Del nuevo PRI

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Por Salvador Camarena

El problema de Alito Moreno no es ganar la elección del Partido Revolucionario Institucional, cosa que encima se da por descontada. Su problema es que el PRI creó una cultura (por llamarle de manera elegante) del agandalle y que hoy esas maneras de hacer política son dominadas por importantes cuadros de Morena.

Quién necesita al PRI si ya tenemos los impulsos de los morenistas en la Cámara de Diputados.

Hoy, los compañeros de aventura del presidente Andrés Manuel López Obrador pretenden retroceder el reloj más de 40 años.

Los de Morena promueven cambios que además de asegurarles el control monopólico de San Lázaro constituyen un homenaje al peor PRI, en forma y en fondo.

Días atrás la diputada Dolores Padierna anunció que su partido buscará que se modifique la ley orgánica del Congreso para que la presidencia de los diputados ya no se turne anualmente, sino que se la quede el partido mayoritario –Morena– durante toda la legislatura.

Los argumentos esgrimidos por Padierna al hacer el anuncio tienen toda la retórica de la naftalina del PRI más rancio.

La diputada sostiene, sin soltar la risa, que ella sólo pretende ajustar la ley a la realidad electoral surgida en 2018: según ella, la idea de que la presidencia de la Cámara de Diputados cambie de partido era para reflejar el pluralismo que desde los noventa trajo como resultado, entre otras cosas, que ninguna fuerza política tuviera la mayoría absoluta. Pero como ahora sí hay mayoría absoluta, lo que toca es hacerle caso a la realidad y modificar el artículo 17 de la Ley Orgánica del Congreso para que la bancada predominante se quede el liderazgo de San Lázaro los tres años.

Padierna llegó incluso a declarar que “es ingenuo que una mayoría le ceda el control de la Cámara a una minoría”.

La pretensión de Padierna tiene una raíz revanchista. “Yo estuve en bancadas de 133 integrantes y no nos daban ni siquiera la presidencia de una comisión que no fuera de las secundarias. ¿Cuántas legislaturas han pasado en que a la verdadera izquierda (sic) no nos daban ni el saludo? Hay que reconocer ahora el peso político de cada quien”.

Estos argumentos los habría firmado Fidel Velázquez.

Fueron los métodos antidemocráticos del PRI los que impidieron que durante décadas el Congreso reflejara el verdadero pluralismo de la nación. Víctima de esas maniobras fraudulentas fue la izquierda histórica. Por ello es cuando menos decepcionante atestiguar que cuando por fin gana una fuerza que se dice de izquierda, ésta pretenda una regresión: cerrarles espacios a las minorías.

Qué malos ganadores han resultado los de Morena. Arribaron con fuerza al poder, pero les parece poco lo que, por una vez, las urnas les dieron; ahora mediante baratas maniobras pretenden hacerse de más.

Y falta ver lo que pretenden hacer los de Morena con el presupuesto para los partidos. No vaya a resultar que la letra chiquita de un caro anhelo (que los partidos no reciban las barbaridades de recursos que desde los noventa les llueven) sea una trampa embozada: dejar a las otras fuerzas políticas sin apenas dinero cuando el partido en el poder tiene más de lo que nunca siquiera soñó.

Desde los años setenta, el sistema político comenzó a aceptar que tenía que tender hacia la apertura. Hoy Morena quiere mover las manecillas del reloj al revés.

Alito podrá ganar la elección en su partido, pero en una de esas descubre que de esa marca histórica en Insurgentes Norte ya queda muy poco: porque para priistas, lo que se dice priistas, los de Morena.

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