¿Quién provocó la devaluación?

Especiales, Recientes No hay comentarios en ¿Quién provocó la devaluación? 5

Por Ricardo Valenzuela

A principios de 1994, preparábamos una reunión entre Luis Donaldo Colosio y Arthur Laffer, ex jefe de asesores económicos del presidente Reagan, y estábamos por definir fechas. Pero el 23 de ese mismo mes Colosio era asesinado en Tijuana. Me llamó Laffer conmovido por la tragedia y recuerdo muy bien lo que me dijo: “se vienen tiempos muy difíciles para México. Esto es solo el inicio de un plan para desestabilizar el país y el objetivo es una devaluación que puede ser catastrófica”. Nos despedimos con cierto tono sombrío. Nunca imaginé que meses después estaría en su comparecencia ante el congreso de EU, para hablar de la devaluación mexicana.

Se arreciaba el ataque más inmoral no solo a la obra de Salinas de Gortari, un cruel ataque al corazón de México. Brotaban enfrentamientos dentro del grupo del presidente. Salinas tendría que imponer a Zedillo. Las investigaciones felliniscas del asesinato de Colosio. Los muertos ligados al asesinato que empezaban su desfile. La presión en contra del peso era cada día mayor. El asesinato de Ruiz Massieu. Los capitales iniciaban su salida. Finalmente, el primero de diciembre se lleva a cabo el traspaso de la presidencia.

Entre rayos y centellas el 19 de noviembre 1994 se habían reunido el presidente Salinas, Zedillo, los secretarios de Hacienda, de Comercio y del Trabajo, el gobernador del Banco de México y Luis Téllez, el Coordinador de Asesores de Zedillo. Aspe y Mancera expusieron de manera breve la delicada situación que enfrentaba el país. Salinas manifestó su interés en que la nueva administración se iniciara en las mejores condiciones económicas; si para eso se requería una devaluación, estaba dispuesto a asumir esa responsabilidad. Pidió opiniones. Se enfrentaban Zedillo y Aspe. Zedillo quería devaluación.

Aspe intervino para oponerse con argumentos claros, sensatos y convincentes. Recordó que si bien durante el sexenio se había depreciado la moneda, se hizo pactando un desliz mayor en el techo de la llamada banda de flotación, nunca de manera brusca, ya que eso, además de generar confusión hubiera minado la confianza. Aspe afirmó entonces: “Dado lo positivo del sistema de banda de flotación durante todos estos años, en mi opinión, no hay ninguna razón para realizar una “pequeña” devaluación de 15%. Un cambio abrupto del techo de la banda rompería bruscamente la tradición de movimientos graduales; eso llevaría a una devaluación mayor en menos de 24 horas y, peor aún, a la pérdida de confianza y una crisis mucho mayor de la que estamos contemplando en estos momentos”.

En las primeras horas del lunes 21 de noviembre, Aspe daba la cara y los mercados se calmaban. Aspe volvió a demostrar su eficacia y su credibilidad en los mercados nacionales e internacionales: cesaron las salidas de capitales y la tranquilidad se mantuvo hasta el 1 de diciembre, día en que se realizó el cambio de gobierno.

Zedillo propuso una coordinación económica encabezada por Jaime Serra. Aspe se opuso afirmando era tener dos autoridades responsables de finanzas y economía. Aspe propuso que Serra asumiera desde ese momento la responsabilidad completa y que elaborara las medidas que, según las filtraciones del equipo de Zedillo, tenían como eje el llevar a cabo una rápida devaluación. Aspe inclusive, ofreció entregar su renuncia firmada y quedarse al lado de Serra un par de meses para que los mercados se calmaran. Pero Zedillo quería fuera a Aspe de inmediato y no aceptó. La propuesta de Zedillo no prosperó y su negativa tendría graves consecuencias.

Al momento del anuncio del gabinete de Zedillo. La Bolsa de Valores inició una caída libre que continuó hasta la fatídica devaluación. Los inversionistas reprobaban el gabinete. Lo consideraban “inexperto” y recriminaban la ausencia de Pedro Aspe en Hacienda. Durante años Aspe había construido un capital de credibilidad y confianza, tanto que en los círculos financieros más importantes del mundo lo llamaban, “Pedro el Grande”. Aspe era una urgente necesidad desatendida. Laffer me decía, “ese fue el error más grande de Zedillo”.

