El Covid- 19 o Todos somos el rey desnudo

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Dr. Mario Alberto Velázquez García

El Colegio del Estado de Hidalgo

 

En el famoso cuento del “traje nuevo del emperador” del danés Hans Christian Andersen, dos sastres logran sacar provecho de la extrema vanidad de un rey para estafarlohaciéndole creer que ellos eran capaces de confeccionar un traje que era imposible que lo vieran aquellos que fuera estúpidos o incapaces en su cargo. El rey, para no reconocer que él mismo no podía ver la tela maravillosa, sigue la parodia y acepta desfilar por las calles con la supuesta prenda. Todos los ciudadanos, informados sobre las características que hipotéticamente tenían aquellos que no podían ver el traje, guardaron silencio durante el recorrido real. Todo parecía ir bien para el rey hasta que un pequeño dijo que el emperador estaba desnudo. Las personasentonces murmuraron y rieron. El emperador se dio cuentade esto, pero decidió terminar con el desfile, eso sí, con la cabeza en alto.

Desde mi opinión, la actual pandemia mundial del Covid- 19 es como el niño del cuento de Andersen que demostró que algo estaba mal con el desfile, en nuestro caso, en el mundo actual. En primer lugar, los jefes de la gran mayoría de los países, reinos, estados y provincias. Varios de ellos fueron elegidos por sus posturas populistas y radicales de todas las orientaciones políticas, pero que compartían su desconfianza frente aquellas fuentes de autoridad que pudieran minar su poder como la sociedad civil o los académicos. En los últimos años, en diversos países, la ciencia ha sido atacadapor “selectiva”, “aristocrática”, “inútil”, así como desprestigiada e incluso se ha puesto en duda por parte de políticos y líderes estatales algunas de las teorías o descubrimientos que pudiera ser opuestos a sus proyectos políticos o económicos. Algunos presidentes sostienen que no existe tal cosa como el calentamiento global, las vacunasno son efectivas o que detrás de todo el proceso de globalización se esconden grupos ocultos que buscan controlar al resto del mundo. En el año 2020, durante el inicio de la expansión mundial de la pandemia del Covid 19, varios de estos dirigentes minimizaron sus efectos, la señalaron como un invento y sugirieron a sus ciudadanos continuar con la vida de manera normal convencidos que el poder de sus palabras era suficiente para negar o detener la propagación del virus. El mundo tenía que adaptarse a sus palabras (ver el traje de tela invisible) o sería fustigado desde un Twitter, video o conferencia mañanera. En este aspecto resulta una interesante coincidencia profética que, no hace muchos meses, se estrenó la serie de Chernóbil donde el poder soviético trato de desaparecer la mayor tragedia radioactiva del mundo por medio de las decisiones de su burocracia. El Covid-19 desnudó que la ideología no puede sobreponerse a la ciencia como medio para resolver los grandes problemas de la sociedad; serán científicos los que curen esta pandemia, no las palabras seductoras de un político.

El Covid 19 también desnudó otra dimensión del poder estatal: los intereses de los gobiernos (países democráticos o autoritarios) están muy alejados de los intereses de la mayoría de los ciudadanos. Los sistemas de salud en todo el mundo, en mayor o menor grado, mostraron que no cuentan con el suficiente personal, equipo y preparación para enfrentar una pandemia de estas dimensiones. No nos equivoquemos, no es únicamente la rapidez con que este virus puede transmitirse y su taza de mortalidad lo que esta ocasionado el colapso de los sistemas hospitalarios en todo el mundo, es también el hecho de que la gran mayoría de los gobiernos no destinaron suficientes recursos públicos para el crecimiento, mejora y mantenimiento de los sistemas de salud. No es únicamente el Covi-19 lo que está matando a la gente, son los estados que no utilizaron el dinero que les dimos los ciudadanos para otorgarnos un sistema de salud eficiente y eficaz. En el caso de los países occidentales, esta forma de desnudez del rey estatal ha tratado de ser cubierta con el paño de la “responsabilidad social” (Foucault probablemente la llamaría biopoder); somos los ciudadanos los que tenemos la obligación de salvarnos unos a otros; debemos de permanecer encerrados en nuestras casas para evitar que otros sean contagiados. La obligación estatal de cuidarnos, uno de los principios que explica la existencia misma de un estado-nación, se nos transfiere durante una de las crisis más graves de la época actual.

Pero el rey (estatal) no es el único que se encuentra desnudo durante esta crisis del Covid- 19: la sociedad entera está desnuda. En este periodo hemos visto a las redes sociales convertirse en un tremendo hervidero de información, teorías de conspiración, noticias falsas, invitaciones a cometer saqueos, intentos de estafar o aprovecharse de la desesperación de las personas, ataques racistas y una tremenda cantidad de chistes al respecto. Esta pandemia nos mostró a sociedades que utilizan la información no como una herramienta de entendimiento sino como una permanente arma o una especie de droga que nos permita desperdiciar nuestras vidas.

Al mismo tiempo, la cuarentena en diversas ciudades del mundo nos permitió ver imágenes inéditas: animales caminando libres por algunas calles, canales de agua cristalinos en espacios urbanos e históricas disminuciones en los niveles de contaminación por todo el mundo. Como si el planeta hubiera obtenido una pausa para recuperarse un poco. Esta pandemia nos desnudó como la mayor enfermedad para el planeta y que, a diferencia del Covid-19,ha quedado claro que el daño que hacemos al planeta es intencional en nuestro egoísta deseo constante de consumo y acumulación.

Pero nuestra desnudes no sólo ha mostrado rasgos malos de la sociedad, por el contrario, ha dado muestras esperanzadoras de lo que algunos individuos pueden hacer por los demás: el trabajo incansable y heroico de médicas(os) y enfermera(os) que arriesgan su propia vida con tal de salvar a otros, las muestras de solidaridad hacia los más débiles, las iniciativas de apoyo mutuo a negocios y personas en estado de total indefensión o pobreza. Esto ha expuesto una de las grandes mentiras de la modernidad: los individuos no requieren de los demás y cada hombre debe hacer su propia fortuna. Está pandemia nos ha recordado lo importante que es tener una sociedad que cuida de todos sus miembros. La especie humana ha logrado generar grandes ciudades no por su individualismo, sino por la interdependencia y colaboración entre sus miembros; ni al lobo ni al espacio lo vencimos solos, lo hicimos como un colectivo. El egoísmo consumista fue desnudado como uno de los principales males en le actualidad.

3 Comments

  1. Sergio Gabriel Ceballos Pérez 04/04/2020 at 7:30 am

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  2. Jennifer 04/04/2020 at 11:55 am

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  3. Juan Gabriel Santos Garcia 08/04/2020 at 9:32 am

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