¿Sonora es México, o “neverland”?

Benjamin Gaxiola Loya, Oscar Romo Salazar, Recientes No hay comentarios en ¿Sonora es México, o “neverland”? 139

En vista de la situación angustiosa que prevalece desde hace varios años, y que tiende a convertirse en una crísis crónica terminal aquí en nuestro estado de Sonora, ese mismo Sonora que llora de hambre y sed de justicia, pero que también clama por el abandono y la indiferencia que han mostrado los gobiernos federales para con este girón de la patria, que se deshace a pedazos y amenaza con convetirse en polvo, a menos de que recupere la atención y el apoyo federal que tanto necesita. Podríamos y deberíamos ser capaces valernos solos, si fuéramos una entidad adulta e independiente, pero tal cosa es imposible e impensable en las actuales circunstancias. Nos guste o no, nos encontramos a expensas de la misericordia y la buena voluntad federal.

Esa misericordia y esa buena voluntad, que en estos precisos momentos nos son tan necesarias como el aire que respiramos, no dejan de ser una idea lejana, una esperanza de lo más etérea y fantasmagórica, dado el distanciamiento del presidente Enrique Peña Nieto de nuestra entidad. Un alejamiento explicable durante los tres últimos años del gobierno de Guillermo Padrés, que se dedicó con inusitado entusiasmo y fervor a hostigarlo de una y mil maneras, llegando por momentos hasta el insulto, a través de las acciones y los mensajes que enviaban los abyectos cortesanos que lo rodeaban como una costra de mugre. Un distanciamiento que ya no tiene razón de ser, en vista del cambio de gobierno que decidimos realizar mediante nuestro voto, aquel 7 de junio que se aleja poco a poco, y que supuestamente marcaría el cambio de rumbo y destino para Sonora.

Tres años han pasado desde que Peña Nieto asumió la presidencia del país, y durante ese tiempo solo ha estado en Sonora unos cuantos minutos, apenas una breve parada en su incesante peregrinar entre unos estados del país y otros, algunos de los cuales ha visitado infinidad de veces, llevando incontables beneficios para sus habitantes. De entre ellos podemos colocar en los primeros lugares a Guerrero y Michoacán, dos entidades que, gracias a los conflictos violentos que se han vuelto parte de la vida diaria de sus habitantes, han logrado acaparar la atención del Mandatario, que ha derramado sobre ellos miles de millones de pesos de recursos federales para paliar los efectos de la violencia y la ruptura de la paz social y el órden público en aquella ensangrentada región del país.

¿Y Sonora? Mal, muy mal, gracias, y empeorando con cada día que pasa, al irse acumulando los daños causados por los fenómenos naturales con los efectos retardados del peor gobierno que haya habido en este estado, desde que el mundo es mundo y Sonora es Sonora. Pero ni por esas se ha dignado programar una visita a nuestra entidad el presidente Peña. Ni siquiera para constatar con sus propios ojos el espantoso desastre que han causado las lluvias recientes y los panistas depredadores que llegaron con la rienda suelta, y un hambre insaciable de riqueza mal habida. Peña Nieto tal vez ignora que no solo los fenómenos naturales causan estragos en las entidades y sobre los ciudadanos, y que hay meteoros políticos que pueden tener consecuencias mil veces peores, como ocurrió con el huracán de corrupción y degeneración que azotó nuestro estado durante el terrible sexenio 2009-2015.

Pero ni por esas. Ya no está Guillermo Padrés, y ya no está la horda de rufianes que nos dejaron prácticamente con las nalgas al aire. Quedan las pestilencias y los efectos de las miles de atrocidades cometidas, y queda un Sonora en estado de colapso institucional, social, económico, financiero y moral. No hay recursos ni para lo más elemental, y da pena ver a Claudia y sus funcionarios ir una y otra vez a la capital del país con la mano extendida a mendigar apoyos especiales para tener siquiera con qué completar este año de pesadilla. Duele ver cómo las mejores intenciones de este nuevo gobierno que está siendo sometido a una dura prueba de aptitud por los ciudadanos, se estrellan contra el muro de ruina y destrucción levantado por los meteoros naturales y por los ratas inmundos del padrecismo.

