Del voto de castigo a la propuesta

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Por Oscar Héctor Paco Barrera

Empezaré por expresar mi agradecimiento a Oscar y Carlos Romo por aceptar mis colaboraciones, a partir de hoy en esta interesante página cibernética y gracias a usted por hacerme el favor de brindarme unos minutos de su tiempo. Al final de esta columna encontrara las formas de estar en contacto si así usted así lo desea.

Las recientes elecciones nos han dejado varias lecciones, que si bien es cierto los ciudadanos de a pie cumplimos con ir a votar y aquí el tema de esta primera colaboración, optando unos por la persona que en campaña nos convenció, o por el partido en que milito; o bien tratando de dar un cambio porque no estoy conforme con el partido que en el momento gobierna. A este último se le ha dado en llamar “voto de castigo”.

En lo particular no estoy de acuerdo en privilegiar el voto de castigo como el factor determinante que ocasionó la derrota electoral del o los candidatos cobijados bajo las mismas siglas de quienes en el momento gobiernan. Se supone que el PRI es el partido más grande y organizado de México y sus directivos manifiestan tener un padrón de militantes, de 9.6 millones de personas en toda la nación. En el universo de 60 millones de ciudadanos enlistados en el padrón electoral del Instituto Nacional Electoral (INE), en el PRI solamente militan el 1.6% de este padrón, de ese tamaño es la proporción entre militancia y sociedad civil.

Los partidos políticos son entidades de interés público que tienen como fin promover la participación de los ciudadanos en la vida democrática, contribuir a la integración de la representación nacional y como organizaciones de ciudadanos, hacer posible el acceso de éstos al ejercicio del poder público, de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulan y mediante el sufragio universal, libre, secreto y directo y eran constitucionalmente, la única vía de acceso al poder público  Ahora también es posible las candidaturas independientes, que tienen como primer éxito a un gobernador electo en el estado de Nuevo León, una diputación federal en Guadalajara y varios ayuntamientos del territorio nacional.

Bien de regreso al tema. Hablar de un voto de castigo es aceptar que el valor de la propuesta es inferior al comportamiento bueno o malo de la clase gobernante. No siempre se da el caso de que a un buen gobierno le substituya uno o una de su mismo partido, igual en caso contrario. En el 2009 Eduardo Bours, PRI,  entregó el gobierno del estado a Guillermo Padres del PAN y en Hermosillo Ernesto Gándara, PRI; lo hizo a Javier su primo del PAN. Ni Bours, ni el borrego habían hecho un mal gobierno; como para aplicar la fórmula del voto de castigo. Es más siempre he asegurado que no siquiera la inolvidable tragedia de la guardería influyó en el elector en aquel momento.

Guillermo Padrés fue un magnifico candidato del PAN a la gubernatura. Con un  gran dominio escénico, sin escrúpulos para hacer de la mentira y el engaño la mejor de sus armas y con notable superioridad sobre el candidato del PRI en el arte de la oratoria exhibida en los debates, se convirtió en opción ganadora. Las votaciones históricas entre PRI y PAN en cifras aproximadas en diferencia de votos eran de 200 mil en 1991; 60 mil en 1997 y solo 7 mil en 2003 hablan por sí solo del rumbo que tomaba el futuro electoral de Sonora. En 2009 el PAN ganó porque esa era la tendencia, marcada desde 1985.

En las elecciones recientes, un gobierno estatal cínico, déspota e insensible, fracasado en su manejo de políticas públicas, corrupto a mas no poder en su manejo presupuestal, inversión de obra y programas sociales no era ya garantía para su desgastado partido, que también se sumó a la ola corrupta cuando su presidente, por el solo hecho de serlo fue premiado con terrenos del patrimonio municipal de Hermosillo, me pregunto ¿Fue castigado o fue superado? Yo opino que Claudia Pavlovich y Manuel Ignacio “maloro” Acosta convencieron de que ellos eran la opción del presente para solucionar la multiplicidad de problemas, sobre todo en falta de decencia; que en la capital y el estado se presentaban.

Entiendo que López Caballero ha hecho un buen gobierno municipal y sin embargo, el voto de castigo se aplicaría a él y no al trienio de Javier Gándara, que carga con la inmoralidad de los terrenos robados al municipio, la ilegalidad del destino de recursos públicos etiquetados y de bienes municipales enajenados abusivamente a favor de socios y amigos.

En conclusión, las elecciones se ganan no se pierden. Insistir en el voto de castigo es hablar de elecciones perdidas y no es cierto. Las elecciones son en periodos de tiempo, igual las condiciones sociales son dinámicas y cambiantes. La sociedad mexicana, sonorense en este caso, nos supera  a quienes creemos tener la capacidad de análisis y permanentemente nos da lecciones. Ciertamente se manifiesta parcialmente en contra de los partidos políticos, pero sigue mayoritariamente confiando en los veteranos PRI y PAN—salvo en Nuevo León—y acepta cuando algunos de ellos proponen proyectos frescos y con promesa en sus candidaturas y vota para ganar, no para castigar.

oscarhpaco@hotmail.com    

Twiter:  PacoBarrera@hotmail.com    

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1 Comment

  1. Lourdes Yañez 23/06/2015 at 6:26 pm

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