¿Y la transparencia?

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Por Leonardo Kourchenko

El reciente reporte de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) acerca del programa gubernamental Jóvenes Construyendo un Futuro exhibe, con claridad, una serie de áreas oscuras e inconsistencias.

El programa estrella del gobierno afirma que más de 970 mil jóvenes de todo el país reciben una ayuda de tres mil 600 pesos mensuales –por un año–, y que están inscritos en una serie de actividades de entrenamiento técnico y profesional en múltiples empresas.

Sabemos por informes de la Secretaría del Trabajo que se han destinado alrededor de 40 mil millones de pesos al programa. Pero lo que no sabemos es quiénes integran el padrón de esos 970 mil jóvenes. Quiénes son, dónde están, sus perfiles, son urbanos o rurales, trabajan en empresas o talleres, etcétera. Existe una amplia zona de vaguedad en la información del gobierno.

Pero eso sólo es el caso del programa estelar, no excluyente ni exclusivo de otras dependencias del gobierno.

No sabemos cuántos recursos se han destinado a otros programas sociales: el de las personas de la tercera edad, el de las madres solteras, el de los migrantes, el de los centroamericanos a los que se les dio y entregó una ayuda económica, nada. El triángulo de las Bermudas.

La SEP no ha informado nada acerca de las plazas de los maestros, la reinstalación de aquellos quienes, violando la ley, habían faltado a sus evaluaciones y sobre todo se habían ausentado sin justificación de sus labores frente a las aulas. Nada, silencio total.

La Secretaría de Salud, cuyo vergonzoso titular sigue ofendiendo a enfermos crónicos y a los padres de niños enfermos, al decir que no hay desabasto, que no hay urgencia.

La ilustre y desinformada secretaria de Gobernación, con su subsecretario estrella, sosteniendo diálogos con grupos armados, autodefensas y hasta delincuenciales. El resbalón de la señora Sánchez Cordero encendió las alertas que luego tuvieron que salir a apagar con extintores de emergencia. ¿Con quién habla, dialoga, busca la pacificación del país? Tampoco dicen, un extenso y oscuro silencio para ocultar el ilegal trato del gobierno con criminales. Esta distorsión de que el crimen obedece a asuntos éticos y morales o de falta de oportunidades, cuando toda la investigación científica demuestra que el crimen organizado se mueve a partir de complejas variables económicas, de negocio, de visión cuasi empresarial. No es un tema de derechos humanos, como tristemente se acaba de comprobar en la tragedia del bar en Coatzacoalcos, sino de lucha entre organizaciones por el control de zonas y de plazas. Se trata de un negocio, no de buena o mala conducta.

El anuncio flamante, positivo ciertamente, del acuerdo con los empresarios para el tema de los gasoductos, presume un ahorro de cuatro mil 500 millones de dólares. Nadie dice a qué plazo, en cuánto tiempo, por qué motivo. A estas alturas del cierre el miércoles por la noche, desconocemos el texto del acuerdo. ¿Qué firmaron? ¿A qué se comprometieron? Nadie sabe.

Por años escuchamos al hoy Presidente de la República señalar con vehemencia que los gobiernos anteriores manipulaban al pueblo, ocultaban información, maquillaban números, desviaban dinero.

Le concedo toda la razón, creo firmemente que lo hicieron en distintos temas, momentos, dependencias y programas. Ahí está el escandaloso caso de la ‘estafa maestra’ que apenas inicia –ojalá– con sus pesquisas, porque si se queda ahí, en la emblemática detención de Rosario Robles, habrán actuado de forma idéntica a sus predecesores, encarcelando símbolos y no desarticulando redes de corrupción.

Y justamente ese es el tema. Se comportan igual a los gobiernos anteriores. Peña encarceló a Elba Esther, no porque faltaran motivos de corrupción o desvío de dineros del sindicato, sino porque lo desafió políticamente. ¿Se renovó el sindicato? No. ¿Se aprovechó la oportunidad para democratizar a ese gremio? No. López Obrador encarceló a Rosario, ¿y lo demás? ¿Y las universidades? ¿Y las empresas fantasma? ¿Y los colaboradores, socios, aliados de la entonces secretaria? Nada. Es igual, son iguales.

No hay una sola conducta distintiva en el comportamiento del gobierno, excepto, hasta ahora, la austeridad y la firme postura contra la corrupción.

El gobierno de la ‘transparencia’ no informa cuánto presupuesto se ha recortado a las dependencias, ni tampoco a dónde ha ido a parar todo ese dinero. No informa que le desconectan el internet a escuelas públicas, para ahorrar. Nula transparencia, inexistente claridad, cero construcción de decisiones consensuadas y en el marco jurídico, pregúntele a la Junta de Gobierno del Conacyt.

Tenemos un gobierno que presume de todo lo que carece.

Escucharemos el domingo una serie de cantos vigorosos a los logros de los “compromisos cumplidos”, exactamente igual a Peña, Calderón, Fox, etcétera. Son iguales.

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