¿Por qué Hermosillo es naranjero?

Ignacio Lagarda Lagarda, Recientes 1 comentario en ¿Por qué Hermosillo es naranjero? 1929

No se sabe cuando llegó la primera plántula al noroeste de la Nueva España, pero desde que los misioneros jesuitas introdujeron el cultivo de naranjo en Sonora, los agricultores sonorenses se dedicaron a la producción de este fruto y la población la aceptó gustosamente. La naranja cosechada en Guaymas y Hermosillo se vendía en la localidad, pero también gozaba de “muy buena aceptación” en los mercados regionales e internacionales.

La actual zona urbana de la ciudad de Hermosillo nació en 1744, cuando el Sargento Mayor don Agustín de Vildósola y Aldecoa, Gobernador y Capitán General  de Sonora, recibió del rey cuatro caballerías de tierra, “… para beneficiarlo, poblarlo y cultivarlo, con una saca de agua  localizada desde un peñasco que está río arriba para la parte oriente como a media legua (2,095 m) de este Real Presidio, como quien iba al Pueblo Viejo del Pitic”, donde fundó la que sería conocida por muchos años como la Hacienda del Pitic.

Las labores de agricultura se realizaban primero en las inmediaciones de la población,  a lo largo del curso del río Sonora, desde su confluencia con el río de Dolores (San Miguel), hectáreasta unos tres kilómetros hacia el poniente del cerro de La Campana, en las inmediaciones del pueblo de Seris.

Al ir creciendo la población de El Pitic, las labores agrícolas se ampliaron hacia el oriente, el poniente y el noroeste de la zona urbana, donde se abrieron más tierras al cultivo aguas arriba y abajo de ambos ríos y hacia el noroeste de la ciudad.

Fueron muchos los cronistas y residentes de Hermosillo que dejaron constancia de la producción de naranja, a continuación, algunos de ellos:

En agosto de 1844, Manuel Cabrera, Secretario de la municipalidad del Pueblo de Seris, hizo una relación de la producción agrícola diciendo que en ese pueblo  “…se dan con más abundancia naranjas agrias y dulces…”.

Para 1850,  José Francisco Velasco describía la ciudad de la siguiente manera: “…abundan también las naranjas dulces, agrias…”

Los últimos días de 1851 y el primero de enero de 1852,  John Russell Bartlett describe a la ciudad de Hermosillo y sus alrededores de la siguiente manera: “…de las frutas que hay en  gran abundancia se incluyen las naranjas…”.

En 1861, Charles P. Stone, en su documento “Notes on the State of Sonora 1860”, manifestó: “…Muchectáreas de las viviendas privadas de los más ricos tienen huertas y viñedos de varias hectáreas de superficie conectados entre sí, que producen durante la temporada una abundancia de higos, pomegranites, naranjas, limones, melones y uvas…”.

En 1893, D. Alfonso Luis Velasco, explica: “…el importe de la cosecha de naranjas y demás frutas que era de $30,000.00…las naranjas de Hermosillo ya eran famosas en Estados Unidos, donde tenían mucha demanda”.

En 1894, Francisco T. Dávila, deja dicho lo siguiente: “…El naranjo se produce con profusión y no solo se cultiva como un ramo muy productivo sino que con él se embellecen las plazas y los paseos públicos y aún algunas calles…”.

Alrededor de 1905, el norteamericano Bourdon Wilson estuvo en Hermosillo y describió la producción agrícola de esta forma: “…Los frutos cítricos encuentran  aquí un suelo y clima exactamente adaptado a la perfección para su crecimiento, por lo cual las naranjas de Hermosillo se observan a lo largo y ancho y su dulzura y sabor son exquisitos. Debido a los derechos de importación aplicados sobre ellos por los Estados Unidos, son mucho menos conocidos allí que en Canadá, país al que casi toda la cosecha se entrega todos los años, donde tienen una gran aceptación genial, aunque son de la semilla no mejorada de una vieja variedad. Cerca de 400 coches de naranjas fueron enviadas desde Hermosillo el año pasado. El limón siciliano y todos los otros tipos de limones se dan tan bien aquí como las naranjas. Y lo mismo se puede decir de la lima, ambos de sabor dulce y de otros tipos.”

