La Pasión en Iztapalapa

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Por Paz Fernández Cueto

Iztapalapa, la zona más poblada de las 16 delegaciones del Distrito Federal, una con los más altos índices de violencia, celebra durante Semana Santa, la representación de la Pasión de Cristo en el Cerro de la Estrella. Lugar sagrado y centro ceremonial que fuera de los antiguos moradores de la región, rodeado entonces de canales, chinampas y trajineras, ahora inmerso en el bullicio de los ejes viales y del ajetreo del Metro, Iztapalapa se transforma cada año en escenario viviente del misterio Pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

Fueron los misioneros, verdaderos genios de la evangelización, quienes aprovechando elementos importantes de tradiciones indígenas, lograron transmitir el evangelio a través de la inculturación del cristianismo en la conciencia colectiva de los pueblos. Costumbres y manifestaciones artísticas, envueltas en el ropaje del folklore, hicieron suya la esencia de un cristianismo centrado en la Persona de un Jesús que muere en la Cruz para salvar a los hombres.

Algo que conmovía profundamente a los mexicanos y que los misioneros introdujeron hábilmente en su catequesis fueron las representaciones teatrales ligadas al calendario litúrgico: pastorelas en tiempo de Navidad que son parte integral de las posadas, y durante la Cuaresma, representaciones de la Pasión. No fue difícil a un pueblo profundamente religioso, acostumbrado a ofrecer sacrificios humanos para mantener contentos a sus dioses, penetrar en el misterio de un Dios que se hace hombre y derrama su sangre para saldar la justicia divina. Un Dios-Hombre que, por serlo, carga con los pecados de la humanidad entera, asumiendo en carne propia el sufrimiento y la muerte. Un Hombre que siendo al mismo tiempo Dios, merece la salvación para cada uno de los hombres de manera súper abundante. El pueblo contempla agradecido y se estremece.

Lo más importante para la selección de los actores en Iztapalapa es la identificación con el personaje en la que participan los asistentes. Los papeles ya no se heredan familiarmente como se hacía en otras épocas. Soldados romanos y judíos, integrantes del Sanedrín, la Virgen María y las mujeres del pueblo, José de Arimatea o la Verónica, se eligen de entre los habitantes de los diferentes barrios. El honor más grande es representar a Jesús, para lo cual se exige un entrenamiento físico muy intenso que le prepare para cargar con la Cruz hasta el Calvario, en medio de empellones y tropiezos pero ante todo, una preparación espiritual comprometiéndose a llevar una vida ordenada, ejemplo para la comunidad.

Un caso conmovedor es el del personaje que este año interpretará a Judas, el interno del Reclusorio Norte, Carlos Obregón Malpica, de 23 años de edad, preso por el delito de robo.

De acuerdo con el Sistema Penitenciario, para interpretar este papel de traidor en la Pasión de Cristo, se inscribieron 21 reclusos entre los cuales fue seleccionado Obregón Malpica por su buena conducta, su disposición a trabajar, estudiar y practicar algún deporte. “Durante la preparación del personaje, he sentido el coraje y la frustración que quizás llegó a sentir Judas; yo como él buscaba dinero fácil y lo que encontré fue la cárcel”.

Esta fiesta religiosa, además de mantener la unidad a través de la cooperación y el esfuerzo colectivo, logra hacer que la representación de la Pasión, conmueva a los asistentes por su realismo y profundidad. Cada quien hace suya la imagen de Cristo sufriente, discriminado, excluido, enfermo, rechazado, perseguido o encarcelado, de ese Cristo que encontramos día a día, llevando su cruz a cuestas, por todas las encrucijadas del mundo.

Este domingo de Ramos, cuando las casas y las calles se llenan de flores y las campanas se echan a vuelo, Iztapalapa se transformará en Jerusalén y la multitud, levantando ramos y palmas hacia el cielo, aclamará entusiasmada a Cristo Rey, para desconocerlo el jueves santo y entregarlo de nuevo a la Cruz. Misterio de ignominia que se repite en nuestras vidas y que solo adquiere sentido mirando el Domingo de Resurrección.

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