Sabios consejos

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Por María Emma de Romo

“De lo que te platiquen… nada. De lo que veas… un poco” Me decía mi abuela materna Francisca Molina Urquídez, originaria de la región de Batuc, una persona sencilla, sin mucha escolaridad, pero con esa gran sabiduría que se adquiere al ir acumulando años de vida y de experiencias.

Si en aquel entonces su consejo era válido para los chismes del pueblo y las pocas noticias que podían llegarnos del exterior al pueblo donde vivíamos, ahora es indispensable para poder poner en prospectiva el alud de información que diariamente recibimos a través de los medios modernos de comunicación.

Una mañana, escuchando en la radio la interminable reseña de lo acontecido en Zamora, Michoacán, en el albergue de “Mama Rosa”, a quien inmediatamente, y sin haberse realizado una investigación exhaustiva, juzgaron y condenaron, vino a mi mente el consejo de mi abuela.

Cualquier persona con capacidad de reflexión se da cuenta de que para que una institución tan acreditada como era esa casa hogar haya llegado a la situación en que hoy se encuentra, se deben haber conjugado muchos factores. Para mí, tratándose del Estado de Michoacán, uno de ellos puede ser la intervención de personas ajenas, de esas que no aceptan un “no” por respuesta. Otro, la falta de apoyo del gobierno y de la sociedad. Otro la disminución -por la avanzada edad de la directora- de su fuerza física y su capacidad para ejercer el control. Usted escoja o agregue el que la parezca.

Probablemente nunca sabremos exactamente qué pasó. Nos informarán lo que a las autoridades les parezca conveniente, aunque no necesariamente sea la verdad. Ayer supimos que “Mamá Rosa” resultó libre de cargos, pero el daño moral para ella y para la obra a la que dedicó su vida, ya está hecho, y es irreversible.

Así pues, “De lo que platiquen…nada, y de lo que veas…un poco…”. Estamos viviendo épocas difíciles en todos los ámbitos y niveles: Guerra en el medio oriente entre Israel y Gaza, se empieza a recalentar la guerra fría a raíz de lo acontecido en Ucrania, desacuerdos con las leyes de inmigración en EEUU que nos afectan directamente, inconformidades entre los partidos políticos por las reformas del presidente Enrique Peña Nieto, y arriba de todo eso, aquí en Sonora estamos en tiempos electorales.

Hoy más que nunca es indispensable estar conscientes de que la radio, los periódicos y la televisión son negocios, muy lucrativos, por cierto. Las inserciones pagadas y los tratos para apoyar ciertas tendencias políticas les reportan la mayor parte de sus ingresos. Ante esto vale la pena preguntarse: ¿Qué tanto de lo que estos medios nos trasmiten nos puede servir como punto de referencia para formarnos una opinión bien sustentada?

Más por hábito que por otra cosa, yo sigo leyendo la sección principal y la sección metro del principal periódico local a través de Internet. Como a mi esposo no le interesa leerlo, le informo cuando publican algún desplegado o encuentro una nota verdaderamente interesante. Lo primero que me pregunta es: “¿Quién firma el desplegado y quién es el responsable de su publicación?”  Estos datos, dice él, nos sirven para saber qué grado de credibilidad puede tener lo escrito. Esta pregunta es válida para columnas, artículos y reportajes.

Antes de dar por cierto lo que nos trasmiten los medios de comunicación hay que aprender a “separar el trigo de la paja”, ser analíticos y profundamente críticos,  leer entre líneas y ser conscientes de que para que una mentira se acepte debe contener alguna porción de verdad, aunque sea pequeña.

Poco a poco la Internet, a través de las páginas web, los portales de noticias y las llamadas “redes sociales”, están desplazando a los medios impresos tradicionales, que se han visto obligados a sumarse a esta tendencia incontenible. De la misma manera, la forma de comunicarse de los seres humanos ha cambiado, y sigue cambiando rápidamente.

Hoy las noticias se dan a conocer de inmediato. Una persona con un teléfono en la mano y acceso a la red se convierte en un reportero ciudadano y publica de inmediato cualquier suceso importante,  desde el mismo lugar de los hechos, incluyendo una foto o un video que  respalde el contenido, que luego, a través de twitter y facebook puede convertirse en viral. Ya nada queda oculto. ¡Ah! Pero como no todo puede ser bueno, también existe la contraparte, los troles que insultan soezmente y desinforman vía twitter, el fotoshop para alterar las fotografías, los videos editados, el robo de identidad y hasta el terrorismo informativo, como nos comenta Víctor Mendoza en su prestigiada columna, “El Serrucho”.

Para personas de avanzada edad como mi esposo y yo, que vivimos una infancia donde el teléfono era de pared con manija, el telégrafo la forma más rápida de comunicarse y en la radio se escuchaba más estática que otra cosa, es difícil imaginar hacia dónde se dirige la humanidad. Veo a mi nieto de cinco años -del cual me separan setenta- usar la tecnología con un aplomo increíble.  Gozo cuando consigo tener una  conversación con él, pues tiene una mente brillante, y una visión del mundo que lo rodea acorde al tiempo que está viviendo y la información que de él recibe. Me doy cuenta que entre esta generación y la nuestra hay años luz de distancia.  La manera de relacionarse de los seres humanos está cambiando, el contacto personal se sustituye por el electrónico, o un escueto mensaje telefónico.

Ante los avances tecnológicos y la información instantánea, muchas personas prefieren seguir viviendo en su pequeño entorno íntimo, y para no preocuparse tratan de mantenerse ignorantes de lo que realmente sucede en el mundo, sin seguir las noticias locales, nacionales o mundiales. Sin enterarse pues de la realidad que se vive en su derredor, y sin pensar que se necesita la cooperación de todos para lograr que los cambios que inevitablemente sufriremos se den en forma positiva.  Lo malo es que estas personas, ignorantes por decisión propia, también tienen un voto que cuenta a la hora de elegir autoridades.

Para mí, Internet es un entretenimiento y una manera de estar informada, una ventana al mundo y sus aconteceres, un sustituto de todas aquellas actividades que poco a poco he dejado atrás. Para las nuevas generaciones se ha convertido en una forma de vida. Desde muy tierna edad empiezan aprender las técnicas con simples jueguitos en aparatos de batería, después pasan a los juegos electrónicos, las tabletas, las computadoras y los avanzadísimos teléfonos inteligentes que siempre tienen a la mano.

¿El secreto? Actualizarse, actualizarse constantemente, pues apenas se domina un programa se inventa otro más novedoso y de esta manera, a pasos agigantados, la brecha generacional crece constantemente, poniendo de manifiesto la incapacidad de mi generación para seguir el paso.

En algún lugar escuché: “Si no avanzas con el mundo… El mundo avanzará sin ti…”. Con gran tristeza confieso ser uno de los rezagados… ‘

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