En 1907, Federico García y Alva, en su “Álbum Directorio del Estado de Sonora”, nos dice lo siguiente: “Dividido por el Río Sonora, por el Sur de Hermosillo, se encuentra el barrio Noveno de la ciudad, en otro tiempo Villa o Pueblo de Seris. Este lugar es un vergel: mucha agua, muchos árboles, muchectáreas plantas, muchectáreas flores y mucha frescura. Hay exceso de datileras, abundancia de limoneros y sobreabundancia de naranjos. Las huertas de naranjos, deliciosos y perfumados cármenes, se encuentran en Seris por cientos y en ellos los naranjos no se cuentan porque los hay por millares. Entre las huertas principales podemos mencionar la del Sr. General Torres, que lleva el nombre de La Esmeralda.  Otra de las huertas más valiosas en Seris es Aurora del señor Antonio  García, quien tiene ahí invertida una fuerte suma, y la que, al igual que la del Sr. General Torres, cuenta con millares de arbustos y con multitud de plantas y flores. Las cosechectáreas de éstas huertas son seguramente de las más importantes y la exquisitez de su fruto les ha dado merecido renombre, tanto en Sonora como en los Estados Unidos”.

“En la actualidad la firma  L. J. Pavlovich y Hermano exporta a los distintos mercados que le han buscado a su fruta, y que se encuentran en los E. U de N. A., el Canadá y algunos estados de nuestra República como Chihuahua, Durango y Coahuila más de doscientos furgones, con trescientas sesenta y cuatro cajas cada uno, cajas que la que menos contiene ciento doce naranjas, habiendo algunas que por ser más chica la fruta llegan a tener doscientas cincuenta”.

“Los negocios de campo también hizo bastantes el Sr. Carmelo Echeverría, legando a sus herederos una huerta y la Hacienda “La Florida”. La primera queda a un costado de la Capilla del Carmen  y es sin duda uno de los más deliciosos cármenes que rodean a esta perfumada y tranquila ciudad de Hermosillo. Prolongadas callecillas de una sombra apaciblemente poetice, son las rectas líneas divisorias de los millares de gentiles naranjos que ahí se cultivan con no ininterrumpido esmero, hectáreasta hacer del conjunto un cuadro hermosamente encantador”.

Al referirse a las propiedades de los hermanos Muñoz, García y Alva dice:

“El Ranchito se llama una de sus propiedades, magníficamente situada a dos kilómetros de Hermosillo por muy buen camino”. Alimentadas por dos acequias con su toma propia en el Río San Miguel, tiene en cultivo como 800 hectáreas,…mil, dos mil y hectáreasta cuatro mil exuberantes naranjos se levantan en aquellas ricas hectáreas…”. 

En 1910, el Sr. D. Pedro N. Ulloa, en su documento titulado “El Estado de Sonora y su situación económica al aproximarse el Primer Centenario de la Independencia Nacional”, dice lo siguiente:

“La exportación de naranja en 1909 procedente de las huertas y legumbres del distrito de Hermosillo fue de 350 furgones con 12 toneladas de peso cada uno y con un valor medio por furgón de $500.00”. 

A finales del siglo XIX y principios del XX en el distrito de Hermosillo existían alrededor de 62 huertas de naranjo. Entre los naranjales de Hermosillo se pueden mencionar la Huerta de Benard; la Huerta de del Razo; la Huerta de Save; el Guayparín; la Huerta de Olea; la Huerta de Ulloa; y, el Ranchito. Por su parte, algunas de las plantaciones en Villa de Seris eran la Huerta de Buelna; Huerta de Simoón Lohr; Huerta de Orcí; la Verbena; la Huerta de Hazard; Huerta de González; Huerta de Espinosa; Huerta de Rivera; y, la Esmeralda.

