¿Para qué sirven las ciencias sociales en caso de una pandemia?

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Dr. Mario Alberto Velázquez García
El Colegio del Estado de Hidalgo

La pandemia por el virus Covid-19 colocó la atención mundial sobre los profesionales de la salud que buscan, contra reloj, encontrar una vacuna y un tratamiento contra este mal que, hasta la fecha, ya registra más de un millón de infectados y 80 mil muertos a nivel mundial. Los gobiernos, asociaciones civiles y personas con recursos han anunciado millonarias inversiones en la investigación sobre este contagio. Esta crisis de salud ha puesto a la ciencia de vuelta en la mente de una gran parte de la población. Podemos decir que, en muchas sociedades, las ciencias de la salud ocupan ahora una posición muy importante, pero ¿Qué pasa con otras ciencias, como las sociales y las humanidades? ¿Son estas también importantes dentro de una pandemia? Aquí demostraré que tienen una importancia central.

Muy probablemente algunos han seguido en vivo o por repetición las conferencias vespertinas que la Secretaría de Salud Federal de México ofrece en punto de las 7 de la noche para informar la situación del Covid- 19 en México. Durante estas pláticas escuchamos sobre las diferencias que existen en el crecimiento del Covid-19 en México frente a otros países como Estados Unidos, Italia o España ¿Cómo explicar estas disimilitudes? Las ciencias sociales como el urbanismo y la sociología han creado conceptos que nos permiten dilucidar una respuesta: estos países se caracterizan por tener ciudades con una alta densidad poblacional (el número de personas que vive en un mismo espacio) y la cercanía de las personas está relacionada con la transmisión del virus, por ello resulta lógico que sea en las ciudades (Madrid, Milán, Nueva York) con una alta concentración de población donde se producen más contagios. También el concepto de movilidad urbana (desplazamientos de persona de un lugar de origen- destino que tiene lugar en las ciudades por cualquier medio de transporte) nos permite entender por qué son los adultos -jóvenes donde se presenta el mayor número de personas con este virus: este grupo de población es que presentan un mayor número de movimientos en su actividad cotidiana, por ello su riesgo de contagiarse es mayor.

Las medidas aplicadas de forma simultánea en una gran cantidad de países para que sus ciudadanos guarden un periodo de cuarentena no tienen precedentes. A nivel individual, pocas personas tienen una referencia concreta sobre los efectos que esto tendrá en su vida personal, familiar o social. A este respecto la psicología puede darnos valiosa información. Trabajos publicados en la revista “The Lancet” en Inglaterra concluyeron que el utilizar a la cuarentena como medida de salud pública frente al brote de Covid-19 requiere de una reducción, en la medida de lo
posible, de los efectos negativos asociados a este periodo de aislamiento. La cuarentena puede provocar en las personas síntomas de trastornos por estrés agudo: agotamiento, desapego, ansiedad, irritabilidad, insomnio, poca
concentración e indecisión, así como rechazo al trabajo. Estos artículos demuestran que los factores que resultan estresores durante la cuarentena son: la duración de la cuarentena, miedo a la infección, frustración, aburrimiento,
suministros inadecuados y tener información inadecuada. ¿Qué podemos hacer para reducir estos efectos negativos? Del lado del gobierno: mantener el tiempo de cuarentena tan corto como sea posible, proporcionar los suministros
necesarios, brindar toda la información disponible y prestar una atención especial a los trabajadores de la salud. Por el lado de las personas tres medias son importantes: reducir el aburrimiento (mantener rutinas y horarios de trabajo,
realizar tareas prácticas, tener hobbies, aprender nuevas cosas), mantener la comunicación (hablar por teléfono con personas cercanas, utilizar como moderación las redes sociales, comunicar a profesionales o amigos si se sienten
signos de depresión o ansiedad) y practicar formas de altruismo (comunicar a otros e introyectar que la situación propia de asilamiento beneficiará a los demás, ayudar a los negocios locales a mantenerse abiertos haciendo ahí nuestras compras, ayudar a un vecino que se encuentre dentro de la población de riesgo, etcétera).

Por último, estos días escuchamos a comunicadores, amigos y personas de todos los estratos sociales decir que está es una de las mayores tragedias que hemos sufrido; el Covid -19 es una especie de pequeño apocalipsis ¿Esto es cierto? La historia y la filosofía (particularmente la ética) nos ayudan a pensar en esto. En un artículo publicado en la revista Ethic (“2020: el año 0 de una nueva sociedad) nos invita a reflexionar sobre las enseñanzas que podría dejarnos esta pandemia. Uno de los puntos de partida del texto es que, en la historia de la humanidad, las enfermedades han sido potentes palancas de cambio de las sociedades. Unos cuantos ejemplos de ello son la peste del siglo XIV (d.C), la viruela y el sarampión que llegaron a América con la llegada de los europeos. Las pandemias son parte de la historia de la humanidad y generaron transformaciones que moldearon al mundo tal y como lo conocemos; como todas las anteriores generaciones lograremos superarla.

Una de las causas por las que esta situación genera una gran preocupación es por la incertidumbre sobre el futuro. Pero como bien sostiene David Barrado, el mañana ya está aquí y está generando cambios en el corto, mediano y largo plazo. En primer lugar, la pandemia esta provocando cambios en la manera que nos saludamos, pero también en convertir el trabajo a distancia en una opción factible para una creciente cantidad de empleos, así como también el acceso a una enorme cantidad de museos y bibliotecas que antes mantenían restringidas la visualización de sus colecciones, así como una reinvención de las formas de solidaridad y (re)conocimiento de las personas que viven a nuestro alrededor. Estos cambios al mediano plazo generarán cuestionamientos y posiblemente
transformaciones considerables en la manera en que vivimos en el espacio urbano; el aumento del teletrabajo puede disminuir el congestionamiento de tráfico, favorecer la descentralización y reducir la necesidad de redes urbanas
densas, así como transformar la idea de las ciudades como zonas de aislamiento individual y egoísmo, por espacios más solidarios y humanos. A largo plazo, esta pandemia está generando un discusión sobre los líderes de cada uno de los países, pero más importante, sobre el sistema económico, político y social que tolera y perpetua las diferencias en acceso a la salud y los medicamentos. En días recientes The Independent mostró que la población afroamericana de ciudades como Nuevo Orleans y Chicago concentra el 70% de los enfermos por Covid-19, debido a que ellos trabajan en los empleos considerados como prioritarios ¿Queremos (y podemos) seguir viviendo en una sociedad tan desigual? Esta es una de las preguntas que esta pandemia nos invita a responder.

2 Comments

  1. Oscat 16/04/2020 at 7:12 am

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  2. Juan Gabriel Santos Garcia 17/04/2020 at 12:01 pm

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