Los museos y el recuerdo de nuestros difuntos

Mario Velázquez García, Recientes No hay comentarios en Los museos y el recuerdo de nuestros difuntos 70

El libro Siberia de Martin Ryšavý nos narra los viajes a esta zona del mundo de un joven checo. Como todo relato de aventuras, el camino que recorre es en realidad una búsqueda del personaje por encontrarse a sí mismo. En este caso, un micro cósmos (la vida de un hombre) describe un espacio macro (las sociedades postcomunistas) en su desencanto y falta de sentido después de la caída del régimen socialista. Para Ryšavý, el capitalismo y la democracia occidentales generaron un vacío existencial en su país.

Ante esta situación, el personaje viaja a Siberia buscando encontrar a los brujos (chamanes) de las tribus nómadas. Las viejas religiones pre- católicas y las prácticas culturales pre- soviéticas son presentadas como dos de los mecanismos mediante los cuales las personas buscan volver a reorientar sus sociedades y vidas personales. A diferencia de las novelas de Carlos Castaneda donde el joven antropólogo norteamericano termina convertido al chamanismo Yaqui, aun sin el buscarlo conscientemente, el personaje central de Siberia nuca logra encontrar a su Don Juan, y el contacto que tiene con algunos chamanes no le produce ningún momento de iluminación espiritual o mágica.

Sin embargo, uno de los sub- relatos que resulta más interesante es sobre el papel que desempeñan los museos en las sociedades actuales. Particularmente en aquellas donde existe esta disolución de la vida colectiva. Las aldeas nómadas siberianas, obligadas por el régimen soviético a dejar su vida nómada, sus tradiciones y religión, se debaten en una vida marcada por el alcohol, las peleas y la desidia. Los chamanes, objeto de la búsqueda del personaje, no están presente porque fueron fieramente cazados por el gobierno socialista, por lo que ya no existe ni siquiera una idea clara sobre los ritos, cánticos o leyendas. Es en este lugar donde los museos adquieren un papel central. Estas instalaciones, originalmente construidas como lugares que estudiaran y exhibieran los “irracionales” prácticas mágicas, se convirtieron en los únicos refugios para preservar los objetos y sus creencias.

El viajero descubre que un museo planeado por el régimen marxista fue construido no sin que antes se hiciera un entierro mágico en su base que asegurara la preservación sagrada de los objetos que ahí se depositaran. De igual forma, aún los trabajadores de estos museos eran reacios a exhibir e incluso exhibir algunos de los objetos o vestimentas utilizadas por algunos de los chamanes más famosos. Las gentes que visitaban el museo acudían ahí para orar, ver o tocar estos objetos. Esto le permite al personaje descubrir una función de los museos que no le era visible desde su sociedad laica; los museos como un instrumento para preservar aquellos elementos que simbolizan la unidad de una sociedad, el totem durkheninano. Un personaje de Siberia tiene esta “profecía” sobre los museos:

Según Fryodorov el museo se ha convertido en la institución central, literal la catedral de este asombroso proyecto de la reencarnación universal. Vio en el museo el último lugar donde aún se podía conservar de alguna forma el culto más noble que fue capaz de inventar la humanidad: el culto a los antepasados es lo único que distingue al hombre de la bestia, que vive sólo en el presente sin memoria. Únicamente el culto a los antepasados; dicho de otro modo, la oración en común de todos los vivos por todos los muertos. He allí el fundamento de la religión, y por ello es preciso conceder que en la actualidad no existe ninguna religión, en cuanto que alrededor de las iglesias ya no hay cementerios y en los cementerios -esos sagrados lugares- reina la infamia de la desolación, resultado de la decadencia de las relaciones de parentesco y su degradación en relaciones entre ciudadanos. ¿Quién ha de cuidar entonces de los monumentos? ¿Quién ha de devolverle el corazón de los hijos a sus padres? ¿Quién está obligado a renovar el sentido de los monumentos, un sentido que se ha perdido a causa de la desigualdad que penetra inclusive hasta el reino de los muertos? La respuesta: el museo, por supuesto. Es preciso levanta todos los huesos que han sido esparcidos de forma irreverente por la tierra y llevarlos al museo a fin de que aguarden allí dignamente el día en que la humanidad encuentre la manera de volver a hacerlos parte de cuerpos con vida. Es preciso transformar todos los cementerios en museos y las escuelas trasladarlas a los cementerios. El museo como depósito de antiguallas, objetos muertos e inútiles…He ahí la depravación de la idea más noble que existe sobre el museo! ¡El auténtico museo no es el final, sino el comienzo, el amanecer de la nueva vida de todos los Lázaros que se demoran en las sombras! Por ello el museo tiene que ser completo, universal, de otra manera la religión permanecerá como mera idolatría…. (629-630)

 

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