¿Cuándo una institución se convierte en totalitaria? 

Mario Velázquez García, Recientes 1 comentario en ¿Cuándo una institución se convierte en totalitaria?  473

El funcionamiento de diversas instituciones mexicanas es objeto de un fuerte cuestionamiento. Principalmente porque persisten prácticas autoritarias en la toma de decisiones, lo que pone en duda el avance logrado en la construcción de una sociedad más justa e incluyente. A continuación presento algunas tendencias que nos permiten ayudar a determinar cuándo una institución se comporta o no, de forma autoritaria.

En este texto entenderemos por autoritarias a las instituciones que ejercen una toma de decisiones sin buscar generar consensos, respondiendo a los intereses de las personas o los grupos en que controlan la organización, haciéndolos pasar como los valores de la “mayoría”.

Primero, es necesario recordar que las instituciones no nacen democráticas o autoritarias son las prácticas cotidianas las que determinan sus formas de funcionamiento. Tampoco les da el carácter de democráticas o autoritarias la existencia de un conjunto de reglas, sino la forma en que cada nueva decisión es manejada y procesada en su interior. El gobierno surgido después de la Revolución Rusa contaba con uno de los sistemas de representación popular y de mecanismos de votación más progresistas de su época, sin embargo, en la actualidad nadie puede dudar del total control que ejerció una pequeña elite sobre todo el cuerpo social de la Unión Soviética.

Segundo, una característica distintiva de las instituciones autoritarias es su tendencia de generar grupos contrarios (judíos, negros, extranjeros) a los cuales se les van aplicando sanciones no tanto por actos individuales, sino por su pertenencia al grupo. Una supuesta falta de uno de los miembros, desde la perspectiva de la institución, justifica el castigo para todo el grupo.

Tercero, las reglas dentro de las instituciones que se convierten en autoritarias no funcionan como mecanismos regulares que dan certeza a todos los actores sino como instrumentos que son selectivamente utilizados para castigar a los rivales de la autoridad. Así por ejemplo, una institución se convierte autoritaria cuando decide que a pesar de la existencia de un conjunto de procedimientos que garantizan a sus contrarios que serán escuchados en un justo proceso, el poder argumenta que las “faltas” cometidas por un grupo son tan graves que es necesario aplicar medidas inmediatas. Las democracias no deciden en base a la “gravedad” de una situación definida por la autoridad, sino por las reglas que dan protección a todos, incluso a los presuntos culpables.

Cuarto, cuando dentro de una institución no se presentan expresiones de crítica o discusión sobre decisiones abruptas o poco claras, lo más posible es que esto no se deba al total acuerdo sino al miedo que existe para expresar una crítica ante la posibilidad de ser objeto de algún tipo de castigo. La falta de crítica de las decisiones de una institución a su interior no deben ser interpretadas como un acuerdo total, (cosa imposible en una sociedad libre), sino al crecimiento del temor por la forma en que se ejerce el poder.

Nuestra sociedad no podrá dejar un funcionamiento autoritario si los grupos que dirigen las instituciones continúan pensando en su ejercicio como un acto de poder determinado por su capacidad de decidir, sin pasar primero por el consenso o el agotar todas las reglas que la misma institución se ha auto-impuesto.

Dr. Mario Alberto Velázquez García

1 Comment

  1. Juan Francisco Salamanca 03/10/2014 at 12:58 pm

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