Latinoamérica tenemos un problema: las ciencias sociales y las protestas

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Dr. Mario Alberto Velázquez García

El Colegio del Estado de Hidalgo

En la actualidad gobiernos de América y Europa han mostrado de una manera clara su creciente desprecio por la ciencia; algunos cuestionando la veracidad de teorías como el cambio climático y otros, atacando a los investigadores por no ser afines a las políticas o posturas del gobierno en turno. En el caso de las ciencias sociales (antropología, sociología, economía, psicología, etcétera) el cuestionamiento es respecto al valor que tiene para una sociedad que el gobierno destine recursos a la preparación de estudiantes y el apoyo de personas dedicadas a estas ramas del conocimiento. ¿Cómo podemos decidir si vale la pena dedicar recursos públicos a este tipo de estudios? La respuesta está relacionada a entender el valor que tiene este tipo de saberes para entender los problemas actuales, por ejemplo, las protestas sociales en Chile, Ecuador, Bolivia, Perú y Haití.

Partamos de una imagen: Suponga usted que va conduciendo su vehículo. Todo ha estado saliendo de maravilla, es un día hermoso y todavía tiene delante varios kilómetros que recorrer antes de llegar a su destino. De repente se enciende una luz roja en el tablero que le indica que existe algún problema en el motor. Esto, por supuesto, es una molestia. Ante usted tiene dos opciones. La primera es ignorar la señal y seguir conduciendo, pretendiendo que no pasa nada y evitando en la medida de lo posible mirar ese preocupante destello rojo. La segunda opción es escuchar la advertencia y dirigirse directamente a un sitio que pueda asistirlo en saber qué le sucede al carro y arreglarlo.

En esta sencilla metáfora la sociedad es el vehículo que es conducido de buena, regular o mala manera por los dirigentes del país. No importa ahora quienes sean o qué pensemos de ellos. Lo significativo es lo que le pasa al vehículo y lo que hacemos con él una vez que este da señales de estar fallando. Al igual que sucede con un carro, las sociedades son capaces de manifestar una serie de fenómenos que sirven como una indicación signo de advertencia de que el funcionamiento ordenado, es decir un grado aceptable de coordinación y cooperación entre los distintos grupos e individuos, está deteriorándose o se ha roto; en este caso las protestas sociales (en Latinoamérica).Aquí es donde entran las Ciencias Sociales (CS), este conjunto de conocimientos nos otorga herramientas analíticas para comprender los síntomas, sus causas, consecuencias, pero principalmente, las formas de solucionarlos. Las SC tienen una serie de conocimientos, teorías y procedimientos que nos permiten tener una idea clara sobre cuáles son los daños en el tejido social que ocasionan la necesidad de ciertos grupos para tomar las calles. El conocer la serie de causas y motivaciones que están detrás de las protestas o de un grupo de individuos tome el camino de la violencia como forma de solución para sus demandas, nos permitirá plantear soluciones de corto, mediano y largo plazo.

Siguiendo con nuestra metáfora, dejar de apoyar o atacar a los que se dedican a las ciencias (sociales) es como quitarle a un automóvil el acceso a los servicios preventivos y de reparación que garantizan un funcionamiento ordenado sin contratiempos, y peor todavía, que en el momento en que se presente una crisis como esta, la solución sea planteada desde posturas radicales, simplistas o extremas. Las ciencias sociales no son un lujo burgués para reunir datos innecesarios y superficiales, son una herramienta fundamental para poder garantizar el funcionamiento y reproducción de las sociedades humanas.

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