Un niño que no pudo llegar a la playa

Mario Velázquez García, Recientes No hay comentarios en Un niño que no pudo llegar a la playa 119

La muerte de Aylan Al- Kurdi

Uno de los debates más importantes en la ciencia social es sobre la cohesión social; es decir el conjunto de reglas, instituciones, símbolos y formas de relación social que permiten la reproducción de la sociedad. Durante toda la historia de la humanidad han existido periodos donde la cohesión social desaparece entre dos o más grupos y comienza una lucha por la sobrevivencia. No hace falta enumerar las distintas guerras o maneras por demás crueles que los hombres han ideado y siguen creando para matarse.

Una de las grandes promesas de la ilustración, este cambio cultural y político iniciado en Europa, era la creación de una sociedad donde la razón se convirtiera en el “faro” que iluminara el pensamiento individual y colectivo. Esto tendría como resultado una sociedad menos cruel y autodestructiva. Es decir mecanismos de cohesión social que ya no necesitaran actos como las ejecuciones públicas o las guerras.

Los regímenes fascistas- totalitarios surgidos a la mitad del siglo XX mostraron que aun dentro de sociedades modernas, democráticas, con un aparato legal consolidad y un Estado fuerte, -la Alemania nazi-, era posible generar aparatos de destrucción humana sobre sus propios ciudadanos y miembros de otros grupos. Pero con una gran diferencia como Hannah Arendt demostró. El aniquilamiento de personas no requiere necesariamente de la suspensión o destrucción total de la cohesión social total, -los alemanes continuaron haciendo una vida relativamente normal y placentera mientras millones de personas eran exterminadas en los campos de concentración de su propio gobierno,- únicamente era necesaria la suspensión selectiva de la protección que los nuevos aparatos totalitarios de poder (los Estados) otorgaban a un grupo de personas o a sujetos específicos. El mal, entendido como la posibilidad de aniquilar a una persona o grupo, no era ya un problema moral, sino una cuestión relacionada a definiciones jurídicas y administrativas: los nuevos Estados no matan por maldad sino bajo la justificación de un conjunto de principios racionales.

 Aylan Al- Kurdi de tres años murió en el mar cuando la pequeña balsa en la que viajaba con un grupo de refugiados sirios naufragó cerca de la costa de Turquía. La familia de este niño acababa de ser rechazada por el gobierno de Canadá en una petición de asilo político. ¿Quién mató al pequeño Aylan Al-Kurdi? ¿Quién lo forzó a vivir,- como dijo hoy el periódico The Independent-, en un constante miedo? ¿El gobierno sirio? ¿El canadiense, el turco? La respuesta es que todos ellos. Cada uno de ellos utilizó su aparato administrativo y judicial para negarle a este pobre niño la posibilidad de vivir, una vez que entró a una de las peores categorías de humanos para los estados contemporáneos: los refugiados.

La foto de este pequeño niño en la playa está causando una conmoción. Es tiempo de hacer algo más que llorar o enojarnos al ver una imagen de este tipo. Desde aquí me gustaría pedir al gobierno de mi país que retomara la vieja tradición mexicana de refugio y recibiera a estas personas que merecen lo mismo que cada uno de nosotros: vivir. Ojalá que alguien apoye, escuche y comparta esta petición. Nadie pude llamarse ajeno a esta tragedia social.

Dr. Mario Alberto Velázquez García

El Colegio del Estado de Hidalgo

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