Del mismo modo, son dignas de recordarse las huertas de Lucas y Felipe Pavlovich, quienes a través de la firma comercial “L. J. Pavlovich y Hermano” administraban 19 huertas de naranjo en los distritos de Hermosillo y Guaymas. Seis de las 19 huertas se encontraban en la localidad de Hermosillo, 11 en el barrio de Villa de Seris y dos más en la comisaría de San José de Guaymas”.

La familia Pavlovich, los reyes de la naranja. 

En 1894, procedentes de Rijeka, un pueblo pesquero del antiguo Imperio Austro–Hungaro, llegaron a Sonora Lucas y Felipe Pavlovich. Venían como empleados de una compañía importadora de naranjas de California, donde se encargaban de canalizar en orden la cosecha de la fruta en distintas huertas, clasificar, recontar y embarcar la naranja. En las mismas fechas llegaron también sus hermanos Esteban y  Spiro Pavlovich y todos decidieron quedarse a vivir en Hermosillo. Con el tiempo, los Pavlovich se convirtieron en los reyes de la producción de naranjas en la ciudad.

A su llegada, Lucas y Felipe trabajaron como empelados en la Huerta de Francisco A. Rivera, el primero cuidador y el segundo como peón. Al mismo tiempo, vendían naranjas en “canastitas”, las cuales adquirían en la huerta del Sr. Rivera.

Tiempo después, Lucas y Felipe Pavlovich, casados con damas hermosillenses de apellido Escobosa, con capital propio fundaron la firma comercial “L. J. Pavlovich and Brother, Wholesale Orange Exporters”, conocida como “L. J. Pavlovich y Hermano”, a través de la cual se dedicaron a la producción y comercialización de naranja que vendían en Hermosillo, el sur de Sonora, el norte de Sinaloa, Estados Unidos y Canadá.

Con el tiempo, Lucas y Felipe adquirieron la Hacienda Casa Blanca, que tenía una extensión de 96 Hectáreas, localizada al oriente de la Alameda (Parque Madero).

En la periferia de la ciudad los Pavlovich poseían la Quinta Amalia y el Molinito. Además, cultivaban bajo renta el Vapor o Huerta de Camou, el Zanjón, el Switch y la Huerta de Francisco A. Rivera. Así, los Pavlovich poseían dos huertos en Hermosillo y rentaban cuatro más.

La Quinta Amalia estaba a media legua al poniente de la ciudad en Picacho y Terrenate Final s/n, en lo que hoy se conoce como la Colonia Residencial de Anza. La extensión de la huerta era de 486,056 varas (341,329.91 m.2).

En 1902, la Quinta Amalia contaba con un plantío de 5,000 naranjos y otros árboles en fruto. Para 1904 los Pavlovich exportaban de la Quinta Amalia 220 furgones de naranja con 364 cajas cada uno.

El Molinito, huerto localizado al poniente de Hermosillo donde hoy se encuentra el Restaurante Mariachísimo, tenía una superficie de 12 hectáreas. Al disolverse la firma “L. J. Pavlovich y Hermano” y morir Felipe Pavlovich, esta huerta fue heredada por Lourdes Pavlovich, quien la arrendó a su hermano José durante cinco años.

El Vapor o Huerta de Camou, propiedad de la familia Camou, contaba con una superficie cultivable de 10 hectáreas. Dicha plantación estaba localizba en la esquina que actualmente forman las calles Sahuaripa y Luis Donaldo Colosio.

En el barrio de El Ranchito, los Pavlovich alquilaban el Zanjón y el Switch. La primera se encontraba a la derecha de la vía del ferrocarril, mientras que la segunda a la izquierda. Ambas huertas tenían una extensión de cinco hectáreas.

En el mismo barrio de El Ranchito los Pavlovich eran inquilinos de la Huerta de Francisco A. Rivera. A raíz del fallecimiento de Francisco A. Rivera, Lucas Pavlovich, casado con Ygnacia Rivera de Pavlovich […] arrendó la huerta a los herederos de la misma.

