Los dueños del agua

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Por Nicolás Pineda

Han proliferado, al menos en Hermosillo, carteles, revistas y spots de radio auspiciados tanto por el gobierno del Estado como por particulares que propalan la consigna de que “El agua es de todos”. La frase hiere mi susceptibilidad porque, cada vez que la veo, no puedo dejar de pensar en los grandes agricultores (del norte y del sur) que son titulares de grandes concesiones y extraen, cada uno de ellos, cantidades de agua que resolverían fácilmente la escasez y las angustias de la ciudad de Hermosillo. Ellos sí son dueños del agua. Pero ¿Y entonces dónde quedamos?

Entiendo que es una idea laxa, resultado del estira y afloja del conflicto por el acueducto, que busca crear una opinión o tendencia social favorable para que la Suprema Corte de Justicia avale el acueducto. Pero ese es precisamente el problema, que con frases e ideas como ésta no se construye un estado de derecho ni se le da verdadera base legal a una obra que pretende ser eje del desarrollo y legado trascendente de este gobierno.

Las concesiones de agua

Vamos por partes y comencemos por el principio. La Constitución mexicana, en su artículo 27, señala que la propiedad del agua “corresponde originariamente a la Nación, la cual ha tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares, constituyendo la propiedad privada”. Pudiera argumentarse que la primera parte equivale a decir que “el agua es de todos” y que la nación somos todos. Pues sí, pero también eso equivale a hacer a un lado la segunda parte del texto constitucional que establece las concesiones de agua a los particulares. Estemos de acuerdo o no, la Ley le asigna al Ejecutivo Federal la facultad de otorgar concesiones y asignaciones de agua a los particulares; éstas son las que conocemos en México como “derechos de agua”.

No se trata entonces de una rebatiña en la que el agua que está ahí yo la puedo agarrar cuando yo quiera porque yo la necesito y porque “es de todos”. Aquí el orden legal está dado porque las concesiones y asignaciones fueron otorgadas por el Ejecutivo Federal a través de la Comisión Nacional del Agua y han sido registradas en el Registro Público de Derechos de Agua (REPDA). Esto es muy diferente a decir que el agua es de todos y vamos sobre ella.

Hay que aclarar que la ley hace distingos entre las concesiones y las asignaciones. Las concesiones se otorgan a los particulares y pueden ser vendidas o traspasadas de un particular a otro, siempre y cuando el cambio sea registrado en el REPDA. Las asignaciones en cambio de otorgan a los gobiernos municipales o estatales para los servicios públicos de agua y no pueden ser transferidas o vendidas.

Como puede verse, a fin de cuentas, el agua no es de todos sino que tiene dueños a los que se les ha concesionado o asignado. Por lo tanto, por más necesidad que uno tenga o por más abundante que sea, no puedo decir que es de todos y por lo tanto me la apropio.

Los derechos de agua en Hermosillo

Tanto las aguas del río Sonora y sus afluentes como las del río Yaqui han sido totalmente concesionadas a particulares o a gobiernos para los servicios públicos. Estas concesiones tienen diversas antigüedades pero la mayoría de ellas fueron ratificadas a partir de 1994 cuando se creó el REPDA.

Parte del litigio del acueducto del Novillo tiene que ver con la compra de los derechos de agua de los pueblos de Huásabas y Granados. Los jueces tendrán que decidir si fue legítima y conforme a derecho.

Pero el otro punto que hace falta revisar es cómo están las concesiones y derechos de agua en torno a la ciudad de Hermosillo. Resulta muy interesante, por ejemplo, encontrar en el REPDA que en el arroyo Zanjón, que es el que riega los viñedos de la región de Estación Pesqueira, están concesionados 30 millones de metros cúbicos al año. Sin embargo, otras informaciones señalan que lo que se extrae es mucho más. Hay referencias de que un solo viñedo extrae 60 millones de metros cúbicos. El punto es que esta agua no está llegando a Hermosillo y se concesionó a la agricultura. Muchas de estas concesiones fueron por veinte años y están por vencerse a partir de este año y, según la ley, pueden ser renovadas o no. Una situación similar se puede observar también en el río San Miguel, el río Sonora y en la Costa de Hermosillo. Yo estoy de acuerdo de que muchas de estas actividades agrícolas son muy productivas y crean empleos, pero yo a los que señalan que “el agua es de todos” les pregunto ¿No hay que reclamar el agua del Zanjón para Hermosillo? ¿No tiene Hermosillo, sus familias y sus negocios más necesidad que los productores de uva? Supongo que éste no es el sentido de la propaganda.

Pero esta situación da para reflexionar si no es el momento de revisar cómo está el panorama completo de los usos del agua en nuestro entorno. ¿No será el momento de revisar nuestras prioridades y ver a qué usos hay que darles prelación? ¿Dónde está esta planeación?

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