¿Por qué nos odia Trump? La lucha de las razas en la actualidad

Mario Velázquez García, Recientes No hay comentarios en ¿Por qué nos odia Trump? La lucha de las razas en la actualidad 113

La actual campaña por la presidencia de los Estados Unidos ha significado un reto para el sistema político de este país. Algunas de las reglas sobre el comportamiento de los candidatos en su relación con los partidos y el electorado se han roto. Esto por sí mismo no resulta necesariamente una cuestión preocupante. Lo que resulta un foco de atención son algunos de los comportamientos, discursos y promesas de uno de los candidatos: Donald Trump. Su ascenso y elección como candidato republicano ha sido construida a base de un discurso de odio (racial) y de miedo. Aunque inicialmente el grupo que concentró sus ataques fueron los hispanos,- particularmente los mexicanos,- últimamente se ha centrado en  los musulmanes (de cualquier raza).

¿Cómo entender este comportamiento? ¿Por qué Donald Trump odia a los hispanos y a los musulmanes? Es posible encontrar una respuesta en los trabajos de Michel Foucault, principalmente en el libro “Defender la sociedad”, donde se reúne el curso de dictó en 1976. En estas clases el tema central fue la guerra en tanto modelo de las relaciones de poder.

En la clase del 21 de enero de 1976, Foucault analiza los discursos sobre el poder. Plantea la existencia de dos grandes modelos: el primero que él llama el “discurso de la soberanía”, el segundo es el discurso de la “lucha de razas”. El primer discurso busca justificar el ejercicio del poder por parte de los vencedores. Este es el discurso de los reyes y es sostenido mediante una narrativa sobre el origen (divino o dinástico), la infalibilidad y el derecho; todos ellos como narrativas que legitiman el poder. El imperio romano fue un ejemplo claro sobre el uso de este discurso.

El segundo discurso fue construido, en un principio, por aquellos grupos que comenzaron a cuestionar la narrativa de los vencedores, buscando hacer visible que la “gloria” de un imperio generalmente significaba la derrota y la desgracia para un grupo de gentes, que no eran considerados como parte de los vencedores. La biblia contiene un discurso representativo a este respecto. En este sentido fue la historia de los que quedaban atrapados o vencidos por una conquista militar o un grupo rival. Con el paso de los siglos, el discurso de la lucha de razas fue tomando un significado diferente para dejar de ser utilizado únicamente por los grupos subordinados, sin poder, para convertirse en una herramienta contra el poder establecido, contra el discurso de la soberanía. En este momento la idea de raza hacía referencia a un conjunto de gentes que compartían un conjunto de condiciones (de exclusión) frente a otro grupo con el que no podían mezclarse o tener proyectos comunes. Foucault ubica aquí el origen de los discursos revolucionarios; uno de los más significativos es sin lugar a dudas la lucha de clases.

Sin embargo, surge un segundo discurso derivado de la “luchas de razas”. Este resulta una respuesta desde la soberanía al cuestionamiento que estaban produciendo las revoluciones a su legitimidad. Este nuevo discurso de la lucha de razas, entiende esta última como la pertenencia a un grupo en términos biológicos. El discurso, racial se convierte en una promesa desde el poder soberano por mantener y preservar a un grupo separado y “puro” frente a aquellos que lo amenazan. Como dice Foucault, el discurso racial es el reverso del discurso revolucionario.

Estos elementos nos dan una nueva luz para entender el discurso de Trump: se trata de un discurso racial basado en una lucha de razas. Este personaje que busca ahora la presidencia de los Estados Unidos es un conservador; no sólo de la distribución actual de poderes en la sociedad norteamericana, sino porque comparte el interés de ciertas élites por justificar su existencia (y riqueza) por la tarea de preservar a una raza específica de la “contaminación” que significaría el contacto con grupos ajenos.

Entonces, ¿Por qué nos odia Trump? Porque ese odio le permite mantener un sistema de dominación, conservar la desigualdad dentro de la narrativa del que-no-triunfa-es-porque-no-se-esfuerza y genera una promesa sobre un pasado idealizado. No son casuales las semejanzas de Trump y Hitles, los dos están utilizando el mismo tipo de discurso racista que surgió de la narrativa de la lucha de razas. En este sentido, no existe razón para no esperar de un posible gobierno de Trump el mismo tipo de prácticas estatales de los nazis cuando utilizaron al aparato burocrático para eliminar a todo una raza.

Dr. Mario Alberto Velázquez García

El Colegio del Estado de Hidalgo

 

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