En Villa de Seris, barrio de Hermosillo ubicado a una milla sobre la margen izquierda del río de Sonora, los Pavlovich alquilaban tres naranjales y poseían ocho. Entre las primeras se puede mencionar la Huerta de Gaxiola, la Huerta de García y el Gachupiín, mientras que eran propietarios de la Huerta de Jacobo, el 64, el Cerrito de López, la Regional, el Molinito de Luján, la Tierra de Doña Lugarda, el 16 y la Huerta de Ruiz.

La Huerta de Gaxiola estaba frente a la Huerta de Orcí y tenía un área de una y media hectáreas. La Huerta de García, con una extensión de 15 hectáreas., estaba frente a Las Placitas. Por ese mismo camino hacia el sur se llegaba al Gachupín de Juan Peralta, cuya superficie oscilaba entre las seis y ocho hectáreas.

La Huerta de Jacobo, ubicada al sur de la Huerta de Orcí y frente al 64, tenía una extensión de siete y media hectáreas. En 1926, los Pavlovich compraron ese terreno por la cantidad de $ 10,000.00.

Frente a la entrada oeste de la Huerta de Jacobo estaba el 64. El 64 tenía una extensión de tres hectáreas. Pegada al Cerrito de López, picacho frente a lo que hoy se llama Ley del Río, se encontraba la Huerta del Cerrito de López. La extensión de esta plantación era de cinco hectáreas.

Al oeste del pueblo de Seris, partiendo de la calle principal, contra esquina de la Huerta de Jacobo y pegada al Cerro La Regional (también nombrado Cerro de la Conveniencia o Cerro de León), se ubicaba la Regional. La Regional comprendía 10 hectáreas sembradas de naranjo, así como una casa habitada por Juan Pavlovich Rivera, administrador de las huertas de la firma “L. J. Pavlovich y Hermano”. Hoy en día, una parte del terreno de lo que fue la Regional permanece virgen y el resto lo ocupa el Residencial Río Grande.

Enseguida de la Regional estaba el Molinito de Lujan, mejor conocido como los Yucatecos. La superficie cultivable de los Yucatecos ascendía a dos hectáreas.

Las 15 hectáreas de la Tierra de Doña Lugarda, también llamada la Lugarda o las Lugardas, estaban sembradas con naranja criolla. Atrás de la tierra de Miguel Molina y al sur del Cerro La Regional se encontraba el 16. El 16 tenía una superficie que fluctuaba entre dos y tres hectáreas. La Huerta de Ruiz contaba con un área de 30 Hectáreas.

Mucho tiempo después, los Pavlovich adquirieron el Campo Salsipuedes, localizado exactamente entre la calle 4 y la calle 12, en la Costa de Hermosillo,

Los Pavlovich cultivaban principalmente naranja criolla o regional porque era la más cotizada en aquella época. Sin embargo, en las plantaciones de Lucas y Felipe también se cultivaba naranja valencia y de ombligo. En el 90% del total de las huertas administradas por la firma “L. J. Pavlovich and Brother” se cosechaba naranja criolla, mientras que en 5% se recogía naranja de ombligo y en el otro 5% se levantaba naranja valencia.

Cinco de las seis fincas existentes en Hermosillo contaban con árboles de naranja regional, en tanto que el Molinito se encontraba plantado con árboles de la variedad valencia. De igual modo, en el Molinito había alrededor de cinco o seis arboles de tangerinas, por lo que era la única huerta heterogénea de la firma comercial. En cambio, en todas las huertas de Villa de Seris, con excepción del 16, que tenia de seis a ocho arboles de naranja de ombligo, se levantaba naranja criolla.

En el cultivo de los naranjos los hermanos Pavlovich utilizaban instrumentos de labranza modernos. En un principio empleaban el arado de una sola mancera jalado por dos mulas para preparar el terreno, después utilizaron el solqui jalado por cuatro mulas, luego el tractor. Para el cuidado de los arboles se usaba la rastra, las tijeras y los serruchos curvos. Los Pavlovich también seguían un programa de fertilización en sus plantaciones.

