Meade, el candidato

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Partidistamente inédita su candidatura. De continuidad estructural su destape. Atractivo su perfil profesional, pero sin la experiencia política que dan los años de militancia y praxis. De buen trato y mejor hoja de vida.

Eso es lo que representa la novel candidatura del hasta hace unos días secretario de Hacienda Jose Antonio Meade Kuribreña a quien el Partido Revolucionario Institucional llevara de candidato para las elecciones del próximo 2018.

La crítica de los intelectuales no alineados, la prensa analítica, algunos priistas progresistas y por supuesto los opositores al PRI, acusaron antaño a Adolfo Ruiz Cortines de haber trabajado para los norteamericanos durante la ocupación de Veracruz de 1914 y a Adolfo López Mateos de ser inelegible por ser guatemalteco por via paterna.

A Luis Echeverría de no haber detentado con anterioridad un cargo de elección popular y a José López Portillo de haber militado en el almazanismo opositor al cardenismo en las reñidas de elecciones de 1940.
A Miguel de la Madrid de ser un frio tecnócrata y a Carlos Salinas de Gortari de no contar con experiencia en cargos de elección y de tener orígenes maoístas.

A Ernesto Zedillo de ser ajeno al priismo y recientemente a Enrique Peña Nieto de no tener mayor cualidad que ser el sobrino de su tío, el gobernador del Estado de México Arturo Montiel.

Pero a ninguno le señalaron en mayor medida, su falta de militancia o de vínculos de identidad con el PRI.
Meade es el primero en esta extraña situación – no obstante el comprobado priismo de su padre — que refleja mejor que nada los tiempos que se viven en la política nacional.

La candidatura de Meade podría resumirse en un par de puntos que abrevan en su biografía y trayectoria como secretario de despacho de dos presidentes de la republica — Calderón del PAN y Peña Nieto del PRI –, así como en su formación académica y desempeño profesional:
1) Es el candidato del modelo actual de desarrollo y
2) Se trata de un candidato externo al PRI.

Lo primero lo hace embajador de las elites que mantienen el control de aparato político-económico del régimen y que apuestan por la estabilidad macroeconómica, la capilaridad social controlada y el gradualismo político en materia democrática.

Lo segundo lo convierte en el espejo de lo que es y representa el PRI en estos momentos: un partido ayuno de cuadros propios capaces de disputar y ganar la máxima magistratura, atado a la voluntad presidencial y condenado a un uso instrumental como vehículo de candidaturas y ya no como expresión ideológica de un proyecto de nación.

Su bonhomía personal, su vida aparentemente exenta o alejada de escándalos así como su fino y educado trato vienen a complementar las razones que tuvo el presidente Peña Nieto para promoverlo y apoyarlo para ser el abanderado del tricolor rumbo a las reñidas y complicadas elecciones que se avizoran el año entrante.

Mucho se comenta que su principal cualidad sería no tener las cargas del tradicional candidato priista así como evadir, con su candidatura neutra, la baja calificación que arrastra la administración del presidente saliente y que fue determinante para dejar fuera de la contienda a otros aspirantes. Podría ser correcta esta interpretación.

Pero como dijera el tristemente afamado cacique de San Lui Potosí Gonzalo N. Santos, con relación al destape de José López Portillo en 1976: “Portillo puede ser el mejor hombre de México, pero no necesariamente el mejor hombre de la Revolución…”.

¿Qué futuro le depara al priismo si gana Meade las elecciones del año entrante?

Valdría la pena recordar que en el marco de un enorme desgaste y descredito acumulado para entonces, al PRI con Ernesto Zedillo le cambiaron 5 veces de presidente de su comité ejecutivo nacional y le impusieron de candidato a Labastida que perdió las elecciones el año 2000 ante Vicente Fox.

¿Se repetirá la historia o el PRI entenderá la lección y llevara a cabo una reforma de gran calado que le regrese su importancia y sentido de trascendencia que hoy por hoy parece que se le extinguió en el camino de la acrítica disciplina y el apetito de chambas, impunidad y prebendas?. Al tiempo.

Benjamín L. Gaxiola
Noviembre de 2017

Author

Benjamin Gaxiola Loya

Benjamin Gaxiola Loya (Hermosillo, Sonora, 16 de Marzo de 1970) es Profesor Universitario desde hace varios aÒos. De formacion Abogado e Historiador se ha desempeÒado ademas de la docencia y la abogacia, en el servicio publico y como asesor en el Poder Legislativo. En la administracion publica ha colaborado desde la Presidencia de la Republica y la Secretaria de Educacion Publica hasta la Secretaria del Ayuntamiento de Hermosillo recientemente, asi como en la Camara de Diputados del Congreso de la Union en la pasada legislatura y en la Camara de Diputados del estado de Sonora aÒos atras. Ha sido columnista en diferentes medios de comunicacion escritos de la localidad asi como analista en radio y television. De igual forma ha sido Secretario de la Sociedad Sonorense de Historia, A.C. asi como capacitador en tematicas educativas, politicas e historicas en distintas instituciones del sector publico y privado del estado.

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