Cuarenta y ocho horas después, sin que el nuevo gobierno atendiera esa llamada de atención de los inversionistas, se inició el desmantelamiento del servicio civil de carrera en el área financiera del gobierno federal. Consumado el relevo de Aspe, fueron removidos todos los miembros del segundo mando en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, los tres subsecretarios, el de Hacienda, el de Egresos y el de Ingresos, el Procurador Fiscal y el Tesorero de la Federación.

Por primera vez fueron relevados todos los miembros del tercer mando de Hacienda, todos los Directores Generales, base de ese servicio civil. El 90% debió renunciar de forma inmediata, entre ellos los directores generales de Crédito, Planeación Hacendaria, Banca de Desarrollo, Banca Múltiple, Seguros y Fianzas. Los sustitutos no fueron nombrados oportunamente- y durante casi un mes el mando financiero quedó sin directores generales de Crédito y de Planeación Hacendaria. Lo mismo sucedió en áreas tan sensibles como las de tributación, presupuesto y control fiscal, donde las remociones fueron tan inmediatas como generalizadas.

Pero la destrucción continuaba. Tuvieron que dejar sus cargos servidores públicos en el cuarto y quinto nivel de la Secretaría de Hacienda: 79 directores de área y 176 subdirectores. Funcionarios clave para la operación del mercado de dinero y de valores fueron despedidos, entre ellos el director general de Nacional Financiera y los presidentes de las Comisiones Nacionales de Seguros y Fianzas y del Sistema de Ahorro para el Retiro. Y para consolidar la carnicería, en la madrugada del 20 de diciembre se da a conocer de manera oficial la apertura de la banda de flotación en un 15%, lo que inició a una de las crisis más graves que haya enfrentado el país y se extendería por todo el mundo.

¿Por qué este desmantelamiento de un servicio civil que había mantenido la estabilidad de precios y del tipo de cambio? Funcionarios del gobierno de Zedillo lo atribuyeron a la expresa intención presidencial de borrar todo vestigio del equipo de quien fuera el secretario de Hacienda, blanco de lo que pareciera un odio enfermizo que durante años Zedillo mostraba por Pedro Aspe. Años después, Jaime Serra, en aquel diciembre de 1994 Secretario de Hacienda y participante en la reunión del Pacto, afirmó que el “error” había consistido en:

“El asegurar que no habría devaluación y luego declararla (el perro). El haber notificado a los empresarios la medida que estaba por tomarse para que, durante la misma reunión, abandonaran el salón para realizar llamadas, dar tips, ordenar traslados de fondos y ventas de pesos en corto o largo”: Un líder sindical que también participó en aquella reunión del Pacto confirmó cómo se había llegado a ese garrafal error. Documentos del Banco de México confirmaron la entrega de información privilegiada.

El 22 de diciembre el país amaneció con un nuevo régimen cambiario basado en la flotación. Ese día el peso sufrió otro severo descalabro. Se devaluó hasta 4.80 por dólar, y en casas de cambio y bancos llegó a cotizarse hasta en 6 pesos por dólar: Ya sin reservas internacionales, el peso flotaba bajo la influencia de especulación y la incertidumbre. La devaluación ya no era un instrumento para proteger las reservas internacionales, sino el resultado de acciones sin rumbo. La decisión se tomó de manera aislada: A nadie se le explicó la medida como parte de un paquete de política económica. El terrible impacto de la brusca devaluación en términos de credibilidad, aunado a la ausencia de un paquete formal de política económica, fueron el origen de la grave crisis económica y financiera que cimbrara al mundo.

¡Ahora había que buscar culpables! Porque el presidente en funciones nunca se equivoca.

Author

Leave a comment

©2012 Casa de las Ideas, Derechos reservados. l Sitio desarrollado por: Freaner Creatives

Search

Back to Top