Para recolectar la fruta los cortadores empleaban escaleras y las cajas para guardar la naranja. Las cajas se importaban de Canadá́ y se ensamblaban con clavos cementados procedentes de California, Estados Unidos. En la cabecera de las cajas aparecía impresa la siguiente leyenda: “L. J. Pavlovich y Hermano, Exportadores de Naranja. Hermosillo, Sonora”.

Los hermanos Pavlovich regaban sus huertos de Hermosillo y Villa de Seris con agua proveniente de las antiguas acequias en tres repartideros: a) Repartidero de Villa de Seris llamado El Compartidero; b) Repartidero de la calle Galeana y Tabasco; y, c) Repartidero de la toma del Torreón.

El Compartidero de Villa de Seris estaba en las faldas del Cerro La Regional y a unos metros de la huerta la Regional. Todas las huertas de Villa de Seris se regaban con agua proveniente de este repartidero. Pero, en 1905, al iniciarse la perforación de pozos artesianos o de luz en la Huerta de Ruiz se construyó uno.

En Repartidero de la calle Galeana se encontraba en el barrio de La Carrera, en la esquina actual de Galeana y Dr. Pesqueira. De esta toma se abastecían el Vapor de Camou y el Molinito. Por su parte, el Repartidero del Torreón, ubicado al poniente de Hermosillo en el barrio del Torreón, dotaba de agua a la Quinta Amalia, las tierras de Antonio Morales y las de Pascual Encinas, entre otras. Por otro lado, las plantaciones del Zanjón, el Switch y la Huerta de Francisco A. Rivera se regaban con agua que se extraía del subsuelo y el agua se distribuía a través de canales de tierra.

Los Pavlovich controlaban el 33% de los derechos de agua existentes en Hermosillo y el barrio de Villa de Seris. En consecuencia, regaban sus tierras constantemente y su voto resultaba definitivo en el nombramiento anual del juez de agua de los repartideros de la comunidad.

A cargo de los naranjales había un administrador general. Cada año, durante la época de cosecha, se contrataban de 12 a 15 jornaleros yaquis para cortar la fruta de los arboles. Los regadores y veladores de las huertas, así como los choferes eran empleados permanentes. Los trabajadores que laboraban con los hermanos Pavlovich no solo eran libres, sino también asalariados.

En un principio, los Pavlovich empacaban la naranja en la Quinta Amalia. Pero, para 1904, abrieron una empacadora en la calle Oaxaca numero 22 con el propósito de seleccionar y empacar la fruta de acuerdo a los criterios de exportación. La empacadora también era depósito de frutas, legumbres y pasturas.

En la empacadora la fruta era clasificada, empacada y vendida. El proceso constaba de seis etapas. Primero: un peón vaciaba las cajas de naranja en un elevador que subida a dos metros de altura con cadenas de rodillos para luego caer a una banda que caminaba despacio. Al pasar por la banda Don Felipe, junto a tres trabajadores más, rodaba la fruta para verificar que cumpliera con los criterios de calidad necesarios para la exportación.

Segundo: la naranja rodaba hacia una maquina seleccionadora o separadora, la cual la apartaba por tamaños. Cuando la naranja pasaba por la seleccionadora quedaba organizada en siete departamentos marcados con los números 112–126–150–176–200–226–250, números que indican la cantidad de fruta de ese tamaño que cabe en una caja. Cada caja pesaba entre 25 y 30 Kg. La banda de la seleccionadora rodaba la naranja y esta iba cayendo a las cajas por unos orificios, los cuales correspondían al tamaño de la fruta.

Tercero: las empacadoras envolvían la naranja en papel de china rosa y la acomodaban en las cajas hasta llenarlas.

Cuarto: las cajas rodaban por una banda hacia una maquina clavadora, la cual las tapaba.

Quinto: cada caja se marcaba con un sello con el objeto de indicar la calidad y cantidad de la fruta.

