¿Cómo saber si estamos en la Matrix? El poder del presidencialismo mexicano

Mario Velázquez García, Recientes 1 comentario en ¿Cómo saber si estamos en la Matrix? El poder del presidencialismo mexicano 110

Dr. Mario Alberto Velázquez García

Academia Mexicana de Ciencias

En la icónica película de 1999, “The Matrix” de las hermanas Wachowski, uno de los personajes pregunta: “¿Qué es la matrix?” y la respuesta es que es poder, la capacidad que tienen los que dominan este sistema, – en este caso máquinas que usan a los humanos como fuentes de energía, – para generar una visión sobre el mundo que todos los que están dentro de ella, perciben como la “realidad”. El presidencialismo mexicano es una forma de ejercicio de poder que aspira a la misma meta que la Matrix: controlar la percepción sobre la realidad. Parto de argumentar que el actual gobierno es un intento de renovación del presidencialismo mexicano, que lejos de buscar la consolidación de la democratización de la vida pública, busca reinstalar una lógica de poder basada en la construcción de un discurso de verdad; la verdad presidencial.

Ustedes podrán preguntarse ¿Sucede lo mismo con todas las formas de gobierno? Es decir, ¿Todos los sistemas políticos tienen la intención de producir una interpretación sobre la realidad que todos deben compartir? La respuesta es no, las democracias (modernas) se distinguen frente a otros sistemas políticos por no tener que imponer un único modelo de verdad a sus ciudadanos. Por el contrario, la democracia se basa en el contraste de ideas, valores y principios. Esto no busca llegar a una única visión que prevalezca, sino que las posturas se enriquezcan con la diversidad; la disidencia de opinión es un componente del sistema democrático, no una anomalía que se debe eliminar. De esta forma, las sociedades democráticas ganan gracias a la existencia de diversas posturas. En contraste, sistemas como el ya mencionado presidencialismo parte de suponer que toda explicación o visión sobre el mundo que se coloque directamente contrario a su propia visión, constituye una afrenta o una amenaza que requiere ser atacada o aniquilada. No importa que esta reacción contra las posturas contrarias sea o no violenta, lo que es fundamental es el hecho de que se busca la instalación de una única verdad, la suya, la construida desde el sistema presidencial.

La construcción de esta verdad, sin duda no es una tarea fácil, requiere de una serie de herramientas e instrumentos. En el caso del gobierno actual, a diferencia del modelo presidencial de las décadas de las últimas tres décadas del siglo pasado, se basó en un líder carismático, que construyó esta cualidad antes de su arribo al poder. Mientras el sistema político priista y panista era capaz de postular a verdaderos “don-nadie” y “dotarlos” de una serie de cualidades de las que carecían antes de ser presidentes, el actual ocupante de la máxima posición política arribó a esta con un amplio reconocimiento popular.

El presidencialismo como relato de verdad, se basa en generar de manera sexenal una promesa. Esta se basa en la idea paternalista de que el actual ocupante del poder tiene los conocimientos, las ideas y las capacidades para resolver todos los problemas que enfrenta la población; ya no es necesario preocuparse más, todo será resuelto. Este compromiso presidencial funciona como una especie de encanto, que requiere la absoluta fidelidad y compromiso por parte de todos. Los malos resultados serán consecuencia de la acción de los “no-creyentes”; por ello resulta fundamental tanto para el líder carismático como para sus creyentes que nadie dude, para que no se rompa el poder salvador del embrujo.

El presidencialismo mexicano y su relato de verdad sufrió un golpe esta semana: el retiro definitivo de sus candidatos a los gobiernos de Guerrero y Michoacán, la ratificación de la decisión de que se va a eliminar la llamada “sobre representación” en el congreso federal, la suspensión al padrón de usuarios de telefonía celular, la suspensión por un juez del uso del rediseño del uso del espacio aéreo en el área de la Ciudad de México y el juicio contra un diputado de Morena acusado de violación a menores. Todos ellos sucesos, si, de muy distintas dimensiones, alcances y consecuencias, pero todos tienen una consecuencia común: dañar la imagen de verdad única generada desde la presidencia. En otras palabras, órganos de gobierno distintos al presidente, dijeron que las acciones y personas que habían sido seleccionadas por el jefe del ejecutivo para poder cumplir con su “misión” son contrarias a el marco legal. Es muy temprano para decir cuál es el efecto de estos días negros para el presidente en turno y la democracia mexicana, pero sin duda, constituyen un gran disturbio en el funcionamiento de su “matrix” presidencialista.

1 Comment

  1. Juan Gabriel Santos Garcia 29/04/2021 at 4:20 pm

    Hi, this is a comment.
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