El mandato: asfixiar a la democracia

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Por Beatriz Pagés

Es cierto, los partidos reciben millones de pesos y de nada o de poco le sirven a la ciudadanía. Están desacreditados y han dejado de ser un verdadero instrumento de cambio político y social.

Sin embargo, el interés del Presidente de la República de reducir en un cincuenta por ciento el financiamiento a los partidos, no tiene como propósito tener una mejor democracia, menos cara y racional.

Tampoco se trata, –como ha dicho– de utilizar ese ahorro en la construcción de hospitales y escuelas públicas. Si así fuera, no se habría caído en la frivolidad de comprar dos estadios de béisbol por la cantidad de mil millones de pesos o de regalar 100 millones de dólares a Guatemala, Honduras y El Salvador para quedar bien con los pobres de la región.

No. Reducir los recursos a los partidos políticos tiene el propósito de hacer desaparecer a la oposición. Lo que queda de ella, por supuesto, porque hay partidos que han preferido convertirse en súbditos complacientes de la Cuarta Transformación.

Quitar dinero a los partidos suena bien de entrada. Es música para los oídos de quienes siguen a López Obrador y lo consideran un demócrata, pero se trata en realidad de una trampa para restar competitividad a los adversarios de Morena.

La propuesta presidencial es como una serpiente con cascabeles. La iniciativa, en teoría, obligaría al partido en el poder a devolver alrededor de 800 millones de pesos a la Secretaría de Hacienda. Sin embargo, no se deben olvidar dos cosas:  Morena es el partido del presidente y  desde varias secretarías, se están desviando recursos públicos para construir y fortalecer una estructura electoral y de simpatizantes que opere en el 2021 a favor de los candidatos oficiales.

PAN, PRI, PRD y Movimiento Ciudadano deberían preguntarse: ¿quién, en realidad, va a resultar beneficiado con el dinero que regresen los partidos de oposición o si esos recursos van a terminar siendo utilizados en su contra, como se advierte?

México tiene por primera vez en mucho tiempo a un Presidente de la República obsesionado con el tema electoral. El ya ganó ¿o no? Ya ejerce el poder, ya hizo realidad el sueño de convertirse en el hombre más poderoso del país.

A quienes toca o generalmente preocupa hacer una reforma electoral que garantice mayores condiciones de equidad es a los partidos contrarios y a la ciudadanía. Sin embargo, en esta ocasión el Ejecutivo Federal impulsa modificaciones con evidente matices autocráticos.

La revocación de mandato para estar en la boleta electoral en el 2021, la eliminación de los plurinominales, la reducción del financiamiento a los partidos, desaparecer los organismos electorales (OPLEs) y concentrar toda la operación en un INE sin autonomía, reducir el número de consejeros electorales para construir una mayoría afín al gobierno y otras propuestas, apuntan a querer regresar al país a los tiempos del “gran elector”.

Quitar dinero a los partidos es un canto de sirenas. Detrás de la propuesta está el mandato de asfixiar la democracia. Van de vuelta por el partido único y absoluto. Van por la legalización del avasallamiento. Por la instauración del decálogo mussoliniano donde el líder es el único y gran elector.

Allá y los partidos de oposición si se dejan engañar, si aceptan tomar la pala para cavar su propia tumba y dar un tiro de gracia a la democracia.

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