Halloween, ¿tradición o contradicción?

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Por Rafael Ayala

Celebrar Halloween se ha convertido en un tema controvertido. Las razones de oposición a esta celebración son de dos tipos: quienes la rechazan por ser tradición de origen extranjero y los que la resisten por motivos de credo espiritual o religioso. Redacto este texto con el propósito de dar a conocer los motivos del segundo tipo de oposición y para que personas comprometidas con la fe cristiana, bajo cualquier denominación, tomen una posición informada y no basada en ignorancia.

Un acto de congruencia.
La oposición religiosa a esta práctica se sustenta en un acto de congruencia. Resultaría absurdo que un judío celebrara navidad o un musulmán, la resurrección de Jesucristo; pues son conmomeraciones cristianas opuestas a sus credos. Igual de incoherente resulta que un creyente en Jesucristo festeje una de las principales fiestas de las religiones satánicas o anti cristianas.
Las iglesias de seguidores de Satanás existen. Aunque en muchos países sólo hay agrupaciones al respecto, en otros, como en Estados Unidos, son consideradas denominaciones religiosas. En este país la iglesia satánica obtuvo su registro en los años sesenta. La fundó Anton Szandor Lavey, quien alcanzó gran popularidad y seguidores en el mundo del espectáculo del país norteamericano. Otra institución de origen británico, la WICCA, es quizás la principal organización de este tipo, ahora convertida en religión en varios países y agrupación en otros. Esta iglesia es integrante del movimiento neopagano, es decir, contrario a las creencias cristianas. Sus integrantes se auto consideran brujos y brujas. Estos grupos de seguidores de Belzebú tienen su calendario de festividades. Dos de ellas se celebran el día último de octubre y se han fusionado en una sola tradición: “Halloween.” Estas festividades son el ‘Sabbath’ y el festival de Samhain.

Los orígenes.
Seguramente la mayoría de quiénes celebran Halloween no lo hacen con el propósito de participar de una tradición anti cristiana; sin embargo, cuando hablamos de cuestiones religiosas, y en especial las espirituales, deberíamos conocer su significado y propósito original.
El festival de Samhain era celebrado cada fin de octubre por los celtas, antiguos habitantes del ahora Reino Unido. Samhain era su dios y “señor de la muerte”, y lo honraban ese día ofreciéndole como sacrificio frutos de sus cosechas, animales y humanos. Los drúidas, sacerdotes de los celtas, solicitaban a los pobladores que ofrecieran un bebe o una virgen para sacrificarla esa noche; en la cual el “señor de la muerte” y sus demonios los visitarían. Quienes se negaban a entregar la víctima eran marcados en la puerta de su casa para que esa noche los demonios los destruyeran, y quienes cooperaban eran protegidos de los espíritus malignos mediante una legumbre dentro de la cual se ponía una vela. Durante la ceremonia los drúidas se disfrazaban con las pieles de los animales sacrificados para sacar del pueblo a los demonios que los visitaban y regresar a la normalidad al día siguiente. Con las cenizas y restos de los sacrificios los sacerdotes predecían, en un acto de adivinación, el futuro del siguiente año. De estos ritos derivan las tradiciones que hoy se realizan en Halloween, como colocar en las puertas una calabaza iluminda desde su interior; dar una ofrenda (ahora dulces) a los demonios (actualmente niños disfrazados de ellos) y marcar las casas de quienes se negaban a cooperar (rayar las fachadas de quiénes no dan dulces a los niños o hacerles alguna travesura), etc.
Por su parte el ‘Sabbath’ es lo que conocemos como “fiesta de brujas”. Nombrado así en abierta burla a la tradición hebrea de dedicar el sábado al Señor. En ellas las brujas y brujos, se reunen para ofrecer sacrificios a Satanás (señor de la muerte) mediante ritos, actos sexuales y muerte. Existen varias fechas especiales para celebrar ‘sabbaths’ a lo largo del año, especialmente ligadas a ciclos agrícolas, pero la principal, supongo que ya lo dedujo, es el 31 de octubre.
Se cree que la palabra Halloween es una derivación de la abreviatura de “All hallows eve”, que en español signfica “noche previa al día de todas las almas”, mejor conocida en el mundo cristiano como “el día de todos los santos”, el cual se festeja el primer día de noviembre. Ante la imposición en la antigüedad del catolicismo en gran parte de Europa, las costumbres paganas se siguieron celebrando, pero con nombres parecidos a los de la iglesia para evitar las consecuencias que ello implicaba. Así los druídas, encubrían su celebración del fin de octubre diciendo que sus ritos eran el festejo previo a dicha festividad.

