Los que aplauden el ataque a los indefensos

Mario Velázquez García, Recientes No hay comentarios en Los que aplauden el ataque a los indefensos 161

De las gradas del estadio de Boca Juniors y del Colegio de Sonora 

Philip Zimbardo escribió uno de los libros más influyentes de la ciencia social contemporánea El Efecto Lucifer. El porqué de la maldad. La pregunta fundamental que guía el libro es la siguiente: ¿Qué hace que la gente se porte mal? La respuesta que busca este autor no es espiritual, ni considera como válida una suposición inicial de la existencia de gente siempre buena y mala. Por el contrario, el trabajo demuestra que son las condiciones sociales las que pueden generar que la agente se comportarse de maneras no pensadas, incluso buscar dañar, hacer el mal a otros. Pero, ¿Qué es maldad? Zimbardo la define como: “…La maldad consiste en obrar deliberadamente de una forma que dañe, maltrate, humille, deshumanice o destruya a personas inocentes, o en hacer uso de la propia autoridad y del poder sistémico para alentar o permitir que otros obren así en nuestro nombre…”. En 1971 Zimbardo llevó a cabo el famoso experimento de la “Universidad de Stanford”, donde demostró que un conjunto de personas normales y sin ningún antecedente de comportamiento violento,- algunos de ellos autodefinidos como pacifistas,- en determinadas contextos institucionales como una prisión, pueden convertirse en malos  y estar dispuestos a cometer toda clase de abusos contra otros.

Esto sirve para explicar dos acontecimientos actuales:

El 14 de mayo en una cancha de futbol en Argentina estuvo a punto de suceder una desgracia de proporciones incalculables. Un grupo de aficionados arrojaron gas pimienta a los jugadores del equipo contrario (River Plate) al momento en que estos ingresaban al campo de juego. Este gas está diseñado para causar quemaduras en la piel y dejar a las personas ciegas mientras no se reciba la adecuada atención. En estas condiciones, con personas que necesitaban urgentemente atención médica, los aficionados que asistieron al estadio de Boca Juniors evitaron que los jugadores de River Plate salieran del estadio por más de hora y media bajo el grito de: “Aserrín, aserrán, de la Boca no se van””. Los jugadores del otro equipo (Boca Junior), lejos de interesarse por salvaguardar la integridad física de sus compañeros de profesión los increpaban por no estar dispuestos a reanudar el partido; estos mismos jugadores aplaudieron a sus aficionados que habían agredido a sus contrarios de River Plate. Incluso autoridades civiles de Buenos Aires que presenciaban el partido en calidad de fanáticos a este deporte, -las mismas personas que horas después condenarían lo sucedido,-  fueron grabados y fotografiados convertidos en uno más de los que gritaban e intimidaban a los futbolistas que habían sufrido el ataque químico.

El año pasado el Colegio de Sonora despidió al Dr. Eloy Méndez, Dr. Juan Milton Aragón y Dr. Mario Velázquez. La destitución se dio en tales condiciones que actualmente está en curso una demanda por despido injustificado. Esta actuación de las autoridades del Colegio de Sonora generó una corriente de indignación social que reunió a más de 150 investigadores del país y del extranjero así como sindicatos universitarios que mandaron diversas cartas al Colegio de Sonora pidiendo que rectificara una decisión, que a la opinión de todos los firmantes, resultaba totalmente injusta y arbitraria. Al interior del Colegio de Sonora ninguno de los investigadores, -algunos de ellos “articulistas” de periódico que han reivindicado en distintas ocasiones una bandera de izquierda-, se atrevió a levantar su voz. Al igual que sucedió en el estado de futbol de Argentina, los investigadores del Colegio de Sonora prefirieron dejar que la agresión a sus compañeros fuera perpetuada; aplaudir la agresión a los indefensos.

Aunque ambos casos tienen diferencias obvias pero también presentan similitudes considerables: existió un grupo que aun que no fue el ejecutor director de la agresión (los jugadores de Boca y los investigadores del Colegio de Sonora) decidieron tomar un papel pasivo ante el evidente daño hecho a otros seres humanos con los que tenían una relación gremial: de jugadores o de investigadores. Como lo explica Zimbardo, esto se puede explicar por una combinación de factores: 1) un cálculo individual donde se priorizan los interés (mezquinos sin duda). 2) la probabilidad que no se produzca un castigo un castigo social por su omisión de auxiliar al otro. 3) la existencia de un contexto social donde los abusos son justificados por una institución o autoridad.

En el futbol de Argentina la violencia se ha convertido en una práctica recurrente en los estadios. En el Colegio de Sonora los investigadores “siguieron órdenes” y actuaron por el “bien de la institución”. Los jugadores y los investigadores son percibidos normalmente por el resto de la sociedad como “buenas” personas, pero en estas circunstancias que mencionamos, decidieron actuar de otra forma, es decir hacer por acción o por omisión daño a otros. En un nivel moral su actuación es igual de reprobable, son igual de malos, que aquellos que decidieron lastimar de manera intencionada a los jugadores o los investigadores. Resulta un poco más inquietante el caso de los investigadores, personas con una preparación académica y en algunos casos una “alta” moral autoproclamada que tan fácilmente cayeran en la estrategia de lucifer; es decir en hacer malas personas. A todos ellos no les vendría mal leer el libro de Zimbardo, en uno de los últimos capítulos hace recomendaciones de cómo no caer en esta lógica de hacer el mal.

Zimbardo inicia su libro con una frase con la que quisiera terminar estas reflexión: “La mente es su propia morada y por sí sola puede hacer del cielo un infierno y del infierno un cielo…” John Milton, El paraíso perdido

 

Dr. Mario Alberto Velázquez García

Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

Leave a comment

©2012 Casa de las Ideas, Derechos reservados. l Sitio desarrollado por: Freaner Creatives

Search

Back to Top