La toma del capitolio en Estados Unidos y las protestas contemporáneas. Primera parte.

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Dr. Mario Alberto Velázquez García

Academia Mexicana de Ciencias

El presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump convocó a sus simpatizantes a una manifestación el día 6 de enero del 2021. Esta fecha fue elegida con sumo cuidado pues se trataba del momento en que las dos cámaras del Congreso de Estados Unidos tendrían que reunirse para otorgar la última ratificación de la victoria de Joe Biden como el nuevo presidente electo de los Estados Unidos de América.

Al encuentro con Trump, ahora sabemos, acudieron personas que en algunos casos pertenecían a grupos radicales de extrema derecha como Proud Boys y QAnon. Entre todos los asistentes, circulaban distintas teorías sin ningún sustento en la realidad (complo´s para nosotros) que los hacían creen que las elecciones habían sido un fraude en contra del candidato del partido republicado. A diferencia del histórico discurso del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas,- después del (ahí si¡¡) fraude electoral de las elecciones de 1988-, donde el político mexicano llamó a sus seguidores a seguir la lucha por la vía pacífica, Donald Trump hizo un discurso diseñado para enardecer a sus simpatizantes e instigándolos a que “fueran fuertes”, que acudieran al capitolio porque este era la “última oportunidad” para evitar que se consumara lo que él llamaba el “mayor fraude de la historia política de los Estados Unidos”.

En este tipo de manifestaciones siempre es posible encontrar al menos tres grupos de participantes: una minoría radical pero generalmente organizada en pequeñas células que acuden con propósitos diseñados con anterioridad; un segundo grupo mucho más numeroso de moderados que aunque están de acuerdo en grandes parte del discurso incendiario buscaban manifestarse pacíficamente; y un tercer grupo, compuesto por curiosos, periodistas y personas que de último momento decidieron asistir atraídos por la masa sin saber exactamente de qué iba todo esto.

Aunque el Capitolio de Estados Unidos es considerado “la casa del pueblo” es necesario cumplir con algunas mínimas reglas para que se permita el paso de las personas, por ejemplo, no portar armas. El 6 de enero, la manifestación que entró al capitolio parecía una ola que encontraba muy poca resistencia en su paso. La facilidad con la que las instalaciones fueron tomadas no se puede explicar sin un conjunto de elementos. Primero, la existencia de un pequeño grupo bien organizado de participantes que de manera coordinada instigaban al resto a continuar avanzando, al mismo tiempo que eran los que iniciaban los golpes, empujones y destrucciones que permitieron continuar al resto. Segundo, la sospechosa ausencia de fuerzas de seguridad extraordinarias con el objetivo de resguardar unas instalaciones estratégicas donde tendría lugar la sesión solamente del Congreso de los Estados Unidos de América; especialmente cuando era del domino público la postura de Trump y sus simpatizantes, así como sus intentos por detener el proceso. El presidente había solicitado a su vicepresidente que “patrióticamente” detuviera la sesión de validación de las elecciones, haciendo uso de su responsabilidad de presidir dicha reunión; esta petición de Trump constituiría en los hechos un golpe de Estado contra un gobierno que todavía no tomaba posesión del cargo.

Tercero, la complicidad de los policías que estaban custodiando las instalaciones y que decidieron dejarlos pasar, tal vez porque estaban de acuerdo con la protesta, o porque esta masa estaba en su mayor parte compuesta por blancos o por quizá porque no calcularon tener la capacidad de resistir, en todo caso, por la notoria la diferencia con la que estos policías decidieron cumplir su deber si lo comparamos con la reacción brutal y sin contemplaciones con los que las mismas fuerzas de seguridad reprimen, golpean e intimidan a los participantes de manifestaciones convocadas por grupos de izquierda o de personas afro-americanas.

En todo caso, el asalto de una masa de simpatizantes de Trump resultó una tormenta perfecta ante un sistema político que funcionaba bajo un supuesto fundamental: que todos los participantes aceptaban implícitamente que la democracia y sus instituciones es el único medio para dirimir las diferencias políticas. El que un político y sus simpatizantes tomaran la ruta de las medidas de fuerza como la vía para lograr sus objetivos significa el “¡Al diablo con las instituciones”! a la norteamericana. En el siguiente artículo analizaremos qué significa este grupo social que atacó el capitolio: un movimiento social o un intento de insurrección.

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