Líder, no dictador

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Por Manuel J. Jáuregui

Un amigo que admiramos mucho, muy exitoso en su rama profesional, escribió un libro que contiene sesudas deliberaciones, las cuales quisiéramos compartir hoy con ustedes. Sostiene en su opus (la disciplina y el autor es lo de menos, lo que importa es la universalidad de su filosofía) que cualquier persona exitosa depende de un equipo, de una organización y que todas las organizaciones ganadoras comparten algunas características básicas.

Dice el autor: “Cada buena organización o equipo que me he encontrado posee un liderazgo fuerte. Pero por ‘líder’ no quiero decir un dictador, no, quiero decir una persona VISIBLE, comunicativa, inspiradora, que encarna en su persona todo lo que la organización pretende ser. Esta persona marca el tono y la cultura para toda la compañía y no le transmite a nadie ninguna duda respecto a de qué se trata la organización o qué pretende lograr ésta ni hacia dónde se dirige.

“Ellos (los buenos líderes) viven, actúan y respiran todo lo que la organización representa dejando perfectamente claro a todos cuál es la misión.

“Estos líderes se esfuerzan por dejar absolutamente claro cuál es el papel que le toca desempeñar a cada quien dentro de la organización y también cómo la contribución individual de cada miembro afecta al resto de la compañía.

“Entender qué trabajo le toca realizar a cada quien, y cuándo realizarlo, es clave y debe ser claro para todos: ¿A dónde vamos? ¿Qué requerimos hacer? ¿Cómo y cuándo lo haremos y a quién le toca hacer qué?

“Adam Smith (escocés del siglo 18, considerado padre de la economía) postuló que los humanos estamos motivados por el interés personal. Los buenos líderes saben cómo lograr que los intereses individuales sean los mismos a los de la organización.
”Estos líderes separan y fijan los tiempos: hay momentos en que se requiere una cadena de comando tipo militar en el que las órdenes fluyen de arriba hacia abajo, pero también hay momentos dentro de las organizaciones en los que los individuos que la integran pueden y deben contribuir con sus ideas y formar parte del proceso de decisión.

“¡Olvídense de los discursos y los ‘slogans’ (dichos), la comunicación cara a cara y la acción clara es lo que determina la efectividad de un buen líder y, al final, el éxito o fracaso de la organización a su cargo!”.

Nos preguntarán, ¿a qué viene esto? ¡A todo y a nada! Por un lado tenemos lo ABSURDO de una monarquía en pleno siglo 21, estas instituciones anacrónicas, parásitas, deben ser abolidas, ya que representan la antítesis de los valores democráticos. ¡¿Que la nieta de un taxista llegue a ser considerada REINA, intocable, suprema, superior a todas las mujeres españolas no les parece absurdo?!

No creemos en los EMPERADORES ni en la sociedad NI EN LAS EMPRESAS. Sí creemos, en cambio, en los líderes que describe el amigo Gil: gente que inspira y que representa en su persona los VALORES que comparte con la organización humana que le toca inspirar. Decíase antiguamente que “las comparaciones son odiosas”. Obvio es que nuestros ancestros no habían descubierto el “benchmarking”: hoy las comparaciones son una herramienta insustituible de la mejora continua. Nada se puede mejorar si no se mide, sobre todo, cuando hablamos de desempeño.

Apliquen si gustan, amigos, los conceptos mencionados líneas arriba con la forma en que funciona nuestro sistema político, y no podrán menos que concluir que en nuestra sociedad padecemos de una notoria ausencia de líderes.

Líderes visibles, comunicativos, que inspiren y que encarnen en su persona los valores de toda la sociedad. ¿Los ven ustedes por algún lado? Les confesamos que un servidor no alcanza a distinguir a alguien que llene este perfil. Discursos los hay, rollo y arenga, en abundancia, pero, ¿alguien que inspire por representar los valores centrales de nuestra sociedad? ¡No en el triunvirato monopólico de agrupaciones políticas que padecemos!

La naturaleza aborrece los vacíos: apostamos a que tarde que temprano surgirá alguien que llene este hueco, que inspire, comunique y enarbole los intereses de las mayorías… ¡y que no les guste a las minorías!

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