que te han vencido!… Si te has visto obligado a poner la rodilla en tierra porque es dura la batalla… ¡Arriba! ¡Levántate y vuelve a la contienda! ¡No estás solo ni un momento! Con las armas que llevas nadie puede derrotarte… Nadie puede arrebatarte tus sueños y nadie podrá vencerte a la hora del combate.

Hijo mío, piensa un poco en esto: Tú eres como un molde… un recipiente que tu madre y yo recibimos del cielo y en cuyo interior fuimos responsables de depositar los ingredientes necesarios para formar UN HOMBRE DE BIEN… así, con mayúscula y acento en el bien. A ello hemos dedicado todos estos años de vida. Conscientes de que la tarea era difícil y reconociendo que nuestras limitaciones eran muchas, buscamos ayuda en todas partes y conseguimos formar un equipo formidable: Tus maestros -maravillosos todos ellos- tus amigos –insustituibles- todas aquellas personas que a lo largo del proceso han aportado algo para llenar el molde… ¡Cuánta dedicación, cuánto amor y cuánto afán se ha requerido…! Y el resultado creemos que ha valido la pena.

Hoy sales a la vida, ansioso, limpio, altivo y lleno de ilusiones… Hoy emprendes una nueva jornada… ¡Adelante con ella! Viaja sin temor… Tu maleta ya está a punto… No lleves exceso de equipaje… Deja a un lado todo aquello que te estorbe… Arroja sobre el hombro la maldad y el egoísmo, la envidia y la avaricia, la pereza y el temor. Deshazte también de la soberbia y de todo el lastre que nomás te resta fuerzas… ¡Eso es…! ¡Así está mejor! No necesitas llevar nada más… Con tu alma joven llena de espíritu cristiano no necesitas ni una cosa más! Todo está ahí, todo lo que tus padres, tus maestros, tus amigos, toda la gente que te quiere hemos depositado en el molde, está ahí, listo, refulgente, ansioso de ponerse a prueba…

¡Adelante, hijo mío! Fuerza y decisión… y el mundo será tuyo… Vigor y entrega… Y entonces, tu paso y de todos los jóvenes que marchan juntos se escuchará por todos los confines y hará que la Tierra toda se estremezca… ¡Paso… Abran paso…! ¡Ahí va nuestra esperanza!

* * * * *

 ¿De qué están hechos los sueños de un joven? Y, si a eso vamos ¿De qué están hechos los sueños de un padre?

Yo no lo sé, y ante tamaño misterio y ante tan grande ignorancia permítaseme al menos pedir, con devoción y humildad: ¡Conserva siempre, Señor, los sueños de nuestros hijos! Los nuestros, Señor, ¡Se han realizado este día!

Por  favor, envíeme su comentario a continuación, o bien a oscar.romo@casadelasideas.com

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Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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