Sexto: las cajas se estibaban en carretillas para: a) subirse a los carros de mulas y trasladarlas a la pera del ferrocarril; o, b) guardarse en el almacén.

La empacadora de naranja de los Pavlovich era muy moderna y mecanizada. La naranja se empaquetaba siguiendo una línea de producción altamente mecanizada, donde la mano del hombre solo intervenía en el empaque seleccionando la naranja con gran esmero, en tanto que los hombres llevaban a cabo las faenas más pesadas.

La naranja cosechada en las huertas administradas por la firma comercial “L. J. Pavlovich y Hermano” contaba con cuatro mercados bien definidos: a) mercado local; b) mercado regional; c) mercado nacional; y, d) mercado internacional.

A raíz de la inauguración del Ferrocarril de Sonora en 1881 se reactivó la economía y el comercio floreció. Los Pavlovich distribuían naranja a pequeños y grandes comerciantes de la ciudad y a comisionistas. Los pequeños comerciantes, a su vez, vendían la fruta en el Mercado Municipal, abarrotes, expendios o a domicilio. Los grandes comerciantes de Hermosillo, a los que se les vendía naranja, eran Elías Luketich, de origen serbio y propietario de la firma comercial “E. Luketich Company”, y Miguel Gaxiola.

Los precios de la naranja que se vendía en la localidad variaban de un ano a otro. Por ejemplo, en 1896 la caja de naranja (126 a 250 frutas por caja) se venia a $ 1.00. Para 1900, cuatro años más tarde, la caja se vendía a $ 1.40 siempre y cuando el comprador suministrara la madera, los clavos y el papel necesarios para el empaque de la misma. De acuerdo a la escritura publica numero 45 de 10 de julio de 1901, en ese año, la caja de naranja costaba por lo menos $ 1.00.

Los expendios eran bodegas donde se guardaban y vendían frutas a granel. George Rafaelovich, compatriota de los Pavlovich, tenía un expendio en la calle Monterrey numero 126. Por su parte, los “naranjeros” recorrían la ciudad en carros de tracción animal vendiendo naranjas de casa en casa, una práctica que todavía es común en Hermosillo.

Los Pavlovich vendían naranja tanto en el norte del estado de Sonora, como en el sur. En el norte de la entidad los Pavlovich abastecían Santa Ana, Magdalena, Cananea y Nogales. En el sur del estado el Sr. José María “Pepe” Escobosa Romero, cuñado de Lucas y Felipe, se encargaba de la distribución del producto.

A Santa Ana, Magdalena y Nogales se enviaba un furgón de naranjas cada semana. Esteban Pavlovich recibía la fruta en la ciudad de Nogales. A Cananea se despachaba un troque cargado de naranja cada semana o cada 15 días. Juan Kuliacha comercializaba el cítrico en Cananea y en los pueblos del río de Sonora.

Durante la época de cosecha Pepe Escobosa y su familia se trasladaban a los Mochis, Sinaloa, desde donde se encargaban de distribuir la naranja en el sur de Sonora. En Cajeme (hoy Ciudad Obregón), el Sr. Escobosa acomodaba medio furgón de fruta. Una vez en Cajeme la naranja era distribuida en Esperanza y los pueblos yaquis. En Navojoa, Escobosa Romero, entregaba de medio a un furgón de fruta a Jesús Barbusón, quien, a su vez, la vendía en localidades cercanas.

Federico García y Alva sostiene que los Pavlovich exportaban naranja a Chihuahua, Durango y Coahuila y  se tiene la certeza de que Lucas y Felipe vendían naranja en Sinaloa. María Gámez, esposa de Pepe Escobosa, comercializaba naranja fresca tanto en Mochis, como en Culiacán, Sinaloa. Los comerciantes con los que transaba la Sra. Gámez distribuían el cítrico en los poblados aledaños.

En la temporada de 1933, José Pavlovich colocó naranja hermosillense en la Ciudad de México. Los comerciantes de La Merced recibieron gustosos la fruta proveniente de las plantaciones de Lucas y Felipe Pavlovich, a pesar de ser un poco más pequeña que la naranja veracruzana.

