La libertad de expresión y la lucha contra la violencia a las mujeres

Mario Velázquez García, Recientes No hay comentarios en La libertad de expresión y la lucha contra la violencia a las mujeres 72

El profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Marcelino Perelló era el conductor del programa de radio-UNAM Sentido Contrario. En la transmisión del 28 de marzo del presente año, el ex miembro del movimiento estudiantil de 68, hizo consideraciones de un contenido misógino e inaceptable alrededor del caso de violación a la joven Daphe en Veracruz, cometida por un grupo de jóvenes conocidos como los “Porkys”. No vale la pena repetir los dichos de Perelló, basta con señalar que se trata de ideas absurdas y que reflejan el machismo rabioso de este personaje. Me interesa discutir las consecuencias que tuvo este acto.

La UNAM hizo público un comunicado donde anunció que el programa Sentido Contrario salía del aire, dado que los comentarios expresados por Perelló “se oponen a los valores promovidos” por esta institución educativa y “normalizan la violencia y (se) oponen al concepto de equidad e igualdad de género”.

La cancelación del programa generó una discusión respecto a la libertad de expresión, ¿Una institución universitaria donde se discuten ideas como la UNAM debería cancelar el programa? ¿No tendría que ser la respuesta de la máxima casa de estudios la discusión abierta respecto a los dichos de Perelló para demostrar lo falso de sus argumentos? ¿Es la censura la mejor manera de tratar a los misóginos?

Los críticos a la decisión de la UNAM sobre cancelar el programa sostienen que, en una sociedad abierta y democrática, la libertad de expresión es un principio central; aunque no se compartan las ideas del otro este debe tener la posibilidad de expresarse. La censura supone la existencia de una escala de valores y censores que decidan qué puede decirse y qué no. El problema está en el cómo decidir cuáles valores y personas son las que pueden decidir por el resto respecto a las normas y formas correctas de pensar. La censura no requiere de la discusión, sólo impone un código único que debe ser respetado o sufrir las consecuencias. Sin duda, este mecanismo no es la vía por la que se puede terminar con las ideas machistas, por el contrario, al ocultarlas permite su reproducción. La victoria de Trump como presidente en Estados Unidos, entre otras cosas, mostró que posturas y acciones claramente machistas de este candidato no sólo eran toleradas, sino incluso compartidas por un sector considerable de votantes, entre los que se incluían, mujeres. La prensa y la “gran política” norteamericanas habían censuraron el machismo como un lenguaje “políticamente incorrecto”, sin embargo, estas posturas no desaparecieron dentro de la población norteamericana, por el contrario, continuaron siendo reproducidas de maneras soterradas.

En el caso de México los defensores de la libertad de expresión como principal valor de la democracia cometen un error al anteponer este principio frente a la lucha contra la violencia contra las mujeres. El libre discurso supone, antes que nada, sujetos que en igual de circunstancias pueden discutir abiertamente distintos temas. En México no existe todavía plena igualdad entre hombres y mujeres. El machismo se ha “cristalizado” hasta el punto de ser considerado como un comportamiento normal. Los dichos de Perelló lo demuestran, y como todos sabemos, su manera de pensar no es un caso aislado.

Entonces, cuando no existe igualdad (entre el discurso machista y la postura de igualdad de género) no podemos hablar de libertad de expresión para todos. En su lugar, lo que existe es que ciertos grupos pueden reproducir su forma de pensamiento que es normalizado y expresiones denigrantes como los del catedrático de la UNAM son continuos. Dicho en otra forma, la libertad (de expresión) no puede ser esgrimida como un principio superior en un contexto de desigualdad; primero tiene que establecerse la equidad para que todos podamos expresar nuestras opiniones. Esto es lo que explica prohibiciones contra discursos como el nazismo. Cuando un pseudo locutor sostiene un discurso machista en los micrófonos de una universidad no está ejerciendo su derecho a la libre expresión, sino colaborando a normalizar y mantener la violencia discursiva, moral y física sobre un grupo, en este caso las mujeres. Esto no significa que la libertad de expresión y la lucha contra la violencia contra las mujeres sean dos temas enfrentados, simplemente que el ejercicio del primero depende de su contexto social.

Dr. Mario Alberto Velázquez García

El Colegio del Estado de Hidalgo

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