Entre la convicción y al presión social.
Como acto de congruencia, desde mi perspectiva, las familias creyentes o cristianas no debemos celebrar esta tradición. Entiendo que la intención al participar, en la mayoría de las personas, no tiene nada que ver con las prácticas de las iglesias satánicas, pero ese no es el factor central. La reflexión radica en dos niveles, el espiritual y el ético. Algo que afecta nuestra sociedad actual es que nos hemos acostumbrado a aceptar cualquier actividad, producto o tradición por ser practicada por las masas y promovida por la mercadotecnia y los medios masivos, sin importar su sentido o significado. Hemos hecho a un lado el sentido ético de lealtad y convicción por ceder a la seducción de la publicidad y la aprobación de la sociedad. En estos tiempos mas que nunca la presión social es más fuerte que la ética y la congruencia. El “qué dirán” y “lo que hace la mayoría”, no nuestras creencias y convicciones, son los parámetros de decisión de muchos.
Aceptamos, y hasta promovemos, que los héroes de televisión sean narcotraficantes y delincuentes que destrozan la vida de miles, si no millones, de jóvenes, adultos y familias; ahora consideramos normal que los negocios se hagan mediante corruptelas. A tal nivel de degradación social e incongruencia, ahora sumamos celebrar tradiciones que no sólo son ajenas a nuestras creencias (en caso de los cristianos), sino contrarias a ellas, promotoras, al menos en su significado profundo, del enemigo de Dios y de los fieles. ¿Qué podemos esperar en el futuro de las acciones de nuestros hijos cuando les enviamos esos mensajes? ¿Es válido actuar en contra de lo que creemos mientras nos produzca placer o diversión?, ¿o será que nuestras creencias religiosas son tan superfluas, irreflexivas e incongruentes como la participarción en una fiesta de origen satánico?
En este sentido vale recordar las duras y directas palabras de Jesucristo registradas por San Mateo:
“¿Por qué también ustedes desobedecen el mandato de Dios para seguir sus propias tradiciones? Hipócritas, bien habló el profeta Isaías de ustedes, cuando dijo: Este pueblo me honra con la boca; pero su corazón está lejos de mí…”
También tenemos la dimensión espiritual, parte fundamental de las creencias religiosas y determinante en la sanidad interior del ser humano. Negar esta realidad es ignorar, o no creer, en enseñanzas clave del cristianismo como la oración, el ayuno y la comunión con Dios. No se requieren conocimientos de teología para entender que el espíritu detrás de una celebración satánica es justo eso, satánica.

Recomendaciones para este Halloween.
Si opta por no participar de esta celebración, le sugiero tomar las siguientes acciones:
1. Explíque a sus hijos por qué no celbrarán Halloween y no les permita salir a pedir dulces. Hay muchas maneras y otras fechas para festejar a los niños.
2. No deje que sus hijos asistan a la fiesta de Halloween de su escuela. Explíque la razón al maestro, déle una copia de esta información o simplemente no lleve a su hijo ese día a la escuela.
3. No regale dulces a los niños que piden Halloween; esta es una forma de participar, o por lo menos promueve que se siga celebrando. Si vienen acompañados de un adulto solo diga que no festeja esta tradición.
4. Comparta esta información entre sus amistades y conocidos, sobre todo a aquéllos que creen en Dios pero ignoran el trasforndo de Halloween.
5. Si tiene un comercio no promueva el Halloween.

Si aún le parece una exageración rehusarse a celebrar esta tradición, tiene la libertad para hacerlo; al igual que también posee la libertad para abstenerse. A fin de cuentas esto se resume a tener información, identificar su prioridad de creencias y actuar con congruencia, ya que en la ignorancia, o la ligereza de convicción, muchos no vivimos una tradición, sino una contradicción.

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