La firma comercial “L. J. Pavlovich y Hermano” inició con el negocio de exportación de naranjas a Estados Unidos y Canadá en 1904. Los Pavlovich exportaban naranja a Estados Unidos. La fruta que se exportaba,  500 cajas diarias, se embarcaba en el Ferrocarril de Sonora y llegaba a su destino a través de la aduana de Nogales, Sonora.

En julio de 1900, el cajón de naranja mexicana se vendía en Corpus Christi en $ 1.50 dólares, en tanto que el cajón de naranja americana se cotizaba en $ 3.00 dólares. Para agosto de 1900 el precio de 200 unidades de naranja en la misma plaza ascendía a $ 3.00 dólares. En 1904, la naranja de Hermosillo se vendía en el extranjero a $ 7.00 dólares el millar. En 1916, la caja de naranja cosechada en los naranjales de los Pavlovich se cotizaba en $ 7.50 dólares.

Fueron varios los acontecimientos que pusieron fin al periodo de bonanza de la empresa “L. J. Pavlovich y Hermano”. El sabor y la calidad de la naranja sonorense amenazaban a los citricultores estadounidenses, por lo que introdujeron el piojo a Hermosillo. La plaga del piojo invadió las huertas de Hermosillo alrededor de 1927. En consecuencia, el gobierno de la Unión Americana impidió el paso de la fruta infestada por su territorio mermando, así, las exportaciones. La plaga del piojo ocasionó la pérdida de los mercados más importantes, incrementó los costos de producción y disminuyó el precio de la naranja. El crack bursátil de 1929 profundizó la situación al colapsar los mercados internacionales y disminuir el volumen de productos agrícolas comercializados en Estados Unidos.

Además, en el reparto agrario de 1937 a los Pavlovich les fueron expropiadas 200 hectáreas de tierras cultivable. También, el hecho de que la población de Hermosillo haya crecido propició que las huertas quedaran inmersas dentro del perímetro de la ciudad. Asimismo, la apertura de la Costa de Hermosillo y el inicio de la producción de naranja en el valle del yaqui afectó el negocio de Lucas y Felipe Pavlovich.

Por otro lado, alrededor de 1933, Lucas y Felipe pidieron un préstamo a Victoriano López dando en garantía la Regional y la Quinta Amalia. Los Pavlovich no pudieron pagar la deuda y perdieron ambas propiedades.

Alrededor de 1940, Lucas y Felipe Pavlovich finiquitaron la firma comercial “L. J. Pavlovich y Hermano” y dividieron los bienes en dos partes.

A Lucas le tocó la Huerta de Ruiz y a Felipe el resto de las huertas pequeñas. A la muerte de los hermanos Pavlovich sus hijos heredaron las tierras y bienes inmuebles de sus padres.

Los hermanos Pavlovich no sólo fueron los productores de naranja más importantes de Hermosillo, sino los más modernos y tecnificados de finales del siglo XIX y principios del XX. Administraban una gran extensión de terrenos con 19 huertas, controlaban la tercera parte de las acequias y establecieron una red de compradores fuertes que distribuía la fruta en diferentes mercados. Las técnicas de cultivo utilizadas, así́ como el empleo de instrumentos de labranza de punta y maquinaria moderna les permitieron cosechar naranja de primera calidad.

Los Reyes de la Naranja, como llamaban a los Pavlovich en Sonora, propiciaron que Hermosillo se diera a conocer como la “Ciudad de los Naranjos”. Su vida es ejemplo para todos los citricultores sonorenses.

1 Comment

  1. Marco A. Camou 01/10/2017 at 12:03 pm

    Hi, this is a comment.
    To delete a comment, just log in and view the post's comments. There you will have the option to edit or delete them.

Leave a comment

©2012 Casa de las Ideas, Derechos reservados. l Sitio desarrollado por: Freaner Creatives

Search

Back to Top