Solo Dios le da sentido a la vida y a la muerte

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Por Irma Romo Salazar

Nunca olvidaré esta enorme certeza, porque fue lo que experimenté en mi corazón durante la misa donde, junto a mi familia, dábamos gracias a Dios por la vida de mi papá que había fallecido a los 81 años.

Esta fue la primer pérdida que experimenté después de haber conocido al Señor, y esa fue la primera vez que supe lo grande que es haberlo conocido y tenerlo, porque lo importante no es haberlo conocido sino tenerlo, no soltarse de Él y mas aún, servirle. Este el mas grande privilegio de todos y donde uno empieza a experimentar las mieles de la paga única del Señor.

Atesoro en mi corazón la paz infinita cuando desde el porche de mi casa junto a Carlos, y abrazada de mis hermanas, veía como se llevaban el cuerpo de mi papá y ¿cómo explicar esa paz indecible y plena cuando está partiendo para siempre una de las personas que más amas en tu vida? No hubo arrebatos de llanto, ni angustia, ni desesperación, solo aquella preciosa paz, agradecimiento y una sensación de plenitud incomparable.

Esta fue mi primera experiencia de lo que vale servir al Señor, no solo haberlo conocido, pues Él sabe pagar como nadie puede hacerlo, y darnos en el momento en que más lo necesitamos lo que Él sabe que necesitamos.

“Solo Dios le da sentido a la vida y a la muerte”, esta reflexión quedó firme en mi para siempre. Aquella primera experiencia de pérdida me hizo reflexionar que también a mi vida Dios la había llenado de sentido, y a los momentos que antes podían haber sido banales Dios los hacía plenos y llenos de significado… valía la pena vivir, la vida valía la pena, todo tenia sentido y valor, ¿cómo agradecer lo suficiente a Dios por todo esto? Él es mi perla, mi tesoro, y junto a Él todo lo tengo por basura, como decía San Pablo.

Les comparto esto ahora, mis hermanos, porque estas palabras han vuelto con una gran firmeza a mi corazón en estos momentos. La vida, el dolor, la adversidad pero también la felicidad, el éxito y los placeres, todo sería un absurdo y un infinito vacío sin Dios. Esta es mi certeza de vida, esta es mi paz, esta es mi fortaleza.

Cuantas veces me pregunté en mi interior, qué experimentarían las personas que están en la situación que yo estoy ahora, qué ideas pasarían por sus mentes, cómo serian sus noches y sus días, y es ahora cuando yo puedo decir que para mi estos días y noches han sido llenos de una gran paz como nunca antes, una presencia de Dios en todo en los detalles, en los médicos, en todas las personas con las que me cruzo, en todo, aún en los momentos difíciles era estar por encima o mas allá del dolor físico no se puede describir con palabras esto, pero experimenté en carne propia lo que dice la Escritura en aquel texto que es de las palabras de la Biblia una de las que mas atesoro: “Si pasas por las aguas, yo estoy contigo, si por los ríos, no te anegarán. Si andas por el fuego, no te quemarás, ni la llama prenderá en ti”. Is 43,2

Literalmente viví esta experiencia y fisicamente no puedo explicarlo, pasar y no pasar por el dolor físico, tal vez es algo como sentirlo pero nunca llegar al limite, y salir airosa al final del proceso doloroso. Todos mis hermanos que han vivido esta experiencia me comprenden pues al compartir esto me estoy uniendo a muchos hermanos y hermanas a quienes Dios les ha concedido vivir esta experiencia, y junto con ellos agradezco a Dios por este gran privilegio de descubrir que en el momento de mayor fragilidad humana es cuando somos mas fuertes con la fortaleza de Dios.

Es cuando cobran vida y poder en nuestras vidas aquellas Palabras: “Mi gracia te basta”… Amén Jesús.

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