El rompimiento de la modernidad y los nuevos movimientos sociales

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Dr. Mario Alberto Velázquez García

El Colegio del Estado de Hidalgo

La modernidad, este conjunto de procesos y formas de pensamiento que surgieron en el siglo XV, donde la razón se construyó como la herramienta principal para construir nuevos tipos de sociedad y donde el hombre y sus libertades tuvieran un lugar central, está rota. La modernidad fue un periodo donde la ciencia y los derechos humanos fueron principios generales que dieron sentido a una serie de transformaciones económicas, culturales y políticas. Esto terminó. Actualmente presenciamos el rompimiento de la modernidad. Esta fractura se debe a las persistencias e incluso crecimiento de las desigualdades entre países, regiones, ciudades, barrios, profesiones, razas, géneros e individuos. Las promesas de los gobiernos, los partidos y los distintos productos que cada día consumismos por llevarnos a un mundo mejor, con oportunidades para todos o producirnos mayor felicidad son claramente falsas; los hijos de los pobres tienen pocas o ningunas posibilidades de salir de la condición de sus progenitores sin arriesgan sus vidas en alguna actividad delictiva, mientras las minorías, las mujeres, los LGTB, los indígenas o los negros ven como sus vidas son valoradas y tratadas distintas por las autoridades, el marcado y el resto de las personas. Regiones enteras del mundo, al igual que la gran mayoría de los países, parecen estar condenados a un ciclo de pobreza, revueltas y destrucción de todo intento por mejorar la situación de sus ciudadanos.

El mundo después del Covid19 resulta impredecible y al mismo tiempo continúa siendo el mismo que antes. El primero de los actos no anticipados por nadie es una ola de movilizaciones sociales por el racismo y la violencia policial. El hecho específico que desencadeno estas protestas fue el asesinato de George Floyd el 25 de mayo en la ciudad de Minneapolis, por cuatro policías que participaron y/o miraron impávidos como una persona suplicaba por su vida mientras ellos insistían en “someterlo” a la autoridad. La muerte de esta persona fue la chispa, pero el Covid19 y las medidas tomadas por los gobiernos para intentar disminuir el contagio y las muertes de sus ciudadanos (el confinamiento y el paro de todas las actividades productivas no esenciales) fueron las que hicieron evidente que los distintos grupos sociales enfrentaban bajo circunstancias estructurales muydesigualdades este periodo. Este largo periodo de confinamiento fue lo llevó a mucha gente a tomar consciencia sobre su presente y futuro en un mundo tan desigual. Esto ha desencadenado dos semanas de movilizaciones en Estados Unidos, lo que sin dudaconstituye una de las protestas respecto a la violencia policial y racial más importantes en la historia de este país.

Segundo acto no predecible: lo que inició como una protesta, en primera instancia local, por la mala actuación de cuatro policías, se convirtió rápidamente en una movilización nacional y simultáneamente global. Esto contradecía, afortunadamente, una de las predicciones Post-COvid19 respecto al futuro de las sociedades una vez que terminara la pandemia: cada conjunto nacional voltearía su mirada a sus propios asuntos. Las protestas por el racismo y la violencia policial, primero en solidaridad por lo sucedido en Estados Unidos, se ha replicado en Inglaterra, Francia, México, Brasil, Italia y Australia contra las propias historias de abuso policial y discriminación de las minorías de cada país. Al igual que sucedió hace un año con el medio ambiente, el racismo y el abuso policial son dos movimientos sociales que trascienden las fronteras de un país. La globalización social sobrevivió al Covid19 y goza de cabal salud.

Las manifestaciones transcurren por dos vías, las de la explosión social que no encuentra otra manera deexteriorizar su enojo que con el destrozo de todo aquello que representa lo que la modernidad rota le negó: seguridad, trabajo e inclusión en los espacios públicos y de comercio. Por el otro, está la organización y el cambio de consciencias. Esta segunda vía toma mucho más tiempo, tiene resultados impredecibles en el largo y mediano plazo, pero sin duda, es a la que más temen los grupos que controlan los techos deacero y cristal de esta modernidad rota. La primera aduana de cambios para este naciente movimiento social es, sin duda, las elecciones en Estados Unidos. Una derrota de Donald Trump sería un mensaje contundente y concreto sobre las potencialidades de organización y acción de todos estos sectores que han sido sistemáticamente discriminados, encarcelados, asesinados, excluidos y olvidados. Pronto sociedades como la mexicana tendrán que verse en su propio espejo de discriminación; una nación mestiza con tanto desprecio hacia el color obscuro de la piel de sus habitanteso hacia las mujeres, está condenada a perpetuar un estado de guerra interna y soterrada.

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