La sociedad mexicana el día después de la marcha y la huelga feminista

Mario Velázquez García, Recientes No hay comentarios en La sociedad mexicana el día después de la marcha y la huelga feminista 185

Dr. Mario Alberto Velázquez García

El Colegio del Estado de Hidalgo

 

México ha vivido dos días de contrastes. El día 8 de marzo miles de mujeres marcharon (muchas más de las que son contabilizadas por los gobiernos) en más de 60 ciudades del país. Las mujeres tomaron el espacio público en un número nunca antes visto en México, ahí estaban aquellas que tienen años dentro de la protesta social, pero también cientos de mujeres que nunca habían participado o que desde su juventud decidieron sumarse. Las concentraciones eran tan heterogéneas que representaban a todos los estratos sociales. Usando una clasificación social que la gente popularizó en estos tiempos, las fifís y las chairas estaban presentes por igual. Esta manifestación es, sin duda, un parteaguas en la historia de las protestas sociales en México.

Al día siguiente se realizó la huelga “un día sin nosotras” que provocó una paralización de la vida económica, política y social de nuestro país. Aunque no existen todavía cifras sobre la cantidad de mujeres que decidieron no acudir a sus trabajos, estudios u otras actividades, la ausencia fue notoria. Las calles, los transportes, los comercios y las oficinas de todo tipo lucían vacías o de plano cerradas. No obstante, a diferencia de la marcha, el paro si mostró los contrastes económicos y políticos del país; las paristas fueron mayores en áreas laborales y sectores económicos que les permitían realizarlo, mientras que aquellos grupos con condiciones laborales más precarias o informales no tuvieron la misma posibilidad de hacerlo o en menor número. Un caso llamativo fue la adhesión de mujeres del EZLN que participaron en esta protesta. También hubo mujeres que tomaron la decisión de participar o no, a partir de sus convicciones políticas pues el paro fue interpretado como un ataque al gobierno federal. No obstante, este es uno de las mayores huelgas cívicas jamás vistos en la historia reciente de México. Este es un resultado sorprendente si tomamos en cuenta que esta suspensión de actividades se organizó plenamente por medio de las redes sociales, es decir, fue un logro de coordinación social que sería difícil que algún partido político, organización o sindicato mexicano pudiera emular.

Entonces, el primer contraste de estos dos días fue sobre el uso del espacio público: el primer día las mujeres tomaron de manera masiva las calles y las plazas como una manera de retomar algunos de los lugares donde son agredidas todos los días y con ello mandar un claro mensaje de hartazgo ante esta situación. Al día siguiente el sentido de la protesta fue el opuesto: generar un vació en lo público ante la ausencia de las mujeres. Este buscaba demostrar el peso y la importancia que tienen las mujeres en todas las actividades que desarrolla una sociedad en un día normal.

Un segundo contraste es la respuesta gubernamental. La primera, minimizar el número de participantes. El gobierno de la ciudad de México reportó 80 mil manifestantes, lo que parece ser un dato inferior al número real; esta estrategia por parte de las autoridades de calcular a la baja la participación en las marchas que ellos consideran ajenas, tenemos que decirlo, es una constante que ha estado presente desde tiempos del gobierno priista.

Un tercer contraste es la respuesta de Andrés Manuel López Obrador. El actual ocupante de la silla presidencial se caracterizó durante su última campaña presidencial por ser un buen interprete de las preocupaciones e intereses del grueso de la población: el colocar a la corrupción y los privilegios como ejes de su campaña fueron una acertada interpretación sobre cuáles eran algunas de las principales inquietudes y razones de enojo de una buena parte de los votantes. Sin embargo, en esta nueva coyuntura nacional donde los temas de violencia contra las mujeres, acoso e igualdad entre géneros se han convertido en temas centrales de la agenda pública (principalmente gracias a las movilizaciones feministas) el presidente insiste en que sus prioridades, pero más significativamente sus estrategias, no van a cambiar. Para el presidente la lucha de las mujeres es una más entre varias y que, al igual que se les ha dicho históricamente a las feministas dentro de los grupos de izquierda, su causa debe esperar a que se resuelvan otros problemas, en este caso, la corrupción y la desigualdad social.

Cuarto contraste. La llamada cuarta transformación, aunque tiene una cara de gran apertura a las mujeres para participar en el gobierno, muestra una faceta conservadora. El día internacional de las mujeres el presidente hizo un repaso histórico de mujeres que participaron en las tres transformaciones del país, y dijo: “en la segunda transformación, en el movimiento de Reforma, no se puede omitir -y a lo mejor no le va a gustar a algunos, algunas que yo haya escrito- no se puede omitir la ABNEGADA, así, lo repito, la contribución abnegada de María Maza de Juárez…” La abnegación, que se define como “renuncia voluntaria a los propios deseos, afectos o intereses en beneficio de otras personas” suena, en el momento en que las mujeres plantean la imperiosa necesidad de que el machismo desaparezca, a un llamado desde la presidencia a que las mujeres renuncien a este deseo de su independencia. En otras palabras, el presidente perdió esa capacidad de interprete del “pueblo” y sus propios intereses y perspectivas de la sociedad, parecen alejarlo cada vez más de las demandas de una mayoría. Una que en este caso constituye la mitad de la población mexicana.

Leave a comment

©2012 Casa de las Ideas, Derechos reservados. l Sitio desarrollado por: Freaner Creatives

Search

Back to Top