China y los comodities

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Por Roberto Jewel G.

Los precios de metales y productos agrícolas perecederos empezaron a bajar en 2011 y han seguido esa tendencia desde entonces. El índice de precios de metales del Banco Mundial llegó a su nivel más alto ese año y desde entonces ha bajado a un ritmo anual de 12 por ciento. Actualmente, el índice de precios de metales está cerca de 60 por ciento del nivel de junio de 2011. Algo parecido sucedió en el caso de los productos agrícolas. A partir de 2011, el índice global de precios promedió una baja anual de 6.4 por ciento y actualmente la canasta cuesta 74 por ciento de lo que costaba en 2011.

Los precios de los energéticos siguieron una trayectoria diferente. Durante tres años los árabes sauditas hicieron lo necesario para mantener el precio del barril de petróleo arriba 100 dólares, pero a partir de 2014 decidieron aumentar su producción de crudo, causando que los precios se derrumbaran. El índice de precios de los energéticos bajó más en un año que los precios de metales en cuatro.

La baja de precios de los commodities afectó profundamente los términos de intercambio comercial. La tendencia ha favorecido a los países consumidores de materias primas, como son China, Japón y la mayoría de los países europeos. Por el contrario, la baja de los commodities perjudicó a Brasil, Canadá, Venezuela, Argentina, Australia, EU (productos agrícolas) y a varios países africanos, que son productores de materias primas.

La tendencia de precios favoreció a la mayoría de la población mexicana, puesto que el País es un neto importador de varios de los productos commodities en cuestión. Algunos de ellos, sobre todo los agrícolas, son insumos básicos de la industria alimenticia; otros son utilizados en la producción de bienes industriales que posteriormente se exportan. Pero, aunque en general la tendencia de los commodities favoreció a los mexicanos, no todo ha sido miel sobre hojuelas, puesto que los ingresos del Gobierno federal dependen significativamente de la renta petrolera.

La economía de China tuvo mucho que ver con la conducta de los precios de los commodities, tanto durante los años que estuvieron al alza como durante el periodo que han estado bajando. Esto se debe a que el consumo de China pesa tanto en los mercados globales de estas mercancías que en cuanto el crecimiento de China bajó a “solo” 7 por ciento anual, los commodities empezaron a caer.

China tiene alrededor de la quinta parte de la población de la tierra y su economía representa alrededor de la séptima parte de la global, pero pesa mucho más que eso en los mercados commodities: Los chinos consumen más de la mitad del concreto, aluminio y níquel que se produce a nivel mundial; producen y consumen alrededor de la mitad del cobre, carbón y acero del mundo. La población de China consume 30 por ciento del arroz que se produce en el mundo, y anualmente importan poco menos de la cuarta parte del maíz que se produce en el planeta. Para colmo, son consumidores significativos de varios otros commodities entre ellos: uranio (13 por ciento), petróleo (12 por ciento) y trigo (17 por ciento), por citar algunos ejemplos. En suma, si China contrae un leve resfriado, a los productores de commodities se les acaba el mundo.

Pero el crecimiento económico más bajo de China no es la única tendencia de mercado que está ocasionando que el mercado de commodities esté estancado, y es que no sólo de commodities vive la gente. Dos otras tendencias de la economía de China están reforzando estos cambios. La primera de ellas es que el sector de servicios cada vez pesa más en la economía de ese país. Con ello, China se sumó a la lista de países en los cuales el sector terciario es el que más pesa (y crece) en la economía doméstica. Pero, además, el mercado de China se ha convertido en uno de los principales mercados de otras mercancías que difícilmente se pueden catalogar como insumos básicos. China es uno de los principales mercados de productos de lujo y alto valor agregado. Destacan entre estos el oro (23 por ciento del mercado mundial), las joyas preciosas (>20 por ciento), el turismo internacional (>20 por ciento) y los teléfonos celulares (> 25 por ciento), entre otros.

El mundo cambió y probablemente nunca regrese a su estadio anterior. Todo indica que la nueva normalidad implica una tasa global de crecimiento más baja. En el nuevo contexto, la demanda de los productos commodities ya no crecerá a dobles dígitos y los precios seguirán estancados. Qué triste, pero también qué bueno.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.

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