El operativo en Culiacán: bienvenidos a las anarquías organizadas

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Dr. Mario Alberto Velázquez García

El Colegio del Estado de Hidalgo

Existen muchos textos y editoriales sobre el operativo realizado por la Guardia Nacional en la ciudad de Culiacán el pasado día 17 de octubre. Como sucede con cada tema, todos los que opinan se convierten repentinamente en expertos, – en este caso, – sobre operaciones militares, narcotráfico y situaciones de toma de rehenes. Más allá de apresuradas conclusiones que se dividen entre los que califican este acto de gobierno como una demostración del nuevo rumbo que busca pacificar al país o un fracasorotundo que demostró el poder que tiene un grupo criminal, me parece necesario tratar de analizar qué nos dice el “caso Culiacán” sobre la relación del nuevo gobierno con la misma estructura gubernamental y la sociedad. Propongo que una manera de poder entender esto es utilizar la teoría de las anarquías organizadas.

El gobierno es una forma de organización que, por mucho tiempo, se pensó que funcionaba a partir de un modelo burocrático donde existían una serie de objetivos definidos, una racionalidad instrumental que guiaba la elección de los mejores medios para lograr sus fines, una estructura de cargos y responsabilidades y un control estricto sobre quiénes eran los miembros de la organización y tomadores de decisiones. Sin embargo, este esquema comenzó a ser cuestionado dado que los gobierno, empresas y organizaciones civiles alrededor del mundo repetíanproblemáticas como el crecimiento de su tamaño, aumento en su presupuesto, bajo desempeño, lentitud en sus trámites, entre otros. Para explicar los problemas del modelo burocrático Michael D. Cohen, James G. March y Johan P. Olsen propusieron el llamado modelo de “bote basura” o las “anarquías organizadas”. En esta propuesta las organizaciones: 1) cuentan con preferencias (líneas de acción) que no están claramente definidas o sin inconsistentes; 2) la tecnología, -los medios y procedimientos específicos,- de la organización es poco clara y por lo mismo no es entendida por todos sus miembros; 3) la participación es fluida, es decir, no todos los miembros pueden utilizar el mismo tiempo y energía en participar en todas las decisiones, además de existir una variación en las personas que desde fuera de la organización se interesan en incidir; 4) las organizaciones funcionan en un entorno ambiguo, es decir, no existe una claridad y consenso sobre la realidad; 5) el flujo de problemas y  soluciones no están acoplados, es decir, existen soluciones esperando problemas y problemas que son transformados o de plano dejados de lado.

Si buscamos entender en una metáfora a las anarquías organizadas retomaremos la propuesta por James March:“Pensemos en un campo redondo, inclinado y con varias porterías, en el que los individuos juegan al balompié. Muchas personas distintas (pero no todas) pueden integrarse al juego (o abandonarlo) en cualquier momento. Algunas personas pueden introducir balones al juego o bien sacarlos. Mientras estén dentro del juego, los individuos tratarán de patear cualquier balón que se les acerque hacia las porterías elegidas y tratarán de tirarlos lejos de las porterías que quieran evitar”.

En el caso de Operativo en Culiacán (OC), las anarquías organizadas nos permiten analizar algunas de las situaciones que convergieron en esta acción de gobierno y que explican por qué las cosas sucedieron de esta manera y no de otra: 1) las preferencias no están claramente definidas: esta administración no ha hecho una definición clara sobre qué significa la “pacificación del país” frente al embate actual de las bandas de delincuentes. El combate a la corrupción, la Guardia Nacional y la disminución de la pobreza son herramientas y objetivos de mediano plazo, sin que exista una estrategia precisa y consistente  sobre como se frenará en el día a día la criminalidad organizada; 2) Tecnologías poco claras: el presidente ha dicho que no combatirá “fuego con fuego” o que fue un “error pegarle al avispero”, pero el operativo del 17 de octubre fue claramente una continuidad de las estrategias anteriores donde se priorizó la detención de los líderes de las organizaciones criminales. Así, se muestra que no todos los grupos dentro del gobierno comparten la misma estrategia u objetivos; 3) Participación fluida, el presidente admitió que no fue informado sobre el operativo, lo que demuestra que diversas decisiones sobre el combate al crimen organizado suceden sin su conocimiento. Frente a su promesa de campaña de que él se reuniría con un consejo de seguridad todos los días, es imposible pensar que el jefe del ejecutivo pueda dedicar igual energía a todos los temas. Esto podría ser un indicativo del lugar de prioridad que antes de Culiacán le daba al narco; 4) Ambigüedad, las actuales autoridades parten de una lectura sobre el narcotráfico donde se parte de una relación directa entre pobreza y criminalidad, además de que se enfatiza la parte moral, donde el presidente considera que es necesario convencer a los criminales sobre el daño que esta actividad causa a la propia vida de los criminales y su entorno como medio para convertirlos. Esto contrasta con otras visiones que consideran al narco como una empresa internacional que está directamente ligada a la globalización: mientras exista comercio internacional global de mercancías legales e ilegales, existirán grupos dispuestos a producir, transportar y vender estos bienes. Es decir, el mismo fenómeno puede ser sujeto de diversas definiciones de las que se derivan estrategias muy distintas de acción pública; 5) el flujo de problemas y soluciones no están acoplados, aunque el gobierno contaba ya con un equipo de élite dentro de la marina que había demostrado una gran efectividad en operaciones de captura de narcotraficantes de alto perfil, el gobierno actual decidió “probar” a su nuevo e inexperto grupo, La Guarda Nacional (GN), en unaoperación de alta complejidad. En este sentido, parece que fue más importante demostrar la utilidad de la nueva agrupación policial que cumplir el objetivo de arrestar a un presunto criminal. En términos de las anarquías organizadas, una nueva solución (GN) esperó a un problema (el cumplir una orden de aprensión), sin hacer un verdadero análisis de si esta era la más adecuada.

Como podemos ver, el gobierno actual enfrenta una problemática como es el narcotráfico que requiere una planeación estratégica, adaptativa y resiliente que rebaza los modelos de la vieja burocracia. La efectividad de este gobierno no descansa entonces en sus buenas intenciones, sino en su capacidad de adaptar su comportamiento organizacional a un entorno cambiante y complejo; bienvenidos a la realidad post- burocrática.

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