En Sonora podemos levantarnos de la lona, pero ha sido tan duro el golpe, ha sido tan profunda la devastación que no podemos ponernos de pie solos. Aunque el orgullo nos domine, debemos aceptar que necesaitamos que nos echen una mano para recuperar primero el equilibrio, y ponernos en movimiento después. No tiene nada de vergonzoso el solicitar ayuda. Vergüenza es robar sin pudor y a manos llenas, y tener que vivir el resto de la vida siendo señalado por el dedo de los conciudadanos como una persona inmoral, de baja calaña, indeseable e indigna de confianza y reconocimiento. Cuando menos en otros tiempos la gente se conducía bajo otros patrones de conducta, y se esmeraba por evitar ese tipo de calificativos despectivos. Pero ese antes era antes, y hoy es el ahora.

¿Sonora está realmente en México, o se encuentra en algún lugar remoto y extraño donde ocurren cosas que no ocurren en ningún otro lugar, o si ocurren tienen otra dimensión y otras repercusiones diferentes? Supuestamente Sonora sigue siendo parte integral de la federación de estados mexicanos, y por consiguiente sigue teniendo derecho a la misma atención y a un trato equiparable al que recibe cualquier otra entidad federativa. Supuestamente, porque no es así, y a las pruebas me remito.

Basta ver la carretera de 4 carriles que nunca jamás, por más dinero que le metan, será una real autopista con todas las de la ley. Y la carretera que se desprende de Santa Ana hacia Caborca, Sonoyta y San Luis Rio Colorado, y todas y cada una de las carreteras secundarias que conectan penosamente las ciudades y poblados sonorenses… en comparación con las carreteras que hay en casi todos los estados del país, por no decir en todos, son una vergüenza. Sonora tiene baja densidad poblacional, comparativamente hablando, pero ha contribuido generosamente al PIB nacional durante decenas de años, y lo sigue haciendo, aún en estos tiempos de desplome y abandono.

El magno proyecto de convertir a Guaymas en un puerto de altura, a nivel o por encima de los otros grandes puertos mexicanos quedó en veremos, arrumbado, y nada indica que se vaya a realizar algún día. El problema de desabasto de agua sigue en aumento y las soluciones definitivas brillan por su ausencia. El Plhino es un viejo recuerdo que se diluye cada vez más, a medida que transcurre el tiempo… y así sucesivamente, ejemplo tras ejemplo, prueba tras prueba, nos demuestra que Sonora es el patito feo de México, la Cenicienta del cuento mexicano, el jonuco del país… la puerta trasera del corral mexicano que utilizan solamente los narcos y los traficantes de indocumentados para hecer su negocio.

Mientras el gobierno federal vacía cantidades estratosféricas de recursos en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, en obras hidráulicas monumentales y modernos trenes rápidos hacia diversos puntos, y mientras Peña Nieto inaugura a diario y por todos lados nuevas autopistas y magníficas obras de infraestructura de gran calado, Sonora tiene una red carretera de cuarto mundo y además completamente destrozada. Hemos vuelto a los tiempos de la colonia, en el sentido de la marginación, el abandono y la indiferencia del omnímodo poder central.

Pero también es muy cierto que Sonora no crece ni se desarrolla al ritmo que los sonorenses quisiéramos, debido entre otras cosas a que su clase empresarial -que es la que en realidad invierte y genera empleos y riqueza- ha perdido el empuje arrollador de antaño, y se ha quedado anclada en viejas glorias que, por lo visto, jamás volverán. La IP sonorense ha preferido arrimarse a la ubre del gobierno para mamar golosamente de ella beneficios comodinos que la ubican como una clase empresarial a la que un filoso amigo mío, en un duro y claridoso mensaje que me envió recientemente, califica como “una oligarquía parasitaria y engorda-terrenos”. Con estricto apego al rigor crítico o un tanto alejado de él, esta percepción se sustenta por los hechos que tenemos a la vista, y que no admiten discusión.

Si a lo anterior le sumamos el abandono imperdonable e injustificable del supremo gobierno de la nación, y la mediocridad de la mayoría de los gobiernos estatales que hemos tenido, más el pavoroso sexenio de pillaje y depredación realizado por un lépero de siete suelas como Guillermo Padrés, que acabó con lo poco que quedaba, tendremos el mapa exacto de la situación actual en Sonora. Si a usted no le agrada lo que está leyendo, lo lamento de veras, pero desde mi modesta óptica es la realidad, y la realidad, como sucede con la verdad, no peca, pero incomoda… y hasta encabrita.

Agradeceré su comentario a continuación, o bien envíelo a oscar.romo@casadelasideas.com

En Twitter soy @ChapoRomo

 

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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