La caverna

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Por Sergio Romano

De los muchos textos que me han marcado pocos lo han hecho tan profundamente como “La República” de Platón.

Este Diálogo Socrático es un intento de fundamentar una nación ideal  y para ello el filósofo ateniense parte de la noción de Justicia, para desembocar en una sinarquía en la que los más aptos, los más justos y los más desinteresados deben ser quienes rigen la sociedad a través de líderes honestos y obedientes.

Pero la parte más inquietante es el Libro Séptimo, aquel donde Sócrates-Platón supone la existencia de una caverna en la cual, desde la hora su nacimiento, vive encerrada una multitud de seres humanos.

Estos seres están cargados de cadenas de tal manera que no pueden voltear hacia atrás, obligados por ende a ver siempre el fondo de la caverna sobre el cual se proyectan incesantemente sombras de lo que ocurre fuera de la caverna, pero aquellos encadenados que no pueden ver hacia atrás suponen que las sombras son la realidad.

Platón, en esa alegoría, nos dice que somos esclavos de las cadenas de las pasiones y los prejuicios y suponemos que lo que vemos es real, pero si nos atreviéramos a romper las cadenas podríamos escalar la caverna y salir a la luz y ver las cosas como realmente son.

Este pensamiento vale lo mismo para la reflexión cotidiana que para el ejercicio espiritual y me recuerda permanentemente que detrás de lo aparente está lo real. O como dice Antoine de Saint Exupery en “El Principito”: Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.

Aceptemos entonces –así sea apriorísticamente– que lo que vemos no es real. Ni los gobiernos son lo que parecen ni los dizque líderes morales lo son en realidad y, sobre todo, los ídolos del momento son cualquier cosa menos seres excepcionales.

Somos un tiempo y una sociedad enferma de cosas, y quienes rigen el mundo, los empresarios de lo vacuo y lo inútil, nos sacian de espectáculos ñoños y de personajes de caricatura y nos hacen creer que son verdaderos héroes.

Somos tan ajenos a nosotros mismos que rendimos pleitesía a semigorilas como Cristiano Ronaldo, Canelo Álvrez, Cuauhtémoc  Blanco o Neymar, cuyas habilidades musculares jamás emularemos así nos volteemos al revés pero cuyo cerebro está en etapa chimpancé.

Y aceptamos que nos gobiernen líderes maniquéos que sólo velan por sus propios mezquinos intereses. Pero en cambio no aspiramos a ser sabios o guías morales, cosa que cualquier ser humano puede lograr con solo proponérselo.

Para la Madre Teresa de Calcuta sólo fue menester el amor ilimitado a los demás; y eso podemos hacerlo todos. Pero preferimos admirar las sombras de lo imposible de la caverna de la fantasía.

 

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