No traicionar

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Por Macario Schettino

La dislocación que está sufriendo el mercado laboral en México debería preocupar, pero creo que no se ha percibido. Lo primero que debemos tener en cuenta, que según esta columna es lo más importante, pero frecuentemente se olvida, es que la informalidad es la característica más significativa del mercado laboral mexicano. De los 54 millones de mexicanos que trabajan, 30 millones son informales. Es decir, no cuentan con prestaciones de salud y seguridad social, ni responde su salario a ley alguna. Precisamente por esa razón, la discusión acerca del salario mínimo, hace ya un par de años, me parecía ociosa. El efecto sería muy pequeño, puesto que muy pocos estaban en ese nivel de ingreso. Creo que así ha sido, porque no ocurrió un efecto “faro” hacia la informalidad, al menos no todavía.

Sin embargo, el Presidente, en su muy extraño paquete para la frontera norte, incluyó un incremento de 100% al mínimo, que parece ser la causa de que miles de trabajadores en Matamoros se hayan ido a huelga. Entiendo que un tercio de las empresas ha aceptado las demandas, mientras que otras han decidido marcharse de Matamoros. En unos meses podremos evaluar si el efecto fue positivo o negativo, cuando sepamos el número de empleos perdidos, y comparemos con las ganancias salariales de los que los mantuvieron.

En diciembre, se perdieron 380 mil empleos en el país, la mayor cifra en décadas. El desorden en recursos humanos del gobierno federal es inenarrable. Napoleón Gómez Urrutia es senador y Elba Esther Gordillo está fundando un partido político. Han perdonado, de antemano, a Carlos Romero Deschamps.

Por otra parte, miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, la disidencia sindical que parece haber fagocitado a la organización, han bloqueado por dos semanas las vías del ferrocarril en Michoacán, exigiendo el pago de 5 mil millones de pesos, que aseguran se les deben. Ya recibieron mil millones, pero no piensan quitarse de las vías federales de comunicación.

Adicionalmente, ha iniciado el programa de aprendices, que consiste en un pago mensual de 3,600 pesos a jóvenes que serán incorporados a empresas. Hasta donde sé, las empresas no pueden seleccionar a los jóvenes, o imponer requisitos, sino sólo recibir lo que les envíe el gobierno. Esos jóvenes, de acuerdo con información pública, serán capacitados por el mercadólogo de López Obrador, Epigmenio Ibarra.

Este programa me parece muy peligroso. Primero, se les paga a estos jóvenes el doble de lo que reciben los médicos que están en servicio social, aunque aquellos no tengan siquiera la preparatoria; segundo, sus habilidades y actitudes son desconocidas, pero el adoctrinamiento de Ibarra no creo que sea positivo; tercero, para las empresas, este programa es un serio riesgo, especialmente en el contexto de dislocación que comentamos, y más cuando ahora es posible crear sindicatos múltiples en cada centro laboral.

Para ponerlo claro: la probabilidad de que las empresas estén aceptando recibir activistas de la más rancia izquierda, financiados desde el gobierno, para promover discordia laboral, es elevadísima. No dudo que habrá decenas de argumentos en contra: oportunidades, buen salario, lucha de clases, empresarios abusivos, defensa de privilegios. Esto y más seguramente se esgrimirá en contra de mis preocupaciones. Y no cambiarán su posición ni siquiera cuando empecemos a ver que las huelgas, casi inexistentes por décadas, proliferen. Ni cuando las inversiones desaparezcan. O cuando el gobierno no tenga para cubrir lo prometido: 2.3 millones de aprendices, que con ese ingreso representan 100 mil millones de pesos al año. La cantidad de movimientos simultáneos me parece grave: líderes vetustos recuperando terreno, movimientos subversivos-sindicales apoyados desde el gobierno, promoción de activistas financiados. No es exactamente lo que uno hubiera imaginado por Justicia Social. No sé qué pensaran tantos empresarios que han apoyado a AMLO a últimas fechas.

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