No jueguen con fuego

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Por Macario Schettino

Quería platicar con usted acerca de la conmemoración, este fin de semana pasado, del treinta aniversario de la caída del Muro de Berlín, y con esa excusa explorar el tema de las utopías. Pero este mismo fin de semana hemos tenido dos eventos muy importantes en materia democrática que creo que merecen atención. Mañana hablamos del Muro y las utopías.

En Bolivia, Evo Morales no tuvo más remedio que aceptar que se estaba robando la elección. Lo documentó el equipo de la OEA que participó en la observación. Después de inventar que había un golpe de Estado en su contra, no le quedó sino reconocer su fracaso. El intento de perpetuarse en el poder no le ha resultado. Tal vez no había depauperado lo suficiente a su país, como sí lo lograron Castro en Cuba y Chávez en Venezuela. Evo no podía participar en la elección, porque la Constitución de ese país ya no permitía una reelección más. Lo hizo, pero no pudo ganar en primera vuelta, y sabía que en la segunda habría una coalición en su contra que le impediría el triunfo. Por eso ‘tiró’ el sistema, inventó resultados y quiso imponerse. La oposición, después la población, y finalmente las fuerzas armadas, se lo impidieron.

Lo que ocurre en Bolivia tiene hoy más importancia de lo normal en México, porque acá vivimos un proceso de destrucción institucional que tiene como objetivo permitir a quienes están en el poder no dejarlo jamás. Si usted no lo ve, no verá nada nunca. Desde 1990, las reformas político-electorales en este país se hicieron buscando el consenso, y no por mayoría. El único caso en el que no hubo acuerdo total, rumbo a la elección de 2006, se debió a la necedad del PRD, como seguramente recuerdan Pablo Gómez y Jesús Cantú. Debido a que la conformación del Consejo General del IFE no fue del total agrado del PRD, cuando el resultado de la elección no les favoreció, arguyeron fraude. Nunca lo probaron, pero siempre lo han afirmado. La verdad no es lo suyo.

En cualquier caso tomaron venganza en la reforma de 2007-2008, defenestraron al consejero presidente de entonces, modificaron las reglas a su favor, y aun así perdieron en 2012. La última reforma, en 2013, también se hizo por acuerdo de todas las fuerzas políticas.

Ahora, Morena y asociados quieren modificar las reglas electorales por su pura mayoría. Artificial, como sabemos, puesto que sólo contaron con 44 por ciento de los votos para el Congreso, pero lograron hacerse de 62 por ciento de las curules, que han ampliado comprando a mercenarios políticos como el Partido Verde y parte del PRD. Así, sin tener mayoría simple en las preferencias ciudadanas, quieren ejercer mayoría calificada en el Congreso, y con ello modificar las reglas electorales para mantenerse en el poder.

Saben que, como van las cosas, su participación en 2021 será un fracaso y no quieren arriesgarse. Por eso quieren reducir los recursos para los partidos, monetarios y de tiempo en medios. Por eso quieren cambiar consejeros. Por eso quieren reducir el periodo del consejero presidente a tres años. Por eso promovieron la revocación de mandato. Por eso todo.

Cambiar las reglas de acceso al poder, desapareciendo de facto la democracia liberal, es un atentado a la paz pública. Reitero, ningún partido hizo nada parecido en los 21 años de democracia de este país. Sólo el grupo que hoy está en el poder ha atentado permanentemente contra la voluntad de las mayorías. Como he insistido muchas veces: no son demócratas y no lo serán nunca.

Más allá de lo que pase en el Congreso, la sociedad tiene que rechazar el cambio de reglas electorales. O se hace por consenso, o se quedan como están. La estabilidad, integridad y permanencia del Estado es lo que está en juego. Seguridad Nacional se llama.

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