Watergate: la naturaleza de Morena

Benjamin Gaxiola Loya, Recientes No hay comentarios en Watergate: la naturaleza de Morena 4

El verdadero código genético de Morena no está en sus estatutos. La real naturaleza de Morena no se localiza en sus discursos. La esencia de Morena no descansa en su catálogo variopinto – muchos de ellos impresentables- de cuadros, directivos o seguidores.
Morena no es en el fondo un partido político de molde tradicional. Es un partido político en lo formal a la vez que una organización ciudadana de limitada representatividad social que no sea la el tabasqueño bendice, con derechos militantes y pluralidad interior que no sea la que el de Macuspana apadrina.
Es más un movimiento ecléctico y pragmático bajo la indiscutida dirección, usufructo y disposición de Andrés Manuel López Obrador, que una organización que busca el poder y en donde cuenten el peso e influencia de órganos de equilibrio internos que atemperen la visión de su accionista en estos momentos único, construyendo de esa forma lo que se denomina un partido político institucionalizado.
Su centellante crecimiento obedece más la paternidad de su fundador, que al acierto de ser una oposición firme, inteligente y de causas sociales de largo plazo que con sus acciones ha logrado arrojar profundos beneficios al conglomerado social.
Su acelerado crecimiento, puede degenerar en la atrofia de un cuerpo asimétrico de piernas débiles y cabeza robusta. De una elite arriba y una frágil base de masivos simpatizantes abajo, que una vez que pase el vendaval de los comicios dejen ver su verdadera talla.
No es de extrañar que esta sea la actual radiografía de esta opción electoral que pretende convertirse en gobierno.
Morena es el producto de la fusión de una gran constelación de escombros de la vieja clase política, conversos de diferentes partidos políticos antagónicos y de añejos simpatizantes de la tradición contestataria de todo el país.
He ahí su núcleo duro: la mezcla de diferentes formaciones, ideologías, intereses y circunstancias que más allá del resultado de las próximas elecciones, en nada auguran una efectiva soldadura institucional al partido que vino a desplazar al PRD como la expresión mayor de la “izquierda” en nuestro país.
Su rápido y exponencial crecimiento ha dejado ver su modus operandi. Reclutar es su palabra clave. Todos caben mientras nadie respingue. Doctrina e identidad no preocupan en estos momentos. Ganar las elecciones es lo único que importa.
Morena pretende lograrse como un movimiento con espíritu hegemónico. Su misión es la reforma profunda de la sociedad nacional, pero su credo es la división entre buenos y malos. Monocromática es su visión del país si de deslindar responsabilidades se trata. No en balde las cúpulas empresariales lo hicieron ver hace días en un escrito a la opinión pública.
Fuerza política que señala y descalifica lo que se le opone, pero que ha dejado entrar en su entrañas a lo mismo que criminaliza y condena. Tiene la creencia de que el Jefe Máximo podrá atemperar el disenso y hasta expulsar a los insumisos que osen salirse de su vector de gobierno. Difícil.
Morena navega en las aguas discursivas del país epopeyico. Juárez, la revolución mexicana, el cardenismo que en su visión es el país de los conservadores apátridas, los neo porfiristas tiranos y rapaces, los opositores al reformismo de masas respectivamente. Daltonismo político.
Ese es un México muy distinto al actual. Debería ser premisa para ajustar sus pretensiones de una nueva justicia social y orden sin corruptos en una era de escasa honestidad por sistema.
Pero para calibrar y calibrarse, se requiere ubicarse y pagar los costos sin fracturar al país de la mañana pasada la euforia del triunfo anhelado y el encono estratificado por décadas. Obrador parece que tiene prisa y la prisa es dañina para la marca de los países. La historia lo ha certificado.
De triunfar Morena, seguro triunfaran los lopezobradoristas, no necesariamente los marinistas. Visos de una tensión que desde ya agrieta los muros de la casa que el Peje construyo.
De ganar, Obrador puede ser un gran presidente si capta en su esencia, sin complejos ni vendettas baratas, la gran energía social que ha despertado y renueva lo sustancial sin mancillar lo necesario.
De igual forma, puede ser un costoso presidente si se ciega ante su propio culto, abdica de respetar la ingeniería republicana mexicana, se deja llevar por lo inmediato y le gana la calentura del trópico de donde viene.
Si la política no se aviene con los actos de fe, tengamos esperanza entonces.

Benjamín L. Gaxiola
Junio de 2018

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Benjamin Gaxiola Loya

Benjamin Gaxiola Loya (Hermosillo, Sonora, 16 de Marzo de 1970) es Profesor Universitario desde hace varios aÒos. De formacion Abogado e Historiador se ha desempeÒado ademas de la docencia y la abogacia, en el servicio publico y como asesor en el Poder Legislativo. En la administracion publica ha colaborado desde la Presidencia de la Republica y la Secretaria de Educacion Publica hasta la Secretaria del Ayuntamiento de Hermosillo recientemente, asi como en la Camara de Diputados del Congreso de la Union en la pasada legislatura y en la Camara de Diputados del estado de Sonora aÒos atras. Ha sido columnista en diferentes medios de comunicacion escritos de la localidad asi como analista en radio y television. De igual forma ha sido Secretario de la Sociedad Sonorense de Historia, A.C. asi como capacitador en tematicas educativas, politicas e historicas en distintas instituciones del sector publico y privado del estado.

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