Planeta COVID-19

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Dr. Mario Alberto Velázquez García

El Colegio del Estado de Hidalgo

Estamos en el planeta COVID19. ¿Cómo sucedió esto? ¿Qué o quién nos trajo a esta situación? Para poder entenderlo, debemos dar un paso atrás ¿Dónde estábamos exactamente antes de que sucediera esta pandemia? Propongo una metáfora para saber dónde nos encontrábamos como sociedad antes de la pandemia: La humanidad en los tiempos de la globalización y de la sociedad líquida éramos un nuevoIcaro. Al igual que este personaje griego, construimos unas alas que nos permitieran volar. En nuestro caso este aparato de viaje estaba compuesto de las nuevas formas de comunicación, el comercio mundial, los distintos avances tecnológicos, el individualismo, el consumismo y una sensación de haber dejado atrás las divisiones entre los dos modelos político-económicos que protagonizaron la guerra fría del siglo XX, permitiéndonos transitar ahora por los dos rieles “firmes” de la democracia y el capitalismo en su versión neoliberal. Nuestro ascenso tomó una gran velocidad sin importar que cada vez más y más personas iban quedando atrás, rezagadas, hasta que COVID19 nos recordóque nuestras alas estaban unidas por cera y que sólo somos humanos dentro de un cuerpo vulnerable. Nuestro vuelo hacia una sociedad de consumidores nos acercó a nuestras utopías individualistas, pero también nos mostró la fragilidad de los modelos sociales que hemos construido; el calor del virus derritió nuestras alas.

Tal vez la novedad de nuestra situación frente a la de Ícaro es que nuestra caída al planeta COVID19 se produce en cámara lenta, pausada y diferenciada. Esto nos da la impresión de que algunos países o individuos lograrán salvarse y que serán otros los que caerán; cada uno quiere creer que el nosotros que nos arropa (nación, ciudad,religión, raza, clase, etcétera), en el último momento,retomará el vuelo y regresará a surcar los aires de los distintos deseos y consumos. Esto puede explicar, en parte, la marcada división internacional e interna con la que varios países atraviesan esta pandemia. Ante una amenaza mundial, cada país decidió buscar lo mejor para sus propios ciudadanos, al mismo tiempo, los grupos políticos internosluchan por el poder confrontando y atacando a las autoridades. Las tragedias lentas dan tiempo suficiente para halagar a los potenciales votantes, pero también para destruir a los rivales.

La angustiante lentitud de nuestra caída al planeta COVID19nos permite sujetarnos de una serie de artefactos que,pensamos, nos permitirán evitar tocar el suelo. Tres de ellos parecen predominar. El primero es la ciencia, que por medio de la investigación nos promete explicar y entender qué ocasiona este virus y cómo evitarlo. Este aparato de conocimiento, orgullo de nuestra especie, busca encontrar una vacuna para impedir la exposición de nuestra especie a las capacidades evolutivas de un organismo que nos invade.La ciencia también nos proporciona profesionistas para aliviar nuestras necesidades y angustias mentales, físicas, sociales y existenciales; médicos para curar nuestro cuerpo, psicólogos para lidiar con nuestra propia mente, sociólogos y antropólogos para explicarnos porqué necesitamos comprar cientos de rollos de papel higiénico o porqué algunos enajenados deciden atacar a las mismas personas que buscan ayudar a los enfermos en los hospitales.

El segundo artefacto social son los Estados- nación. Es sobre estos grandes aparatos legales, humanos, simbólicos y materiales en quienes hemos decidido ceder, voluntaria o involuntariamente, la responsabilidad general de enfrentar la situación presente; nuestras libertades a costa de nuestra supervivencia. Pero como este mismo estado está compuesto de personas que comparte nuestras dudas, incertidumbres e intereses políticos y económicos, algunos de estos estados han optado por reiniciarse o regresar del largo letargo neoliberal en que se encontraba a su última versión confiable, en este caso, un biopoder autoritario 2.0; los ciudadanos vuelven a ser tratados como adolescentesirresponsables que necesitan de los cuidados y castigos paternos para controlar sus impulsos; nosotros mismos somos la mayor amenaza y por nuestra propia protección somos confinados y vigilados. En el planeta COVID19 elteléfono celular es nuestro carcelero personal.

La epidemia generó una necesidad mundial por saber el qué, quién, cómo, donde y cuándo de este virus. Las redes sociales y el internet son este tercer aparato que nos da información sobre el planeta COVID19; navegamos en las redes tratando de reducir la incertidumbre sobre lo que pasa ahora y lo que vendrá. Pero las redes no son el espacio de la verdad o la claridad, sino al contrario, existe una sobre producción de noticias falsas, rumores, ataques, racismo, narrativas conspiratorias o cómicas. De la noche a la mañana, han surgido entre nuestros amigos y conocidosmiles de expertos en pandemias, virus, estadísticas, ventiladores y servicios de salud. En las redes, cada grupo o ideología se instala en su postura y moldea la información a su favor; cada uno tiene sus propios datos.

Mientras todo esto pasa seguimos cayendo, lenta pero inexorablemente. Pero no nos preocupemos, el planeta y muchas otras especies animales seguirán ahí cuando nuestras alas desaparezcan y nuestro cuerpo termine en el suelo soñando con el sol.

2 Comments

  1. Ignacio velazquez 13/05/2020 at 9:06 am

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  2. Juan Salamanca 13/05/2020 at 4:00 pm

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