La XXII asamblea nacional del PRI

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El PRI llevara a cabo este fin de semana su XXII Asamblea Nacional.

Lo hará bajo el marco de  pronósticos que le envían al tercer lugar en los comicios del 2018, a las puertas de su próxima definición de candidato presidencial y en la orilla de una posible insubordinación de sus cuadros más duros que exigen piso parejo y la nivelación de la hegemonía del titular del poder ejecutivo en el proceso de designación de las altas candidaturas del partido, iniciando con la presidencial, en este caso, y siguiendo con la de gobernadores, senadores y diputados federales dada su innegable importancia.

Llega el partido en el poder a esta Asamblea, con el ánimo dividido entre seguir las directrices que emanan y bajan de Los Pinos y que se inclinan por abrir al partido a ciudadanos con alto impacto en las encuestas, o apostarle a un proceso de deliberación y consenso para elegir al más representativo de sus militantes con la esperanza de refrendar la presidencia de la Republica y el resto del paquete de cargos de representación popular.

En este sentido, se equivocan los que creen que se trataría de una Asamblea de mero oficio para la historia del priismo.

En realidad se trata de una discusión por la viabilidad de flexibilizar requisitos y candados para que No Priistas puedan abanderarlo en diferentes candidaturas a futuro: proceso de liberalización que de tiempo atrás, se viene presentando y enquistando en el partido.

Valdría la pena recordar que no todas las Asambleas Nacionales del PRI han sido de la misma naturaleza.

La XIV con Luis Donaldo Colosio al frente del CEN del PRI EN 1990, fue de espectro amplio y acabo legando una serie de reformas de gran calado. Entre otras: la creación del llamado Consejo Político, una incipiente ciudadanización del partido que se reflejo en una mayor competitividad por las candidaturas y la afiliación voluntaria y nunca más corporativa como se acostumbraba antaño.

De igual forma, la XXVII Asamblea Nacional paso a la historia por haber sido donde se le condiciono al presidente Zedillo la facultad meta legal de imponer candidato, es decir, el afamado y muy mexicano “dedazo”.

Los llamados candados estatutarios le impidieron dejar candidato y posible sucesor y desde entonces y hasta la llegada de Peña Nieto a la Presidencia, no habían estado en discusión.

Sin embargo, fue la XXI Asamblea Nacional de 2013 la que en verdad vino a alterar el ADN del priismo tradicional.

Agotado el modelo de desarrollo neoliberal de primera generación, en la XXI se le dijeron adiós a muchos de los mitos fundacionales del PRI, visto como una extensión del sistema político surgido de la Revolución de 1910 y bajo aquellas premisas históricas de justicia social y a favor del nacionalismo revolucionario.

Reforma hacendaria, energética, laboral y educativa en materia de su programa de acción, así como militantes priistas como independientes, simpatizantes como candidatos priistas, eliminación de haber detentado un cargo de elección previo para aspirar a la presidencia o gubernaturas entre otras, explican por si mismas la profundidad de los cambios que el peñanietismo llevo a cabo.

Salvo que en la mesa temática de Visión de Futuro, se construyan propuestas que abonen a la necesaria nueva gobernabilidad que el país amerita, será en la mesa de Estatutos donde se jugara la suerte de esta XXII Asamblea Nacional.

Apertura no es igual a modernización. El PRI está urgido de ambas cosas.

Hasta el momento la apuesta del grupo que rodea al primer priista, Enrique Peña Nieto, estaría a favor de flexibilizar requisitos para poder ungir a alguno de sus delfines rumbo a la sucesión del año entrante. Sus opositores, exigen piso parejo para que una contienda interna decida quien es quien.

Veremos cómo concluye la XXII Asamblea para bosquejar que pasara con el PRI en las elecciones de 2018, mismas que garantizan una alta competitividad pero que esconden el fantasma de la desunión y la derrota si el priismo no logra ponerse de acuerdo y privilegiar el fondo de las cosas, más que un presente apetito de poder.

Benjamín L. Gaxiola

Agosto de 2017

 

Author

Benjamin Gaxiola Loya

Benjamin Gaxiola Loya (Hermosillo, Sonora, 16 de Marzo de 1970) es Profesor Universitario desde hace varios aÒos. De formacion Abogado e Historiador se ha desempeÒado ademas de la docencia y la abogacia, en el servicio publico y como asesor en el Poder Legislativo. En la administracion publica ha colaborado desde la Presidencia de la Republica y la Secretaria de Educacion Publica hasta la Secretaria del Ayuntamiento de Hermosillo recientemente, asi como en la Camara de Diputados del Congreso de la Union en la pasada legislatura y en la Camara de Diputados del estado de Sonora aÒos atras. Ha sido columnista en diferentes medios de comunicacion escritos de la localidad asi como analista en radio y television. De igual forma ha sido Secretario de la Sociedad Sonorense de Historia, A.C. asi como capacitador en tematicas educativas, politicas e historicas en distintas instituciones del sector publico y privado del estado.

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